Parada 3 de 8

Place d’Armes

Place d’Armes

Esta parada mostrará cómo convirtieron a ciudadanos comunes en una reserva para la defensa.

10 min
Place d’Armes
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En qué fijarse

  • La fuente con la figura de la Fe
  • La Catedral Anglicana de la Santísima Trinidad
  • El edificio de tribunales

La historia del lugar

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El nueve de diciembre de mil setecientos setenta y cinco, el gobernador Guy Carleton, que dirigía la defensa de Quebec, ordenó tocar todas las campanas de la ciudad y dar el toque de reunión. Los ciudadanos armados acudieron corriendo aquí, a la plaza, que entonces recibía tanto el nombre de Gran Plaza como el de Place d’Armes. Cuando la gente se formó ante el monasterio de los Recoletos, Carleton confesó que la alarma era falsa. Quería saber cuántos defensores acudirían realmente a la señal. El gobernador advirtió que había que esperar pronto un ataque real.

La comprobación le hacía falta por la composición de la guarnición. Las colonias americanas se habían rebelado contra Gran Bretaña, su Congreso Continental había enviado tropas para ocupar la provincia de Quebec, y Montreal ya se había rendido. En la capital quedaban pocos soldados profesionales. Carleton tuvo que poner en formación a ciudadanos francófonos y anglófonos, marineros de los barcos y obreros que trabajaban en las fortificaciones. Muchos se ganaban antes la vida con el comercio o un oficio y no pensaban convertirse en soldados. El gobernador ordenó expulsar de la ciudad a quienes se negaban a participar en la defensa: la neutralidad significaba perder el refugio tras las murallas en medio de un asedio invernal.

El treinta y uno de diciembre, la alarma resultó ser real. El coronel Benedict Arnold, comandante de una de las columnas americanas, condujo a sus hombres a la Ciudad Baja. Contaba con abrirse paso por las barricadas, unirse a la segunda columna y subir a la Ciudad Alta. Para los defensores era importante mantener la rue Sault-au-Matelot: desde allí, el camino llevaba a la subida de Côte de la Montagne, y esta plaza se encontraba arriba.

Carleton reunió aquí la reserva general. Varios ciudadanos jóvenes, que hacían guardia en las barricadas, lograron escapar de la parte de la calle ocupada por los americanos y llegaron corriendo a la plaza con la noticia de que el enemigo ya estaba dentro de la Ciudad Baja. De las personas reunidas aquí, Carleton seleccionó a doscientos hombres y los envió por Porte du Palais a la retaguardia de la columna de Arnold. Otros defensores seguían sosteniendo la última barricada por el frente.

Los americanos quedaron atrapados en las calles estrechas. Unos cuatrocientos hombres se rindieron; Arnold fue herido y quedó fuera de combate. El asalto fracasó, aunque el asedio continuó varios meses más. El seis de mayo del año siguiente llegaron a Quebec barcos británicos con refuerzos, y las unidades americanas que quedaban se retiraron.

El nombre de la plaza describe precisamente una reunión de este tipo. En el antiguo uso francés, la palabra «armas» también podía significar ejército o soldados. El gobernador Charles Huault de Montmagny destinó este espacio a ejercicios militares ya en la década de mil seiscientos cuarenta: cerca se alzaba Château Saint-Louis, residencia del gobernador, y por la pendiente discurría la principal conexión entre la Ciudad Alta y la Ciudad Baja. Aquí se formaban primero las tropas francesas y después las británicas. Tras la construcción de la Citadelle de Québec, los militares trasladaron allí los ejercicios, y en mil ochocientos sesenta y cinco instalaron un parque público en la plaza. Ahora se reúnen aquí grupos de excursión.

El monasterio de los Recoletos, ante el cual Carleton organizó la falsa alarma, ya no existe. Se incendió en mil setecientos noventa y seis; tres años después desmontaron las ruinas, añadieron parte del terreno a la plaza y levantaron junto a ella la Catedral Anglicana de la Santísima Trinidad y un edificio de tribunales. La fuente, con la figura de la Fe en su centro, se instaló más tarde en memoria de los Recoletos. Recuerda a la orden ante cuyo monasterio desaparecido los ciudadanos esperaban de Carleton la señal para ir a las barricadas.

Información práctica

Tiempo en la parada10 min
Siguiente puntoBasílica-catedral de Notre-Dame de Quebec
Entradaacceso libre

Plaza urbana abierta. El acceso puede variar debido a eventos, obras municipales y puntos de encuentro de excursiones.

Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Observe el monumento desde varios lados: los principales detalles narrativos están en los relieves, no solo en la parte superior.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Cruce a la plaza vecina, hacia la fachada de la catedral.

Parada 3 de 8Después: Basílica-catedral de Notre-Dame de Quebec

Ruta terminada

Paseo completado

«Viejo Quebec: del acantilado al río» — 8 paradas, alrededor de 1,3 km, 2–3 horas.

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