Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Puertas cerradas de la iglesia
- Cuerpos del convento
La historia del lugar
Las puertas hoy cerradas conducen a la iglesia del convento franciscano. La casa religiosa de Salvador de Bahía fue fundada en mil quinientos ochenta y siete, y la iglesia actual comenzó a construirse en mil setecientos ocho. Junto a ella se alzan los cuerpos del convento, donde viven los hermanos de la comunidad que se llamaba menor y había renunciado a la propiedad personal.
Ahora las puertas de la iglesia están cerradas. Tras el derrumbe de una parte del techo de la nave central en febrero de dos mil veinticinco, aquí se lleva a cabo una restauración; según el plan actual, se espera volver a admitir visitantes para dos mil veintinueve. Los cuerpos del convento siguen siendo, mientras tanto, el hogar de la comunidad franciscana.
São Francisco recibe su nombre de Francisco de Asís. A comienzos del siglo decimotercero, este hijo de un comerciante renunció a su herencia y reunió a hermanos que prometieron vivir sin propiedad personal. Se llamaban a sí mismos hermanos menores: de ahí la Orden Franciscana. Su convento de Salvador de Bahía fue fundado en mil quinientos ochenta y siete, y la iglesia actual comenzó a construirse en mil setecientos ocho.
El interior dorado apareció después. Los ciudadanos acomodados donaban al templo, encargaban misas anuales por ellos y obtenían lugares de enterramiento dentro de la iglesia: cuanto más generosa era la contribución, más cerca del altar mayor. Los franciscanos podían mantener una vida pobre en sus celdas, mientras el dinero de los benefactores se transformaba en madera tallada cubierta con finas láminas de oro.
A finales del siglo decimonoveno, al convento lo amenazaba otra pobreza: no había quien viviera en él. En mil ochocientos cincuenta y cinco, el gobierno imperial brasileño prohibió a las órdenes monásticas admitir novicios. Los hermanos mayores morían y no tenían relevo; tras la proclamación de la república, en toda la provincia franciscana del nordeste solo quedaban seis monjes, y todos estaban en Salvador de Bahía.
Pidieron ayuda a los franciscanos de Sajonia. El veintisiete de diciembre de mil ochocientos noventa y dos, los hermanos alemanes llegaron a este convento para restaurar la comunidad casi desaparecida. Había bastante trabajo incluso sin los altares. Los desagües de la calle vertían en el jardín del convento, en la casa religiosa se daban casos de fiebre amarilla y las hormigas habían abierto galerías bajo los cimientos. Los hermanos excavaron las bases, destruyeron los hormigueros, sellaron las grietas con cemento y lograron conectar los desagües al alcantarillado municipal.
Pero la talla dorada les planteó una cuestión que no podía resolverse con cemento. Los reformadores alemanes sostenían una interpretación estricta de la pobreza franciscana. Redactaron una regla según la cual solo se permitía dorar el tabernáculo y los vasos sagrados. Un relato oral conservado en la comunidad añade que algunos de los hermanos recién llegados propusieron retirar el antiguo dorado, pero los habitantes de Salvador de Bahía se opusieron. La propuesta no prosperó.
Los franciscanos alemanes se quedaron. En mil novecientos uno, la orden restauró oficialmente la provincia de aquí y reabrió catorce conventos. Ellos salvaron la casa religiosa de quedar vacía, y los habitantes de Salvador de Bahía conservaron su interior dorado.
Tras las puertas cerradas sigue estando esta talla. En el centro del altar mayor, Cristo retira una mano de la cruz y toca a Francisco de Asís, fundador de la orden cuyos seguidores llegaron para salvar el convento y estuvieron a punto de privarlo de su oro.
Información práctica
Cerrado a las visitas y al culto durante el periodo de restauración. El plan oficial del 2 de junio de 2026 prevé una posible apertura tras la finalización de las obras en 2029; los plazos son provisionales.
Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El acceso a la iglesia y a los espacios del convento puede variar; confírmelo allí y, si el interior está cerrado, escuche el relato ante la fachada.
