Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada del teatro de ópera
- Pórtico con columnas
- Inscripción latina dorada
La historia del lugar
El treinta de noviembre de mil novecientos treinta y cuatro, Erich Kleiber alzó aquí la batuta sobre una partitura que los funcionarios nazis ya no querían ver en un escenario de ópera. En la sala de entonces estaba la Staatskapelle Berlin, la orquesta permanente de este teatro. Kleiber, como director musical general, era responsable de las producciones y los conciertos: durante doce años, su principal lugar de trabajo fue la Ópera Estatal de Berlín en Unter den Linden.
El compositor vienés Alban Berg confiaba en él. En mil novecientos veinticinco, Kleiber consiguió aquí el estreno mundial de «Wozzeck», de Berg, una ópera compleja que los detractores de la producción calificaban de imposible de interpretar y demasiado cara. El éxito del espectáculo aportó a Berg fama internacional y derechos de autor. Por eso también esperaba entregar su siguiente ópera, «Lulu», a este escenario y a este director.
Tras la llegada de los nazis, los teatros alemanes dejaron de interpretar la música de Berg y los derechos de autor cesaron. El compositor vivía de adelantos de la editorial y de la venta de manuscritos de sus partituras. La producción de «Lulu» podía devolverle unos ingresos, pero los funcionarios la prohibieron. Entonces Berg escogió de la ópera, aún inacabada, cinco fragmentos para interpretarlos en concierto: una muestra de música que debía interesar a los teatros fuera de Alemania.
Ni siquiera autorizaron al principio este concierto. Ruth Kleiber, la esposa del director, que procuraba que se interpretara la música de Berg, se dirigió personalmente a Hermann Göring. Como ministro-presidente de Prusia, Göring controlaba los teatros estatales y podía dar luz verde al programa. Se logró obtener el permiso.
Kleiber dirigió aquí, en la Ópera Estatal, los fragmentos de «Lulu». Aquella noche arriesgaba su contrato permanente y su posición como jefe de una de las principales orquestas alemanas. Tras el concierto, la prensa nazi inició una campaña contra Berg y sus defensores. Cuatro días después, Kleiber presentó su dimisión. Terminó las funciones previstas ya en el contrato y, en enero de mil novecientos treinta y cinco, abandonó Alemania junto con Ruth y sus hijos. Tuvo que continuar su trabajo en el extranjero, entre otros lugares en el Teatro Colón de Buenos Aires.
Berg no llegó a ver la producción berlinesa. En diciembre de ese mismo año murió, dejando el tercer acto de «Lulu» sin orquestar por completo. Los dos primeros actos se representaron en Zúrich en mil novecientos treinta y siete, ya después de la muerte del compositor.
Tras la guerra, Kleiber regresó finalmente a la Ópera Estatal. El edificio de Unter den Linden yacía en ruinas, y la compañía actuaba en otro teatro. Kleiber abogó por reconstruir la antigua sede, participó en el debate sobre el proyecto y, en mil novecientos cincuenta y tres, volvió a aceptar el cargo de director musical general. Quería regresar al podio en la misma institución que había dejado tras el concierto de «Lulu».
Sobre las columnas del edificio original de la ópera figuraba una dedicatoria en latín: «El rey Federico, a Apolo y a las musas». Friedrich II el Grande encargó este teatro en el siglo dieciocho e hizo de él el primer edificio del conjunto urbano que había concebido. Durante la reconstrucción de posguerra, primero doraron la inscripción y, en la primavera de mil novecientos cincuenta y cinco, ordenaron retirarla y sustituirla por las palabras «Ópera Estatal Alemana».
El dieciséis de marzo, Kleiber escribió al director del teatro, Max Burghardt, una carta de dimisión. En ella recordó mil novecientos treinta y cuatro y explicó que la orden de retirar las letras en dos horas demostraba que pronto también darían instrucciones a los músicos. Faltaban menos de seis meses para la inauguración.
El cuatro de septiembre, el teatro reconstruido abrió con «Los maestros cantores de Núremberg». Dirigió Franz Konwitschny. Kleiber nunca actuó en la nueva sala y murió en enero del año siguiente. La dedicatoria latina volvió al pórtico a mediados de los años ochenta. Ahora, sobre la entrada, vuelven a estar aquellas mismas palabras doradas cuya retirada hizo que Kleiber abandonara por segunda vez la Ópera Estatal de Berlín.
Información práctica
La fachada es accesible las veinticuatro horas; las visitas al teatro y a la zona escénica se realizan según el horario de la Staatsoper y requieren una entrada aparte.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La historia de la parada se lee desde el exterior. Planifique por separado el espectáculo, la visita guiada o la visita a los espacios interiores; deje libre el paso para el público junto a las entradas.
