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Port Vell y Rambla de Mar

Port Vell i Rambla de Mar

Aquí se entenderá la primera tarea del nuevo frente marítimo: devolver a los habitantes de la ciudad el acceso al agua sin encerrar las embarcaciones en la dársena.

20 min
Port Vell y Rambla de Mar
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En qué fijarse

  • Pavimento de madera curvado
  • Escalones hacia el agua
  • Secciones giratorias de la pasarela
  • Barandillas de vidrio

La historia del lugar

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Para mil novecientos ochenta, el trabajo de carga se había desplazado a la parte sur del puerto, y los edificios construidos en esta orilla a comienzos de siglo permanecían vacíos. La orilla seguía siendo una zona de trabajo cerrada, aunque el Moll de Bosch i Alsina, libre de almacenes, ya era accesible al público. El recorrido peatonal de Rambla de Mar pasa sobre las aguas de Port Vell. Su pavimento de madera se curva, se convierte por momentos en una plataforma de casi treinta metros y llega al agua mediante escalones tras barandillas de vidrio.

A principios de los años noventa se encargó a los arquitectos barceloneses Albert Viaplana y Helio Piñón llevar a los peatones desde el final de La Rambla hasta el Moll d'Espanya y, al mismo tiempo, conservar la salida de la marina para trescientas embarcaciones. Una pasarela fija habría encerrado los veleros junto a los muelles. Los arquitectos tenían que tender una calle urbana directamente a través de una ruta marítima en servicio.

Este encargo surgió tras una larga transformación de toda la dársena. Port Vell significa «Puerto Viejo»: es la parte más antigua del puerto de Barcelona. Para mil novecientos ochenta, casi todas las instalaciones de carga construidas aquí a comienzos de siglo ya estaban sin uso. Las principales operaciones portuarias se trasladaron más al sur, pero la orilla seguía siendo una zona de servicio. Durante más de setenta años, los habitantes de la ciudad no pudieron acceder al agua.

En mil novecientos ochenta y uno, el consejo de administración del entonces Puerto Autónomo abrió al público el Moll de Bosch i Alsina, libre de almacenes, hoy Moll de la Fusta. Ya al año siguiente, el puerto y el ayuntamiento encargaron al arquitecto Manuel de Solà-Morales un paseo marítimo permanente. Después de que Barcelona obtuviera los Juegos Olímpicos, los responsables del puerto y de la ciudad continuaron transformando la antigua dársena. Según el plan de mil novecientos ochenta y nueve, en el Moll d'Espanya debían instalarse un acuario, un cine, tiendas y restaurantes. Entre ellos y el final de La Rambla quedaba el agua.

Viaplana concibió una amplia plataforma de madera que él mismo comparaba con una playa. Quería que la gente se detuviera aquí, por eso el pavimento se curva, se ensancha en algunos puntos hasta treinta metros, baja hacia el agua mediante escalones y ocupa unos seis mil metros cuadrados. El puerto invirtió quinientos millones de pesetas en la construcción. El día de la inauguración, los periodistas ya enumeraban los riesgos profesionales del arquitecto: escalones apenas perceptibles, huecos entre las tablas, barandillas de vidrio y el enorme coste de un paso que podría haberse hecho mucho más estrecho. Viaplana respondía que la arquitectura necesita personas en movimiento.

A los navegantes se les dejaron dos salidas. Las embarcaciones pequeñas podían pasar por un vano de quince metros y, para los veleros con mástiles, una parte del pavimento giraba. Más cerca de la plaza Portal de la Pau se retiraba otra sección, liberando un paso amplio para los grandes yates. Fue necesario cortar la Rambla peatonal en dos lugares, porque los propietarios de las trescientas embarcaciones amarradas aquí conservaron el acceso al mar.

El veinticuatro de septiembre de mil novecientos noventa y cuatro inauguraron la pasarela el alcalde Pasqual Maragall y el ministro de Obras Públicas Josep Borrell. El complejo del muelle aún estaba en construcción, pero el camino de madera ya prolongaba La Rambla de la ciudad sobre las aguas del puerto. De ahí el nombre: Rambla de Mar, la Rambla del mar.

La sección giratoria sigue funcionando hoy. Cuando se aparta hacia un lado, los peatones se detienen ante los extremos separados del pavimento, un velero pasa hacia los muelles de Port Vell y, después, la calle de madera vuelve a unir el final de La Rambla con el Moll d'Espanya.

Información práctica

Tiempo en la parada20 min
Siguiente puntoLa Barceloneta y la Torre del Rellotge
Entradadesde fuera

Paseo marítimo público; Rambla de Mar se abre regularmente para el paso de embarcaciones, por lo que el acceso puede interrumpirse brevemente.

Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

No se apresure a cruzar el pavimento: su sentido se percibe mejor junto al borde del agua. Si el paso se abre ante un yate, espere a que termine la maniobra y no se acerque a la sección móvil.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Cruce la antigua dársena y manténgase junto al agua hasta que aparezca delante la Torre del Rellotge.

Parada 1 de 7Después: La Barceloneta y la Torre del Rellotge

Ruta terminada

Paseo completado

«La costa de Barcelona: el puerto viejo y los barrios olímpicos» — 7 paradas, 4,6 km, 3–4 horas.

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