Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Lápidas
- Filas densas de piedras
- Nombres grabados
La historia del lugar
En mil quinientos sesenta y cuatro, los entierros en este cementerio dependían de dos asistentes del hospital. La Comunidad Judía de Praga aún no se había repuesto de una expulsión reciente: algunas personas se habían marchado, muchas habían muerto y ya no quedaba nadie más que pudiera enterrar a los difuntos. Los dos asistentes que quedaban vivían de las tasas funerarias y exigían a los familiares una suma enorme por sacar el cuerpo de la casa y traerlo hasta aquí. La carta fundacional también los acusa de divertirse de camino a la tumba. Las familias que no tenían dinero debían esperar el entierro durante muchos días.
Eliezer Ashkenazi, rabino y médico que procuraba un entierro digno para cada miembro de la comunidad, se encargó de poner fin a aquello. Junto con un grupo de judíos de Praga, creó la Chevra Kadisha, la Santa Hermandad Funeraria. Sus miembros visitaban a los enfermos, permanecían con los moribundos, preparaban el cuerpo, lo llevaban al cementerio y lo enterraban. Por ese trabajo, los dirigentes de la comunidad les asignaron una remuneración, pero los hermanos impusieron una condición: el dinero debía ingresar en un fondo benéfico común y no convertirse en su ganancia personal.
Los ricos aportaban más; a una persona pobre se la debía enterrar independientemente de que pudiera pagar. Del mismo fondo se distribuía ayuda a los necesitados y se compraba tierra para ampliar el cementerio. Así, una decisión tomada a causa de dos sepultureros que cobraban por sus servicios dio a Praga una hermandad funeraria cuyo estatuto se convirtió más tarde en modelo para las comunidades judías de muchas ciudades de Europa.
Solo se conseguía comprar terrenos vecinos de vez en cuando, y la costumbre judía prohibía perturbar las tumbas anteriores. Cuando volvía a no quedar espacio, la comunidad de Praga traía tierra hasta aquí y disponía una nueva fila de enterramientos sobre la antigua. Las lápidas anteriores se elevaban hasta la superficie formada, para que los nombres de los muertos siguieran siendo visibles. Según las estimaciones de los investigadores, en algunos lugares hay bajo tierra hasta diez capas de enterramientos.
Aquí se dejó de enterrar en mil setecientos ochenta y siete, cuando el emperador José Segundo prohibió los cementerios dentro de los barrios residenciales. En la superficie se han conservado más de doce mil piedras, pero los enterrados son muchos más. Las lápidas se alzan a un mismo nivel actual, mientras que las personas cuyos nombres están grabados en ellas yacen a niveles distintos, a veces varios enterramientos más abajo.
Información práctica
Horario estacional del Museo Judío de Praga; sábados y festividades judías, cerrado.
Comprobado: 26 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Manténgase en el camino señalado y no toque las piedras ni las notas dejadas. En los tramos estrechos, deje pasar a otros visitantes y mire por dónde pisa.
