Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Arco sobre la calle
- Corredor cerrado
- Torrecilla de reloj
La historia del lugar
En el verano de mil seiscientos noventa y tres, Ana de la Natividad, abadesa, es decir, superiora del Convento de Santa Catalina, envió una petición al ayuntamiento. Buscaba obtener permiso para tender sobre la calle un pasadizo cerrado. Al otro lado, el convento planeaba instalar una escuela para las novicias, pero Ana no podía llevar allí a las mujeres atravesando la ciudad.
El convento nació de una comunidad de cuatro monjas que llegaron aquí en mil seiscientos nueve. Apenas dos décadas después, vivían en el convento cincuenta y dos monjas y aproximadamente el mismo número de novicias. Las familias de las alumnas asumían el pago de la comida, el año de noviciado y la dote conventual: ese dinero constituía parte del sustento del convento, y cada nueva joven necesitaba una celda y un lugar en la mesa.
Las monjas vivían en clausura, un estricto encierro. Tenían prohibido salir a la calle y relacionarse con personas ajenas al convento. Unos pocos pasos entre los dos edificios conventuales suponían infringir la regla en torno a la cual se organizaba toda su vida.
Al principio, la comunidad quiso cerrar la calle. El ayuntamiento se negó: la vía iba de la Iglesia de La Merced al Parque Central y debía permanecer abierta. Entonces Ana de la Natividad propuso elevar el camino conventual por encima del de la ciudad. El veintiuno de agosto, el ayuntamiento autorizó la construcción con una condición precisa: los apoyos debían colocarse dentro de las propiedades del convento, sin ocupar la calzada.
Las obras comenzaron en diciembre y, en junio de mil seiscientos noventa y cuatro, las monjas terminaron el pasadizo cubierto. Se desplazaban sobre la calle sin ser vistas; los habitantes de la ciudad pasaban bajo ellas por la misma vía de antes. Tres años después, el convento contaba ya con ciento diez monjas.
Santa Catalina es el nombre español de santa Catalina de Alejandría, a quien la tradición cristiana venera como virgen y mártir. El convento fue dedicado a ella, y el arco recibió su nombre del convento cuyas dos partes unía.
Tras los terremotos de mil setecientos setenta y tres, la comunidad abandonó el convento dañado y el pasadizo quedó vacío. La torrecilla con reloj apareció mucho más tarde. De la decisión de Ana de la Natividad se conserva un corredor cerrado de unos tres metros de ancho, con pasadizos inclinados hacia los antiguos segundos pisos. La calle que el ayuntamiento se negó a ceder al convento sigue pasando bajo el camino de las monjas.
Información práctica
El paso por la calle está disponible permanentemente; las dependencias interiores del antiguo convento no forman parte del recorrido.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El pasadizo interior está conectado con dependencias privadas; no intente entrar sin un permiso independiente.
