Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Las ventanas de la sala de oración
- Los candelabros de cobre
- Las velas
- El arca con los rollos de la Torá
La historia del lugar
La luz de esta alta sala sigue procediendo de velas en pesados candelabros: aquí no hay iluminación eléctrica. La levantó en mil seiscientos setenta y cinco la comunidad sefardí, para la que las antiguas casas de oración ya se habían quedado pequeñas. Las familias cuyos antepasados sobrevivieron a las expulsiones y los bautismos forzosos en España y Portugal pudieron volver a practicar abiertamente el judaísmo en Ámsterdam. A lo largo de las paredes discurren galerías, y setenta y dos ventanas llenan la sala de luz diurna.
En mil novecientos cuarenta y dos, Leo Palache, de dieciséis años, se encontró aquí con Ferdinand aus der Fünten, jefe de la Oficina Central para la Emigración Judía. El inocuo nombre encubría una institución que organizaba deportaciones. Aus der Fünten buscaba una sala a la que pudieran llevar y encerrar a cientos de judíos de Ámsterdam antes de enviarlos a los campos. La enorme Sinagoga Portuguesa se alzaba en medio del barrio judío, cerca pasaban tranvías y el edificio parecía adecuado.
La llamaron Portuguesa por la comunidad que levantó este complejo en mil seiscientos setenta y cinco. Eran sefardíes, descendientes de los judíos de España y Portugal. Muchos de sus antepasados, tras las expulsiones y los bautismos forzosos, vivieron como cristianos; en Ámsterdam las familias tuvieron la posibilidad de volver abiertamente al judaísmo. Aquí también llamaban portugueses a quienes tenían familiares que antaño huyeron de España a Portugal. Cuando las antiguas casas de oración quedaron pequeñas, los dirigentes de la comunidad obtuvieron el permiso de cuatro burgomaestres y construyeron una gran sala de oración con setenta y dos ventanas.
Leo era hijo del profesor de lenguas semíticas y dirigente de esta comunidad, Jehuda Lion Palache. Desde el comienzo de la ocupación formó parte de la guardia voluntaria de bomberos: no menos de cuarenta hombres judíos hacían guardia en el complejo, por temor a ataques aéreos e incendios provocados. Según un relato conservado por la familia, durante la inspección Leo explicó a aus der Fünten que la sinagoga no tenía electricidad y que las enormes ventanas no podían cerrarse rápidamente para el apagón obligatorio. Resultaba difícil convertir esta sala en un punto de reunión vigilado. Los alemanes desistieron de la sinagoga y eligieron el Hollandsche Schouwburg, casi sin ventanas.
Las guardias continuaron. Cuando privaron a la comunidad del acceso al edificio, los bomberos escondieron los objetos ceremoniales y una copia de la lista de miembros de la congregación en el hueco entre la bóveda de la sala de oración y el desván. El dos de febrero de mil novecientos cuarenta y cuatro arrestaron a los últimos vigilantes judíos. Leo pasó por los campos de Westerbork y Buchenwald y vivió hasta la liberación; a sus familiares los enviaron a Auschwitz y los asesinaron.
Después de los arrestos, los bomberos municipales no judíos asumieron la vigilancia. Permanecieron aquí también durante el invierno del hambre, cuando de las casas vacías y de otras sinagogas arrancaban escaleras, puertas y bancos de madera para usarlos como combustible. En esta sala se conservaron las galerías, el mobiliario, los candelabros de cobre y los rollos de la Torá en el arca.
El nueve de mayo de mil novecientos cuarenta y cinco llegaron aquí cientos de judíos que habían sobrevivido a la ocupación. En el primer gran servicio público tras la liberación, sacaron los rollos salvados del arca hasta la plataforma donde se lee la Torá. Leo Palache regresó más tarde a la comunidad, participó en su dirección y recaudó fondos para reparar la sinagoga.
Todavía se celebran servicios religiosos en ella. Sigue sin haber iluminación eléctrica: en los candelabros se encienden unas mil velas. Las setenta y dos ventanas con las que el bombero de dieciséis años explicó que la sala no servía como punto de deportación permanecen en su sitio.
Información práctica
Normalmente abre de domingo a viernes desde las 11:00; cierra los sábados. La hora de cierre cambia según la temporada, y las festividades y los servicios religiosos pueden reducir el acceso.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Los detalles principales están en el interior, por lo que para una parada completa hace falta una visita aparte. Las velas no arden de forma continua, y la ausencia de calefacción se nota de verdad en la época fría; elija la ropa en consecuencia y respete las normas de un espacio religioso en uso.
