Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Cuatro columnas romanas
- Capiteles de las columnas
- Cubierta de vidrio del patio
- Cerramientos metálicos
La historia del lugar
En mil novecientos dos, el editor Ramon de Montaner compró una casa medieval en la calle del Paradís junto con tres columnas romanas. Entonces no se alzaban en un patio abierto: los forjados entre plantas las dividían en altura, y las habitaciones rodeaban los fustes y los capiteles. Montaner pensaba desmontar las columnas y trasladarlas a su residencia de campo, el Castillo de Santa Florentina.
Los constructores romanos las colocaron aquí a finales del siglo primero antes de Cristo. En la cima del monte Táber se encontraba el foro de Barcino, la Barcelona romana, y sobre la plaza se elevaba, en un podio de tres metros, un templo. Estaba dedicado a Augusto, el primer emperador romano, bajo cuyo gobierno se fundó la colonia, y a los emperadores divinizados después de él. Los sacerdotes de la ciudad celebraban ante el templo ritos del culto imperial: los fieles no se reunían en el interior. Las columnas de nueve metros, en el punto más alto de la ciudad, eran visibles incluso desde detrás de las murallas.
Las tres sobrevivieron precisamente porque constructores posteriores las incorporaron a una vivienda. En mil ochocientos setenta y ocho, el futuro Centre Excursionista de Catalunya, un joven club de excursionistas e investigadores, alquiló la planta a la altura de los capiteles. Los miembros del club instalaron junto a las piedras romanas una biblioteca, un pequeño museo y una sala con solo cuatro filas de sillas de mimbre. El local pronto se les quedó pequeño, pero la asociación no tenía dinero para una sede más espaciosa. Irse significaba abandonar las columnas por las que había elegido esa dirección en su día.
El agente de bolsa Cèsar August Torras, entonces presidente del club, defendía que las columnas permanecieran en su lugar original. Encabezó a los opositores al traslado. De su lado intervino el arquitecto Lluís Domènech i Montaner, miembro del club y sobrino del nuevo propietario. Torras, Domènech y sus compañeros convencieron al editor para que renunciara al proyecto.
Ramon de Montaner no se limitó a aceptarlo: pagó la reforma de la casa y se la encargó a su sobrino. Domènech desmontó las habitaciones alrededor de las columnas, abrió un patio interior bajo una cubierta de vidrio y sustituyó los pesados cerramientos de piedra por otros metálicos, para que los fustes se vieran desde las salas contiguas. Compensó los espacios perdidos con dos plantas nuevas. En mil novecientos cinco, el club obtuvo una sala con más de treinta filas de sillas y conservó su sede; todavía se encuentra aquí.
La cuarta columna tuvo otro destino. A mediados del siglo diecinueve, la ensamblaron con fragmentos encontrados durante la demolición de casas vecinas y la instalaron en la plaza del Rei. Domènech dejó sitio para ella, pero las piedras solo pudieron devolverse en mil novecientos cincuenta y seis. Por eso tres columnas están donde las colocaron los romanos, la cuarta está compuesta de fragmentos encontrados, y el propio patio a su alrededor fue creado por el arquitecto en mil novecientos cinco. El templo romano no tenía un espacio de este tipo.
Información práctica
Lun 10:00–14:00, mar–sáb 10:00–19:00, dom 10:00–20:00; entrada libre.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La escala de las columnas solo se percibe dentro del patio. El espacio es pequeño: no obstaculice el paso y hable en voz baja.
