Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Torre del Reloj
- Reloj de la torre
- Tumba simbólica junto a la Puerta Grodzka
La historia del lugar
El cinco de septiembre de mil novecientos treinta y nueve, los empleados de la cancillería presidencial abandonaron el Castillo Real de Varsovia. El conservador de las colecciones del castillo, Kazimierz Brokl, se quedó allí con su esposa y sus dos hijas. Solo perseguía un objetivo: ocultar o evacuar todo lo que aún pudiera salvarse.
Brokl se preparaba para la guerra desde la primavera. Elaboró un plan para evacuar las colecciones, acondicionó las dependencias subterráneas de la Biblioteca Real como refugios y eligió un almacén en la antigua Torre Grodzka. Estos preparativos se referían precisamente al castillo, porque allí se encontraban a la vez las colecciones museísticas y la residencia del presidente de Polonia. El nombre «Real» se conservó por su antigua función: aquí vivían los monarcas polacos, celebraban sesiones el Sejm y el Senado, y se tomaban decisiones de Estado. El mando alemán eligió el edificio como uno de sus objetivos por ser un símbolo reconocible del Estado polaco.
En la mañana del diecisiete de septiembre, el bombardeo de artillería y los ataques aéreos provocaron un incendio. Ardieron la Torre del Reloj, la vecina Torre Władysław, el tejado sobre la Sala del Senado y el ala del lado del Vístula. Las manecillas del reloj de la torre se detuvieron a las once horas y quince minutos.
Los bomberos, la guardia municipal y los habitantes del Casco Antiguo apagaban el fuego. Brokl dirigía la evacuación de las colecciones. En las escaleras junto a la Puerta Grodzka, bajaba otra pieza valiosa cuando lo alcanzó un fragmento de un proyectil de artillería. El conservador murió en el acto. Su cuerpo fue colocado primero sobre el césped junto a la puerta; ahora se encuentra allí su tumba simbólica, mientras que el propio Brokl está enterrado en el Cementerio Militar de Powązki.
Al mismo tiempo, personal de museos y restauradores, bajo la dirección del director del Museo Nacional de Varsovia, Stanisław Lorentz, sacaban pinturas, muebles y elementos de la decoración de las salas. Retiraban paneles, estucos y otros detalles arquitectónicos porque ya conocían la intención de los ocupantes de destruir el edificio. Los objetos rescatados se ocultaron en distintos lugares de Varsovia. La mayor parte sobrevivió a la guerra.
En septiembre de mil novecientos cuarenta y cuatro, zapadores alemanes volaron las paredes del castillo. Después de la guerra, el entonces gobierno polaco aplazó la reconstrucción durante veinticinco años. Durante todo ese tiempo, Lorentz reunió partidarios y convenció a los funcionarios para devolver el castillo. La autorización se concedió en enero de mil novecientos setenta y uno. Los arquitectos restauraron la disposición anterior e instalaron los detalles supervivientes en sus antiguos lugares. Casi todos los gastos fueron cubiertos por donaciones de los habitantes de Polonia y de las comunidades polacas en el extranjero. En mil novecientos ochenta y cuatro, las salas abrieron como museo.
También hubo que fabricar de nuevo el reloj de la torre. Relojeros de Varsovia hicieron gratis un mecanismo nuevo. El diecinueve de julio de mil novecientos setenta y cuatro, cuando instalaron la cúpula de la Torre del Reloj sobre las paredes reconstruidas, los maestros pusieron en marcha el reloj exactamente a las once horas y quince minutos, desde la posición en la que se habían detenido las antiguas manecillas el día de la muerte de Kazimierz Brokl.
Información práctica
Espacio urbano abierto; elija un punto de observación que no obstaculice el flujo de peatones.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Los interiores históricos solo pueden visitarse mediante una visita al museo por separado, que es mejor planificar independientemente del paseo. Sin entrar, la parada conserva su sentido gracias a la fachada y a la relación del edificio con la plaza.
