Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El rectángulo abierto de la plaza
- Las plataformas de los templos
- Las escaleras de piedra
- Las terrazas residenciales en las laderas
La historia del lugar
En la cima de la montaña se extiende un rectángulo abierto de casi trescientos metros de largo y unos ciento ochenta de ancho; a los lados se alzan plataformas de templos y, más abajo, las terrazas residenciales se prolongan por las laderas. Las viviendas se situaban en los escalones de la montaña para que la parte alta siguiera siendo un lugar de ritos y reuniones comunes, al que podían acudir al mismo tiempo muchos habitantes de la ciudad. Para las escaleras y las plataformas empleaban caliza y arenisca locales, colocaban la piedra con mortero de arcilla y cubrían el suelo con estuco claro de cal. Aquí se celebraban ceremonias y se tomaban decisiones comunes para toda la ciudad.
Hacia el año quinientos antes de nuestra era, pobladores procedentes de distintos asentamientos del Valle de Oaxaca comenzaron a establecer una nueva ciudad en esta montaña. Nadie dejó escritos sus nombres. Eran agricultores, artesanos y constructores que necesitaban un lugar seguro en medio de incursiones y enfrentamientos constantes entre comunidades vecinas.
La altura facilitaba la defensa, pero había que pagar por ella. En la cima faltaba buena tierra cultivable y las lluvias no bastaban para una cosecha fiable de maíz. Los alimentos se cultivaban en las laderas y en el valle; después se subían hasta aquí y se intercambiaban por productos de los artesanos de la ciudad. Asentarse arriba significaba depender de los vecinos, de los caminos y de un sistema común de abastecimiento.
La primera gran obra fue la creación de la Gran Plaza. Los habitantes nivelaron la cumbre de la montaña y dejaron abierta su mejor parte, mientras situaban las viviendas en terrazas más abajo. Para las plataformas y las escaleras extraían caliza y arenisca locales, colocaban grava gruesa y, probablemente, llevaban el relleno fino en cestas. Los canteros levantaban los muros con mortero de arcilla, cocían cal y cubrían el suelo con estuco claro. En esta construcción participaron personas de distinta riqueza y distintos oficios: el volumen de trabajo superaba con creces todo lo que las comunidades del valle habían construido antes.
El espacio resultante estaba destinado a ritos comunes y grandes reuniones. Una parte considerable de los habitantes de la ciudad podía encontrarse a la vez entre las plataformas de los templos. Así, personas llegadas de distintos asentamientos participaban en una misma ceremonia y reconocían las decisiones de un solo centro urbano. A cambio de su trabajo y de depender del transporte de alimentos, recibían un asentamiento fortificado y acceso al intercambio con todo el valle. Dos siglos después, ya vivían aquí unas cinco mil personas.
Sus descendientes no conservaron la plaza en su forma original. A medida que la ciudad crecía, la ampliaban, demolían las construcciones tempranas y cubrían sus restos. A más tardar en el primer siglo de nuestra era, tres edificios quedaron bajo un nuevo suelo; el mayor, de aproximadamente dieciocho por dieciocho metros, los arqueólogos lo consideran una plataforma de templo. La destrucción de los templos antiguos liberó espacio para una plaza pensada para una ciudad mucho más poblada.
El rectángulo llano actual, de unos trescientos metros de largo y unos ciento ochenta de ancho, fue creado por aquellos pobladores y por las generaciones posteriores. Bajo el espacio abierto permanecen enterradas las construcciones tempranas, y las terrazas residenciales siguen descendiendo por las laderas: las viviendas estaban más abajo; los habitantes reservaron la cima para las reuniones comunes.
Información práctica
La zona arqueológica suele estar abierta todos los días de 8:00-17:00, última entrada a las 16:00.
Horario por días
Deténgase en varios puntos: la composición de la plaza cambia más de lo que parece al recorrerla rápidamente.
