Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Dos alas de madera simétricas
- La franja central de piedra de la fachada
- Sótano alto
La historia del lugar
La calle Vana-Kalamaja conecta la Estación Báltica con la parte norte del barrio y el mar. Entre sus fachadas de madera aparece un tipo especial de vivienda de alquiler: dos alas residenciales simétricas y, en medio, una franja de ladrillo o revoco. Detrás se oculta una escalera de piedra. Por este detalle se reconoce la «casa de Tallin».
Después de la Primera Guerra Mundial faltaban pisos baratos en la ciudad. El ferrocarril, el puerto y las empresas de Kalamaja daban trabajo a los obreros y atraían a gente de las aldeas, pero necesitaban vivir cerca: el trayecto diario por la ciudad consumía parte de su modesto salario. Para mil novecientos veintidós, la construcción de viviendas casi se había detenido: había pocos promotores privados y ya no se podía levantar una vivienda de alquiler ordinaria de madera según las antiguas normas.
Entonces el Estado ofreció préstamos para la construcción al cuatro por ciento, reembolsables en cincuenta años. Recibieron el dinero los ayuntamientos, las empresas constructoras, los propietarios de parcelas y los pequeños empresarios. Para un promotor privado era una deuda para casi toda la vida laboral; debía devolverla con los alquileres. Por tanto, el edificio tenía que alojar a suficientes inquilinos, sin arruinarse con los materiales ni incumplir los requisitos contra incendios.
Las normas vigentes desde mil novecientos tres exigían sustituir dos escaleras de madera por una de piedra. Cuando la construcción se reanudó en los años de entreguerras, los promotores aprovecharon precisamente esta opción. Una sola caja de escalera ocupaba menos espacio, los baratos pisos de madera podían disponerse a ambos lados y el centro de piedra cumplía los requisitos de seguridad contra incendios. Tras la caída de los precios de la madera en mil novecientos treinta y dos, este esquema se volvió aún más rentable.
El arquitecto Karl Tarvas (Treumann), que entonces llevaba el apellido Treumann, lo convirtió en un plano que podía adaptarse rápidamente a distintas parcelas. Hijo de un carpintero, se ganaba la vida proyectando viviendas familiares económicas y procuraba que el ahorro no convirtiera la casa en un barracón. Normalmente cabían ocho pisos en el interior, sobre todo de dos habitaciones. Las comodidades seguían siendo modestas y los baños eran poco frecuentes; en el sótano alto instalaban una lavandería o una tienda. Tarvas no se limitaba a los planos y a menudo inspeccionaba él mismo la obra.
A finales de los años treinta, su estudio producía varias decenas de estos proyectos al mes. En dos décadas se levantaron en Tallin casi mil casas con una escalera central de piedra; aproximadamente dos tercios fueron proyectados por empleados de Tarvas. Los propietarios obtuvieron edificios de alquiler, y los obreros y empleados con pocos recursos, pequeños pisos cerca de sus lugares de trabajo. La escasez de vivienda no se eliminó por completo, pero este método de construcción se extendió por Kalamaja, Pelgulinn y Kadriorg.
Las casas de Tallin recibieron ese nombre porque fue precisamente en la capital donde se construyeron más. Se conservan más de quinientas. En la calle Vana-Kalamaja, de los cálculos de los promotores y del trabajo del estudio de Tarvas queda aquella misma franja de piedra entre las alas de madera: la escalera común, alrededor de la cual se distribuían los pisos de las personas que vivían de trabajar en el ferrocarril, en talleres y en el puerto.
Información práctica
La calle está accesible las veinticuatro horas. Las casas son residenciales; no hay acceso al interior y los patios no forman parte de la ruta.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Son casas residenciales, no una decoración de museo: permanezca en la calle, no mire por las ventanas ni entre en los patios sin invitación.
