Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Parterres de rosas
- Camino recto
- Árboles de bronce
- Taza de la fuente
La historia del lugar
Las rosas aparecieron aquí en el plano antes que el «Árbol de la vida» de bronce. Tras la exposición jubilar de mil novecientos catorce, la ciudad desmontaba los pabellones temporales y decidía qué hacer con el terreno liberado. Oslo se llamaba entonces Cristianía. De la exposición quedaron los caminos, los estanques y el puente; más allá comenzaban los campos y una pendiente irregular.
De este territorio se ocupaba Marius Røhne, el primer jardinero municipal y director del recién creado servicio de parques. Procuraba que el antiguo recinto de la exposición se convirtiera en un parque popular: con lugares para jugar y hacer deporte, bancos y caminos por los que la gente se dispersara por todo el territorio. Al oeste de los estanques, Røhne quería conservar el relieve natural. En su plano de mil novecientos diecisiete ya había una rosaleda junto al puente.
Para Røhne, aquello era una prueba para toda su profesión. Se había formado como arquitecto paisajista, hizo prácticas en Dinamarca y Alemania, y ahora administraba el dinero municipal, la tierra y las plantaciones. De sus decisiones dependía que el nuevo servicio de parques determinara la configuración de los espacios públicos o se limitara a ajardinar proyectos ajenos.
En mil novecientos diecinueve, la Comisión de la Fuente de Gustav Vigeland reclamó las mismas tierras. El escultor buscaba un lugar permanente para su creciente Conjunto escultórico de Vigeland y quería obtener la parte occidental del parque. Allí donde Røhne preservaba el relieve libre, Vigeland trazaba líneas rectas, distribuía esculturas y subordinaba los caminos a una sola dirección.
La disputa duró años y pronto dejó de ser una discusión profesional cortés. Vigeland representó a Røhne en hierro forjado como «El fauno en la horca». Esta obra se conserva hoy en el Museo Vigeland. El escultor convirtió al hombre que obstaculizaba su proyecto en una caricatura hecha del mismo material con el que ornamentaba el futuro parque.
El ayuntamiento, en mil novecientos veinticuatro, cedió las tierras al oeste de los estanques para la fuente y El Monolito, y en mil novecientos treinta y uno aprobó el plan ampliado de Vigeland. Røhne perdió la lucha por esta parte de Frogner, pero conservó el puesto y dirigió los parques de Oslo hasta mil novecientos cuarenta y ocho. Vigeland obtuvo la larga composición rectilínea, pero murió en mil novecientos cuarenta y tres, antes de que lograran instalarla por completo.
«Árbol de la vida» no es el nombre de una avenida separada ni de una sola escultura. Así propone el museo entender los veinte árboles de bronce que rodean la fuente que tiene delante. Vigeland dispuso las figuras humanas desde la infancia hasta la vejez y la muerte: al comienzo, entre las ramas, se encuentran recién nacidos; al final, los contornos de un esqueleto casi se funden con el tronco. Estos grupos se instalaron en mil novecientos cuarenta y seis, tres años después de la muerte del escultor.
Del plano de Røhne queda aquí la rosaleda junto al puente: setecientos cincuenta metros cuadrados de parterres, parte de la mayor colección de Noruega, con catorce mil rosas de unas ciento cincuenta variedades. Según el plan de Vigeland, el camino recto lleva de los arbustos vivos a los veinte árboles de bronce.
Información práctica
Siempre abierto, acceso libre.
Comprobado: 25 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No se limite a los parterres: rodee varios árboles y cambie el punto de vista para distinguir las figuras escondidas.
