Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada blanca de la villa
- Ventanuco circular
- Pez alrededor de la ventana
- Moldes de yeso de orejas
La historia del lugar
La villa blanca de la calle Kotzebue fue construida en mil novecientos treinta y cuatro para el profesor de mecánica Hans Einberg y su familia. Después de la guerra, la casa se dividió en apartamentos de una sola habitación y, desde mil novecientos ochenta y cinco, pequeños museos se fueron sucediendo aquí. Para dos mil dieciocho, el edificio necesitaba reformas, y Triin Siiner, directora del Museo de la Ciudad de Tallin, propuso abrir en él un museo de Kalamaja.
Siiner procuró que los habitantes del barrio determinaran el contenido. Primero les preguntaron si realmente hacía falta un museo así. Los cuestionarios se repartían durante los Días de Kalamaja y se publicaban en internet. En las respuestas se pedía que el museo hablara del pasado y de la vida actual del barrio, que dejara espacio para encuentros y que lo hiciera cómodo para las familias. Estos deseos constituyeron la base de la futura exposición.
Después, los empleados del museo empezaron a recoger recuerdos. Invitaban a residentes de toda la vida, vecinos nuevos, jóvenes y a quienes habían vivido aquí ya en los años treinta y cuarenta. Al principio, varios participantes mayores respondían: «¿Qué voy a contar yo?». Se habían acostumbrado a considerar su propia vida cotidiana demasiado corriente para un museo. Los empleados volvieron a reunirse con ellos y les explicaron por qué hacían falta datos sobre los apartamentos, los patios, las fiestas y los vecinos. Como resultado, grabaron más de sesenta conversaciones en estonio y ruso y, en dos años, digitalizaron más de tres mil fotografías y documentos familiares.
Una de las preguntas trataba de lo que los habitantes oían en casa. Helle, nacida en mil novecientos cuarenta y siete, recordó las paredes delgadas: los vecinos conocían inevitablemente la vida de los demás. De esta respuesta surgió la exposición «Los oídos de Kalamaja». Antes de las obras, la artista Flo Kasearu tomó moldes de yeso de las orejas de habitantes de entre tres y ochenta y dos años. Treinta y ocho moldes se fijaron a las paredes de la casa vacía; allí también se reproducían los recuerdos grabados, y los visitantes escribían directamente en las paredes lo que habían llegado a oír a través de los tabiques. Tras la apertura del museo, los moldes y las grabaciones pasaron a formar parte de la exposición permanente.
Así está organizado también el resto del museo: la historia del barrio la cuentan los objetos y los testimonios de sus habitantes, y las salas de exposición se llaman sótano, pasillo, garaje, salón e incluso baño, como las habitaciones de una casa real. En la fachada blanca, un ventanuco circular se convirtió en el ojo de un pez dibujado. Este signo fue elegido entre cuatro opciones por quinientos cincuenta y cinco participantes en una votación abierta. «Kalamaja» significa literalmente «casa de pescado»; el pez alrededor de la ventana es aquella misma elección de los habitantes con la que comenzó el museo.
Información práctica
Mié–jue 13:00–20:00, vie–dom 11:00–18:00, lun–mar cerrado. Entradas: adulto 7 euros, reducida 5 euros, familiar 14 euros. El edificio no está adaptado para sillas de ruedas.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Para conocer la exposición se necesitará una visita aparte al interior; si el museo no está accesible, la observación exterior sigue ayudando a interpretar su antigua función residencial.
