Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada sur del palacio
- Grandes arcos del nivel superior
- Puertas meridionales
- Casas y tiendas a lo largo de la fachada
La historia del lugar
La muralla sur del palacio se alzaba antiguamente junto al borde operativo del puerto: las excavaciones sacaron a la luz un antiguo muelle, situado aproximadamente a doce metros de la fachada. En la franja de tierra entre este y las murallas del palacio descargaban embarcaciones y sacaban pequeñas barcas a la orilla. Más arriba se encontraban las habitaciones privadas del emperador, y las pequeñas puertas de la muralla sur daban, al parecer, un paso de servicio hacia el agua. Con el tiempo se añadieron casas residenciales y tiendas a la fachada romana, y todavía forman el borde del paseo.
En Split, la Riva es el nombre del paseo situado frente a la fachada sur del palacio. En las placas de las calles figura otro nombre: Obala Hrvatskog narodnog preporoda. Así se conmemoró un movimiento cultural y político del siglo diecinueve: sus participantes buscaban una lengua literaria común y la unión de las tierras croatas, divididas por fronteras dentro del imperio. El nombre oficial permaneció en los mapas, pero en la conversación triunfó la breve «Riva». Aquí la gente se reúne, se sienta en los cafés, celebra fiestas y homenajea a los deportistas.
La distancia entre la muralla del palacio y el agua engaña. Durante las excavaciones, los arqueólogos encontraron un antiguo muro de atraque, aproximadamente a doce metros frente a la fachada. En la explanada entre este y el palacio descargaban mercancías y sacaban del agua pequeñas embarcaciones. Sobre el muelle se extendían los aposentos imperiales, con grandes arcos, y las pequeñas puertas meridionales servían muy probablemente como bajada al mar y entrada de servicio. Más tarde, los habitantes integraron casas y tiendas en la fachada romana; todavía se alzan a lo largo de la Riva.
A finales del siglo dieciséis apareció, en la prolongación oriental de este paseo, un hombre para quien un solo muelle no bastaba. Daniel Rodriga, judío sefardí portugués y comerciante, ganaba dinero con el comercio a larga distancia entre los dominios del Imperio otomano y los puertos del Adriático. Su familia pertenecía a una comunidad contra la que las persecuciones obligaron a muchos a abandonar la península ibérica. Rodriga quería obtener para tales comerciantes el derecho a vivir y hacer negocios con seguridad en las tierras de la República de Venecia.
En mil quinientos setenta y siete propuso a los senadores venecianos abrir una ruta de caravanas a través de Split, que entonces estaba gobernada por Venecia. Junto al puerto debían construirse una aduana, almacenes y un lazareto: un complejo cerrado donde personas y mercancías pasaban la cuarentena. Rodriga invertía su propio dinero, negociaba con funcionarios otomanos y prometía encauzar a través de Split el comercio que se dirigía a los competidores de Venecia.
Alvise Loredan, jefe de Split nombrado por Venecia, buscaba que se rechazara el proyecto. Se oponía abiertamente a que una gran empresa urbana fuera gestionada por un judío junto con otros comerciantes judíos. Las disputas aduaneras, la falta de fondos y la resistencia de los rivales comerciales retrasaban el proyecto. Rodriga seguía presentando peticiones y buscando socios.
Quince años después se inauguró oficialmente la estación comercial. El lugar fue elegido justo detrás de la torre sudeste del palacio: las caravanas podían entrar desde tierra sin pasar por los barrios residenciales, y la mercancía procesada se enviaba por mar a Venecia. En los patios cerrados se mantenía durante unos cuarenta días a comerciantes, arrieros y cargamentos. El cobre, la lana, la seda, las pieles, el arroz y las especias se guardaban por separado, se desinfectaban y solo después se trasladaban a los barcos.
El flujo resultó tan grande que, hacia mediados del siglo diecisiete, los venecianos ampliaron cuatro veces el Lazareto de Split; sus edificios se extendían a lo largo del puerto más de doscientos metros. Split entró en el grupo de los principales puertos europeos para el comercio con el Imperio otomano. Rodriga fue confirmado como cónsul de los comerciantes judíos, y su comunidad recibió las concesiones que él había solicitado junto con el permiso para construir.
Cuando el comercio de caravanas decayó, los locales albergaron cuarteles, una prisión, un almacén y un teatro. La parte oriental fue desmontada para el ferrocarril; los demás edificios sufrieron graves daños en los bombardeos de mil novecientos cuarenta y tres y mil novecientos cuarenta y cuatro. Después de la guerra fueron demolidos; la última torre fue retirada antes de la construcción del Palacio Turístico en mil novecientos sesenta y ocho.
Del lazareto no queda nada sobre el suelo. La parte oriental del paseo sigue llamándose Obala Lazareta, y dentro de las murallas del palacio discurre la calle Rodrigina ulica.
Información práctica
Abierta las veinticuatro horas como paseo público.
Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Aléjate hacia el lado marítimo del paseo para que la fachada entre en el campo de visión. En la Riva hay ruido y sol; es más cómodo escuchar apartado del flujo que sale de las puertas.
