Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Cubierta de vidrio
- Pasaje de lado a lado
- Filas de tiendas independientes
- Arcos de entrada de ladrillo
La historia del lugar
El mercado cubierto se concibió como parte de una red berlinesa que debía reunir el comercio de las calles abiertas bajo una cubierta de vidrio, donde los alimentos fueran más fáciles de almacenar e inspeccionar. Este edificio se levantó dentro de una manzana residencial densa, dejando accesos a dos calles distintas: los carros cargados entraban por un lado y salían por el otro, sin dar la vuelta en el patio. Por eso, bajo la cubierta luminosa sigue extendiéndose una amplia calle interior, y a ambos lados se alzan decenas de tiendas independientes. Desde el principio, el espacio se dividió en pequeños lugares para muchos vendedores, no para una sola tienda común.
En enero de dos mil diez se prohibieron las protestas dentro de esta galería de mercado. Entonces, unos doscientos vecinos vinieron aquí a tomar café. Sentados a las mesas, hablaban de la venta prevista del edificio y terminaban de escribir postales al alcalde de Berlín. Tomar café resultó ser perfectamente legal, aunque todos entendían por qué se había reunido la gente.
Lo que se planeaba vender era precisamente el mercado número nueve: así se traduce el nombre «Markthalle Neun». En mil ochocientos ochenta y uno, los concejales de Berlín proyectaron catorce mercados cubiertos: querían sustituir los puestos callejeros por locales donde los alimentos pudieran almacenarse, inspeccionarse y venderse cada día. El noveno mercado abrió en mil ochocientos noventa y uno, en un barrio densamente poblado. La parcela, dentro de una manzana residencial, era relativamente barata y daba a Eisenbahnstraße y Pücklerstraße, de modo que los carros de caballos cargados podían entrar por un lado y salir por el otro. Bajo la cubierta de vidrio instalaron trescientos puestos, con cuatro metros cuadrados asignados a cada uno.
A comienzos de los años dos mil, la mayoría de los puestos quedaron vacíos. La cooperativa de comerciantes cerró y los directivos de la empresa municipal propietaria decidieron vender el edificio. Uno de los aspirantes planeaba ceder la mayor parte del espacio a un supermercado de cadena. Debía desaparecer la propia división en numerosos vendedores independientes, para la que en su día se había construido el mercado.
Christoph Albrecht, que vivía cerca y reunía a los vecinos para defender los espacios públicos locales, quería obligar al vendedor a tener en cuenta el uso previsto del edificio. Nikolaus Driessen, otro vecino, propuso devolver el lugar a pequeños comerciantes y productores de alimentos. Juntos crearon la iniciativa «Mercado y cultura en Eisenbahnstraße». Sus veinte participantes habituales se reunían aquí cada sábado junto al mostrador de café y preparaban la siguiente acción.
La televisión emitió un reportaje de tres minutos sobre aquel mismo café. La directora de Construcción de Berlín, Regula Lüscher, declaró públicamente que, para un edificio así, el comprador debía elegirse por su programa de uso y no por la suma más alta. Ya en febrero de dos mil diez, la ciudad anuló el acuerdo preparado. El precio quedó fijado en un millón ciento cincuenta mil euros, y se exigió a los aspirantes conservar el pequeño comercio e incorporar actividades culturales y sociales. Era la primera vez que Berlín vendía un inmueble municipal en tales condiciones.
Los vecinos no se limitaron a las promesas. En una cuarta parte liberada del mercado organizaron veinticinco exposiciones, espectáculos y lecturas; en un año acudieron aquí más de diez mil personas. Así, los participantes de la iniciativa demostraron que la parte vacía podía llenarse sin un único gran arrendatario.
De las diecisiete solicitudes, dos llegaron a la final. Una la presentaron Driessen, Florian Niedermeier y Bernd Maier. Niedermeier y Maier vivían del comercio de alimentos: tenían una pequeña tienda de quesos alpinos, embutidos y otros productos, y ya trabajaban con panaderos y explotaciones agrícolas. Ahora necesitaban encontrar dinero para toda una galería y convencer a los productores de que la ocuparan poco a poco. Su rival, un experimentado organizador de eventos multitudinarios, proponía reformar rápidamente y relanzar de una vez todo el espacio.
En marzo de dos mil once, ambos equipos presentaron sus proyectos a más de trescientos vecinos, justo en este mercado. La mayoría eligió el plan gradual de Driessen, Niedermeier y Maier. La ciudad tuvo en cuenta la votación y les entregó el edificio. El primero de octubre, el mercado volvió a abrir. Los tres nuevos propietarios lo gestionaron hasta dos mil veinticinco y después cedieron la dirección a Olga Graf, que llevaba mucho tiempo trabajando con su equipo.
Aquí sí hay una gran tienda de cadena: ahora es una droguería que ocupa parte de la galería. Junto a ella trabajan pescaderías y carnicerías independientes, panaderías con paredes de vidrio y pequeñas cocinas; en el sótano se elabora cerveza. Los jueves aparecen puestos temporales de comida callejera, y los viernes y sábados se celebra un gran mercado de alimentos. Entre ellos queda un amplio pasaje que atraviesa el edificio, concebido en su día para los carros de caballos, y numerosos puestos comerciales: precisamente la distribución por la que los vecinos vinieron aquí a tomar café.
Información práctica
Puertas del mercado: lun–mié 08:00–20:00, jue 08:00–22:00, vie–sáb 08:00–20:00; mercados y eventos, según el calendario actual; Street Food Thursday suele ser jue 17:00–22:00.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La entrada al interior depende del funcionamiento actual del mercado y de los eventos, así que compruébelos por separado. No es necesario comprar nada: la parada trata de la disposición del mercado y de las personas que lo conservaron.
