Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El portal de madera tallada de la Sinagoga Española
- Grandes ventanas con vidrios de colores
- Fachada de la Sinagoga Levantina
- La pequeña plaza entre las sinagogas
La historia del lugar
La pequeña plaza está encajada entre casas residenciales, y a ambos lados se alzan dos casas comunitarias, casi disueltas en la edificación veneciana corriente. Con la palabra scola, los judíos locales designaban tanto a la comunidad como al lugar de oración; por eso el nombre de la plaza conserva a la vez dos comunidades de este tipo: las de los mercaderes orientales y occidentales. Ghetto Vecchio recuerda una capa aún más temprana: un antiguo recinto de fundición; el propio nombre ghetto también se relaciona con la palabra veneciana para la fundición del metal. Los hornos desaparecieron, dejando lugar a las casas, pero el estrecho espacio entre las sinagogas quedó como huella de quienes rezaban aquí.
El portal de madera tallada bajo las grandes ventanas con vidrios de colores pertenece a la Sinagoga Española. Fue fundada por personas que antes habían tenido que luchar por el derecho a llamarse abiertamente judíos.
En junio de mil quinientos setenta y nueve, Daniel Rodriga, un mercader judío portugués, propuso al Senado veneciano traer a la ciudad cincuenta familias de mercaderes. Cada una estaba dispuesta a pagar cien ducados. El propio Rodriga se dedicaba al transporte de larga distancia y organizaba una ruta comercial a través de Spalato, como se llamaba entonces a la actual Split. Esperaba canalizar por Venecia mercancías del Imperio otomano y de los Balcanes, y a cambio quería obtener para los mercaderes y sus familias el derecho a establecerse aquí.
Rodriga representaba a dos grupos. Se llamaba levantinos a los judíos del Imperio otomano, que controlaban una parte importante del comercio oriental. Y ponentinos, es decir occidentales, a los procedentes de España y Portugal. Entre ellos había personas cuyas familias, tras las expulsiones y los bautismos forzosos, vivían como cristianas, aunque conservaban el judaísmo. Los funcionarios venecianos temían la reacción de España y Roma: autorizar a aquellos recién llegados a volver a una vida judía abierta equivalía a reconocer precisamente aquello por lo que se les perseguía en otros lugares.
El Senado rechazó dos peticiones de Rodriga. La tercera vez lo apoyaron los Cinco Sabios de la Mercancía, funcionarios de la ciudad responsables de los mercaderes, los puertos y los aranceles. Calcularon que los recién llegados devolverían al puerto de Venecia las mercancías que pasaban de largo. El veintisiete de julio de mil quinientos ochenta y nueve, los senadores aprobaron una carta por diez años. Los mercaderes levantinos y ponentinos, es decir occidentales, obtuvieron el derecho a vivir aquí con sus familias, dedicarse de inmediato al comercio ultramarino y pagar aranceles en condiciones cercanas a las de los mercaderes venecianos. Dentro de la república, se prohibía a los funcionarios perseguirlos por profesar el judaísmo.
Nueve años después, Rodriga consiguió una prórroga de la carta. Murió en mil seiscientos tres, y los privilegios de los mercaderes judíos que había consolidado se mantuvieron hasta la caída de la República de Venecia en mil setecientos noventa y siete. Los ponentinos se establecieron en las casas de alrededor y rezaban en la Sinagoga Española, la mayor del gueto veneciano. Aquí conservaron durante mucho tiempo el rito sefardí, la lengua española y sus propios libros de oraciones.
Con la palabra «scola», los judíos venecianos designaban tanto a la comunidad religiosa como a su sinagoga. Frente a la scola española se alza la levantina, que pertenecía a los mercaderes orientales. Estas dos casas comunitarias dieron a la pequeña plaza el nombre plural de Campiello delle Scuole.
El nombre Ghetto Vecchio es anterior al barrio judío. «Vecchio» se refería a un antiguo recinto de fundición, y la palabra «ghetto» se relaciona con la denominación veneciana de la fundición del metal. Esta zona pasó a ser un lugar judío en mil quinientos cuarenta y uno, cuando los levantinos fueron instalados aquí; los ponentinos llegaron más tarde. No queda nada de los antiguos hornos de fundición. Su lugar lo ocuparon casas, y entre las dos sinagogas se conserva la plaza, llamada así por las comunidades de mercaderes orientales y occidentales.
Información práctica
Espacio urbano abierto. Las sinagogas y las salas de estudio solo son accesibles conforme a las normas de las visitas oficiales y de la comunidad.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No confunda la apariencia discreta del exterior con el acceso libre: los interiores forman parte de un programa de visita independiente.
