Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El césped del jardín
- La sala de estar conservada
- El perro de porcelana
La historia del lugar
La casa de tres plantas número ciento trece está concebida como una villa europea: un tejado a dos aguas se cierne sobre muros de gravilla fina y ventanas de madera verdes. Aquí vivieron y trabajaron durante casi medio siglo, y ahora las habitaciones se han convertido en un museo memorial. En la sala de estar conservada permanece una figurilla de perro de porcelana, y detrás de la casa se extiende un jardín con césped.
Baodi vivió siete años tras esta verja. El escritor Ba Jin aceptó acoger al perro en mil novecientos cincuenta y nueve precisamente porque su casa de la calle Wukang tenía césped. El perro amarillo pasaba la mayor parte del día en el jardín y, ante los invitados, se alzaba sobre las patas traseras y juntaba las delanteras, como si hiciera una reverencia.
En agosto de mil novecientos sesenta y seis comenzó la Revolución Cultural. Las brigadas juveniles de los Guardias Rojos buscaban y destruían todo lo que declaraban vestigio del viejo mundo, y sometían a las personas a registros y humillaciones públicas. Ba Jin ya estaba acusado e intentaba proteger a su familia al menos de un nuevo pretexto para una irrupción.
Por las noches, los niños del vecindario golpeaban la verja y gritaban que matarían al perro. Baodi respondía ladrando, y su dueño temía que los Guardias Rojos lo oyeran. Tras la cerca de bambú registraban la casa de un antiguo propietario de fábrica: Ba Jin veía cómo la gente sacaba cosas y rompía la vajilla. Después de aquello, él y su esposa, Xiao Shan, pasaron toda la noche hablando de dónde dejar al perro. Nadie aceptaba hacerse cargo de él. Solo quedaba una opción: entregarlo a un hospital como animal de experimentación.
Cuando se llevaron a Baodi, Ba Jin sintió primero alivio: en casa ya no había ladridos que pudieran atraer a visitantes no deseados. Luego tomó un somnífero y aun así no logró dormir. Imaginaba a Baodi sobre una mesa de anatomía. El perro no regresó jamás, y la persecución contra el propio escritor no había hecho más que empezar.
Trece años y cinco meses después, Ba Jin aún vivía en esta casa. En mil novecientos ochenta escribió el ensayo «El pequeño perro Baodi» y lo incluyó en «Apuntes para pensar», un libro sobre lo vivido durante la Revolución Cultural. Ba Jin no justificó su decisión por el miedo. Reconoció abiertamente que, para salvarse a sí mismo, entregó a experimentos a un animal que confiaba en él y que no puede perdonárselo.
Ba Jin vivió cerca de medio siglo en la casa número ciento trece, por eso hoy es su museo memorial. En la sala de estar conservada hay un perro de porcelana. Una vez, un niño preguntó al escritor si era Baodi. Ba Jin respondió que el verdadero Baodi ya no existía desde hacía mucho tiempo: la figurilla era un regalo de un visitante extranjero. Y en el jardín sigue habiendo césped, ese detalle de la casa por el que la familia decidió en otro tiempo que el perro estaría bien aquí.
Información práctica
Una ruta municipal reciente señala obras y acceso cerrado; la visita solo es posible desde la calle. No integre información antigua sobre entradas sin una nueva comprobación.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No cuente con poder entrar libremente: si el recinto está cerrado, limítese a contemplarlo desde la verja y no moleste a las casas vecinas.
