Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El arco de las puertas de la ciudad
- Las ventanas de la capilla sobre el paso
- La imagen de María
- Los exvotos de plata
La historia del lugar
Sobre el paso de la Puerta de la Aurora se encuentra una capilla cuyas ventanas dan directamente a la calle. La parte inferior del edificio eran las puertas de la ciudad: por ellas pasaba el camino a Medininkai, y por eso, en mil quinientos catorce, las puertas recibían el nombre de Medininkai. El nombre «Agudas» se documentó por primera vez en mil quinientos noventa y cuatro. Su origen exacto se ha olvidado: quizá esté relacionado con el camino a Ašmiany o con el arrabal de Ostry Koniec. El nombre lituano se traduce como «Puerta de la Aurora» y apareció más tarde; se lo relaciona con la imagen de María, Estrella de la Mañana.
A comienzos del siglo diecisiete, en la hornacina sobre el paso colgaban dos imágenes de la ciudad. María miraba hacia la ciudad y Cristo, hacia el camino situado al otro lado de la muralla. La imagen de María se cubría con postigos para protegerla de la intemperie. Aún no tenía ni capilla ni revestimiento de plata.
El predicador carmelita Carlos del Espíritu Santo quería establecer aquí servicios religiosos permanentes. Los carmelitas vivían junto a la vecina Iglesia de Santa Teresa, pero las puertas y ambas imágenes pertenecían al magistrado de la ciudad. Primero hubo que obtener el consentimiento de los propietarios. En mil seiscientos sesenta y ocho, el magistrado confió a los monjes el cuidado de la imagen y, tres años después, Carlos del Espíritu Santo consiguió que se construyera una capilla de madera. Durante las obras, llevaron la imagen a la iglesia. Cuando la devolvieron, los más altos dignatarios del Gran Ducado de Lituania la transportaron y después la izaron con cuerdas sobre el paso. A partir de entonces, los carmelitas cantaban aquí diariamente las letanías.
A la capilla se entraba por el lado del jardín del monasterio. No se permitía entrar a los laicos, especialmente a las mujeres. Las ventanas sobre las puertas resolvieron el problema: el sacerdote celebraba arriba y los habitantes de la ciudad rezaban en la calle. Así, el camino de paso se convirtió en parte del santuario.
En la primavera de mil setecientos dos, esta apertura convirtió la Puerta de la Aurora en un punto peligroso. El ejército sueco ocupó Vilna durante la Gran Guerra del Norte y prohibió venerar públicamente la imagen y reunirse ante las puertas. El gran escribano lituano Ludwik Konstanty Pociej, comandante de campaña de los partidarios del rey Augusto II, decidió recuperar la capital. Contaba con reunir a cuatro mil guerreros. Acudieron unos dos mil: los caballos estaban exhaustos, faltaba forraje y el propio Pociej pedía dinero al rey para que el destacamento no se dispersara por completo.
El dieciséis de abril, en Pascua, los hombres de Pociej atacaron Vilna desde tres lados. Antoni Nowosielski, comandante del destacamento de vanguardia, condujo una columna a través de la Puerta de la Aurora. Sus hombres derribaron a la guardia sueca y entraron en la ciudad. Pero otro destacamento no logró tomar el puente de piedra sobre el Neris. Las principales fuerzas suecas cruzaron el río desde el campamento de Šnipiškės y contraatacaron. Los atacantes se retiraron, abandonando dos cañones ligeros. Los suecos conservaron Vilna durante aproximadamente un mes más, exigieron a los habitantes y a los monasterios una enorme contribución y ahorcaron a unos diez habitantes de las clases humildes por ayudar a los participantes en el ataque.
La tradición eclesiástica conservó otro desenlace. Según ella, las hojas de hierro de las puertas cayeron la víspera de la batalla y aplastaron a soldados suecos, mientras María protegió al destacamento de Nowosielski. Es precisamente una tradición: las cartas militares informan de la irrupción por las puertas, la retirada posterior y las represalias suecas. La historia del santuario añade otro detalle: durante la batalla, una bala atravesó la imagen. A Nowosielski se le atribuye una ofrenda votiva de plata en agradecimiento por haber regresado con vida.
La capilla de madera se incendió más tarde, y los carmelitas la sustituyeron por una de piedra. En ella sigue encontrándose aquella misma imagen, y alrededor del altar y en el tesoro se guardan miles de exvotos: tablillas de plata, joyas y regalos conmemorativos. Durante los grandes servicios religiosos, la gente vuelve a situarse abajo, en la calle, donde en mil setecientos dos se le prohibió reunirse.
Información práctica
La capilla abre todos los días 7:00–19:00.
Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Comience la visita desde el exterior, sin detenerse en el paso. En la capilla, ceda el sitio a quienes rezan, guarde silencio y posponga la entrada si se está celebrando un servicio religioso.
