Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Retablo mayor
- Relieves laterales
- Talla dorada
- Composición central
La historia del lugar
El templo franciscano surgió de unas casas entregadas a los hermanos para una iglesia y un monasterio en mil quinientos cincuenta y siete. Detrás del altar se extiende una alta pared de madera con nichos, esculturas y relieves, que casi oculta el espacio frontal durante la misa. La ampliaron a lo largo de las paredes del altar y más tarde sustituyeron su parte central por una nueva composición sobre la Eucaristía y la Inmaculada Concepción. Por eso la talla dorada de los bordes conserva una época, mientras que el centro más llamativo habla ya el lenguaje del siglo dieciocho.
En julio de mil seiscientos veintitrés, el franciscano Francisco de Indo, encargado de los asuntos económicos de la orden en Santafé de Bogotá —así se llamaba entonces Bogotá—, encargó para esta iglesia un enorme retablo tallado. Así se denomina la pared de madera con nichos, esculturas y relieves situada detrás del altar mayor. Es precisamente la que ocupa casi todo el espacio frontal durante la misa.
Los franciscanos se establecieron en este solar en mil quinientos cincuenta y siete. El arzobispo Juan de los Barrios les entregó las casas que se alzaban aquí para que los hermanos tuvieran una iglesia y un monasterio permanentes. La orden fue fundada por Francisco de Asís, por lo que el templo se le dedicó; más tarde también se tallaron para el retablo mayor episodios de su vida.
El encargo recayó en Ignacio García de Ascucha, uno de los tallistas y ensambladores de estructuras de madera más experimentados de la ciudad. Se comprometió a terminar la obra en dos años. Los franciscanos entregaban el dinero por partes; ya a las pocas semanas el maestro había recibido más de mil pesos. Respondía con todos sus bienes. Como garantía del contrato, Ascucha empeñó unas casas y a tres personas esclavizadas de su taller. Una de ellas, Juan Criollo, era también un ensamblador formado. Los documentos no permiten determinar qué partes talló cada trabajador, por lo que sería incorrecto atribuir toda la talla a Ascucha solamente.
Dos años no bastaron. Ascucha cedió el encargo a su compañero Luis Márquez, pero este murió, y el maestro tuvo que hacerse de nuevo cargo del retablo inacabado. En otoño de mil seiscientos veintiocho, cinco años después de firmar el contrato, Ascucha redactaba su testamento y comprendía que quizá él mismo no llegaría a tiempo. Ordenó a los franciscanos que, en ese caso, confiaran la obra a Antonio Rodríguez, su discípulo, que debía llevar la estructura hasta el final.
Medio año después, Ascucha murió. Lo enterraron en esta iglesia, y Rodríguez cumplió el encargo que había dejado: terminó la parte de madera, pero sin pinturas ni oro. Después se hizo cargo de ella Lorenzo Hernández de la Cámara, maestro dorador. En mil seiscientos treinta y tres estaba dorando los últimos relieves destinados a las partes laterales. La obra, prometida para dos años, duró casi diez y sobrevivió a dos maestros que la dirigieron.
Los franciscanos siguieron ampliando el retablo a lo largo de las paredes de la zona del altar. En mil setecientos ochenta y nueve sustituyeron su parte central por una nueva composición para destacar la Eucaristía y la Inmaculada Concepción. Por eso el fragmento central más llamativo pertenece ya al siglo dieciocho. La obra del taller de Ascucha quedó en los bordes: allí se conservan los relieves de la vida de Francisco, encargados para el templo de su orden.
Información práctica
El acceso al templo depende de los servicios; la vista exterior desde la Carrera 7 sigue siendo accesible como estrato urbano de la ruta.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Entre solo cuando el acceso esté abierto, hable en voz baja y no interrumpa el servicio; consulte allí mismo si es posible fotografiar.
