Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Parapeto de piedra
- Ladera de Lajes
- Tejados de Antônio Dias
- Torres de iglesias
La historia del lugar
Lajes recibió su nombre por la cuarcita local: esta piedra se parte fácilmente en placas planas. El antiguo camino cruza la ladera minera sobre el barrio de Antônio Dias, y su borde está marcado ahora por un parapeto de piedra. Bajo la calle vecina se conserva una antigua labor subterránea, y la extracción de la montaña se llevaba cuesta abajo, hacia donde crecía la ciudad. Sobre los tejados de tejas se alzan torres de iglesias y edificios públicos, pagados con el oro de estas laderas.
En mil setecientos cuatro, el antiguo vendedor ambulante Pascoal da Silva Guimarães ocupó una concesión minera abandonada en la ladera de Lajes. Sus propietarios anteriores, los hermanos Camargo, se habían marchado de allí durante una hambruna y, según las reglas de entonces, una concesión no explotada podía entregarse a otra persona. Al regresar, los Camargo reclamaron la tierra. Pascoal se negó y mantuvo la explotación por la fuerza.
Su cálculo resultó acertado. El oro de los arroyos más abajo en la ladera ya escaseaba, pero Pascoal decidió que su origen debía de estar más arriba, en la propia montaña. Por el camino de Lajes llegó a un rico yacimiento donde el metal se separaba fácilmente de la roca. De ahí el nombre de Ouro Podre, «Oro podrido»: llamaban podrida a la capa aurífera suelta, que se podía extraer rápidamente.
No era Pascoal quien la extraía. Apenas unos años después, poseía a unas trescientas personas esclavizadas. Ellas abrían canales de agua, lavaban el suelo y trituraban la roca. Antes, Pascoal se ganaba la vida con el comercio ambulante; aquí se convirtió en el mayor propietario de minas de Vila Rica. Adquirió tiendas, explotaciones agrícolas y un rango militar; al asentamiento de alrededor lo llamaban Morro do Pascoal, la colina de Pascoal.
En mil setecientos diecinueve, el rey ordenó prohibir la circulación de polvo de oro. Todo lo extraído debía entregarse en las casas de fundición, convertirse en lingotes sellados y ceder a la Corona una quinta parte. El polvo de oro servía como dinero en Vila Rica, así que Pascoal arriesgaba tanto una parte de la extracción como la posibilidad de disponer libremente de ella.
Al año siguiente se convirtió en uno de los dirigentes de la revuelta contra las nuevas reglas. Hombres armados bajaban de Ouro Podre a la ciudad y exigían que se eliminaran las casas de fundición. El gobernador Pedro de Almeida, conde de Assumar, suspendió al principio su instalación y habló de perdón, pero después envió soldados de noche para arrestar a los cabecillas.
El hijo de Pascoal, João da Silva Guimarães, ordenó a los habitantes de la colina que se armasen y liberaran a su padre. Pascoal ya estaba bajo custodia y ordenó a su hijo que dejara de reunir gente, por temor a una represión más severa. La orden llegó tarde. Assumar introdujo un destacamento en Vila Rica y mandó quemar las casas de Pascoal y de sus partidarios. Felipe dos Santos, comerciante y arriero de mulas que intentaba reunir gente para liberar a los detenidos, fue capturado y ejecutado. Pascoal fue enviado a Lisboa a través de Río de Janeiro; después de eso, su destino se pierde en la documentación fiable.
El actual Mirante das Lajes es un parapeto junto al antiguo camino sobre el barrio de Antônio Dias. «Lajes» significa losas de piedra: la cuarcita local se parte con facilidad en placas. Junto al propio parapeto no quedan ni las casas de Pascoal ni rastros del incendio. El asentamiento quemado estaba más lejos, en la ladera que, tras la represión, empezaron a llamar Morro da Queimada, la Colina Quemada. En cambio, cerca de allí, en el complejo Palácio d’Ouro, se conserva una labor subterránea conocida como Mina do Paschoal. Una calle pasa por encima de ella y, desde el parapeto, se ven las iglesias y los edificios públicos de la ciudad que creció gracias al oro que bajaban por esta ladera.
Información práctica
Mirador abierto, entrada libre, acceso 24 horas.
Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No busques un único punto obligatorio para la foto ni entres en propiedad privada. Deja que los ojos se acostumbren al relieve: los edificios se entienden mejor cuando sigues los caminos entre ellos.
