Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Jinete de bronce
- Rollo en la mano
- Marca del kilómetro cero
- Rectángulo de la plaza
La historia del lugar
El rectángulo de la Plaza de Armas y la marca del kilómetro cero señalan el inicio de la red de calles rectas de Santiago. En los bordes de la plaza reservaron espacio para la iglesia principal, la casa del gobernador y el cabildo, el consejo de los colonos españoles; aquí se proclamaban públicamente las disposiciones y se asignaban los solares urbanos. La tierra bajo este trazado ya estaba ocupada: los primeros documentos recuerdan un gran tambo junto a la plaza, un edificio local destinado a la administración y al almacenamiento de provisiones.
En la mano del jinete de bronce de la plaza hay un rollo. Es Pedro de Valdivia, jefe del destacamento español, que necesitaba una ciudad permanente para afianzarse en el valle del Mapocho. El rollo representa el acta de fundación de Santiago. El documento auténtico no sobrevivió al primer año de la ciudad.
El doce de febrero de mil quinientos cuarenta y uno, Valdivia anunció la fundación de Santiago del Nuevo Extremo. El agrimensor Pedro de Gamboa, responsable de la organización del asentamiento, trazó calles rectas y dejó en el centro un cuadrado libre: la Plaza Mayor, la plaza principal. En su lado occidental reservaron un solar para la iglesia principal; en el norte, para la casa del gobernador y el cabildo, el consejo de los colonos españoles. Aquí se reunían los habitantes, se proclamaban las disposiciones y se repartían los solares urbanos. De aquí partía la trama de calles; por eso el actual kilómetro cero de Santiago está precisamente en esta plaza.
Gamboa trazaba la ciudad sobre tierras ocupadas. Los documentos de los primeros meses mencionan un gran tambo cerca de la plaza: un edificio local destinado a la administración y al almacenamiento de provisiones, que existía antes de la llegada de los españoles. Los habitantes del valle perdían sus tierras y sus alimentos, y Valdivia les exigía abastecer la nueva ciudad. Cuando comenzó la resistencia, capturó a varios jefes locales para impedir que se unieran a la rebelión y partió con la mayor parte de los jinetes hacia el río Cachapoal.
El once de septiembre, Michimalonco, jefe de las tropas locales, que deseaba recuperar el territorio ocupado y liberar a los prisioneros, atacó Santiago. Las casas de madera, adobe y caña ardieron. Los defensores se retiraron a una fortificación junto a la plaza central. Junto a los españoles combatían indígenas aliados traídos de Perú: sin ellos, los defensores habrían sido aún menos.
En la fortificación estaba Inés de Suárez, compañera de Valdivia y la única española del asentamiento. Vendaba a los heridos e intentaba conservar las provisiones que quedaban. Los jefes prisioneros oyeron el combate y comenzaron a llamar a los atacantes. Inés decidió que su liberación quebraría definitivamente la defensa y ordenó matar a los prisioneros. Una crónica tardía afirma que ella misma tomó una espada; otros testimonios no permiten reconstruir con certeza quién asestó los golpes. El propio asesinato fue confirmado por participantes de la expedición durante el proceso judicial contra Valdivia. Los cuerpos fueron llevados a la plaza.
Los atacantes no se retiraron de inmediato. El combate continuó hasta las horas del día, y el desenlace lo decidió una carga de caballería de los españoles y sus aliados, en la que participó Inés. Las tropas de Michimalonco se retiraron sin liberar a los prisioneros. El asentamiento sobrevivió, pero casi todo Santiago se incendió. Más tarde, Valdivia enumeró las provisiones restantes: dos cerditas, un lechón, una gallina, un gallo y dos puñados de trigo. Con esas reservas, los defensores debían volver a criar ganado y sembrar los campos.
Tras el ataque, los españoles reconstruyeron la ciudad como un campamento militar. La Plaza Mayor recibió el nombre de Plaza de Armas: la plaza donde los habitantes debían reunirse con armas. Conservaron el rectángulo abierto y volvieron a levantar los edificios de administración en sus bordes.
En el incendio también se perdió el primer registro de la fundación de Santiago, junto con la lista de las casas y tierras repartidas. El papel llegó desde Perú solo dos años después. En enero de mil quinientos cuarenta y cuatro, el escribano Luis de Cartagena volvió a redactar el acta a partir de los relatos de los testigos. Es este texto reconstruido el que se conserva en el Archivo Nacional de Chile.
El Valdivia de bronce sostiene el documento cuyo original ardió aquí durante el ataque de Michimalonco. Y el nombre bajo los cascos de su caballo procede de la época en que el cuadrado libre del centro de una ciudad apenas construida tuvo que rodearse de fortificaciones.
Información práctica
Es mejor recorrer la plaza por el perímetro y desde el centro; entre la multitud, vigile sus pertenencias personales y no bloquee el paso junto a los monumentos.
