Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Planta baja de piedra blanca
- Terem de madera
- Estufas de azulejos
- Pintura de la Cámara del Refectorio
La historia del lugar
Las Cámaras de los Boyardos Románov surgieron de una finca urbana de una familia boyarda: aquí vivían los propietarios y el nivel inferior servía para usos domésticos. La planta baja de piedra blanca y los sótanos pertenecen a las partes más antiguas conservadas de la casa; sobre ellos se ve el terem de madera. Ya a mediados del siglo dieciséis, la finca pertenecía a Nikita Románovich Yúriev; el apellido Románov procede del nombre de su padre. Los incendios, las reformas del monasterio y los inquilinos arrendatarios cambiaron tanto el edificio que la casa boyarda unitaria acabó por desintegrarse.
Inmediatamente después de su coronación, en mil ochocientos cincuenta y seis, el emperador Aleksandr II ordenó devolver a estas cámaras su aspecto original y abrir en ellas un museo de sus antepasados. El nuevo soberano necesitaba vincular visiblemente a su propia familia con el primer zar de la dinastía. Para ello, primero había que convertir la vieja casa en unas convincentes Cámaras de los Boyardos Románov.
El lugar no se eligió de manera arbitraria. Desde mediados del siglo dieciséis, las cámaras formaban parte de la finca del boyardo Nikita Románovich Yúriev. Sus hijos empezaron a llamarse Románov por el nombre de su abuelo, Román Yúrievich. Según la tradición, aquí nació el nieto de Nikita, Mijaíl Románov, elegido en mil seiscientos trece como el primer zar de esta familia. No existe ningún documento que confirme que naciera precisamente en estas cámaras. En el siglo diecinueve, una comisión científica estableció que el edificio perteneció realmente al dominio de los Románov, pero no pudo demostrar el lugar de nacimiento de Mijaíl.
Para entonces, hacía mucho que ya no existía una casa boyarda unitaria. Los incendios, las reparaciones del monasterio y las reformas de los arrendatarios la habían cambiado hasta volverla irreconocible. Lo más antiguo seguían siendo los sótanos y una parte de la planta baja destinada a usos domésticos. Aleksandr II pagó al Monasterio Znamenski veinte mil rublos, entregó el edificio a la Oficina del Palacio de Moscú y encargó la restauración a Fiódor Ríjter, académico de arquitectura y arquitecto jefe del Gran Palacio del Kremlin.
Ríjter desmontaba los muros posteriores, buscaba ventanas tapiadas, antiguos vanos de puertas, escaleras y escondites. A partir de esas huellas determinaba la anterior disposición de las habitaciones. Sin embargo, no había huellas suficientes en todas partes. El terem de madera, la galería, el balcón y la escalera principal tuvieron que construirse de nuevo según su proyecto. El mobiliario se fabricó siguiendo modelos de la Armería del Kremlin, del Palacio del Terem del Kremlin, de antiguas imágenes y de tejidos. Las estufas de azulejos también se hicieron expresamente para el museo. Objetos auténticos de los siglos dieciséis y diecisiete se dispusieron dentro de habitaciones creadas de nuevo: el refectorio, el despacho del boyardo, la habitación de los hijos, la sala de labores y los aposentos de la boyarda.
Este modo de tratar el pasado se aprecia con especial claridad en la Cámara del Refectorio. Cuando los obreros limpiaron sus bóvedas, resultó que los antiguos muros eran lisos, sin adornos. Aun así, Ríjter propuso pintar el techo. Tomó el ornamento del acta de elección de Mijaíl Románov como zar: tallos, hojas, flores y frutos. Aleksandr II insistió en que los artistas añadieran el grifo de los Románov, el águila bicéfala y el monograma de Mijaíl Románov. Estos signos no aparecieron bajo el yeso: los colocó allí el emperador que estaba creando un museo familiar.
En agosto de mil ochocientos cincuenta y nueve abrieron las Cámaras de los Boyardos Románov. Admitían visitantes dos veces por semana, no más de ocho personas a la vez. Entraban en habitaciones donde los verdaderos objetos antiguos se unían a la idea que el siglo diecinueve tenía de la vida cotidiana de los boyardos.
Casi un siglo después, los restauradores calificaron de falsa la obra de Ríjter. Propusieron desmontar las estufas que él había hecho y destruir la pintura de la Cámara del Refectorio. El restaurador Aleksandr Korin defendía que se conservara: detrás ya no quedaba la bóveda lisa del siglo diecisiete, pero la propia pintura ya se había convertido en testimonio de la temprana restauración rusa. Encontraron un compromiso: cubrieron el techo con papel y lo repintaron. Así, las águilas, los grifos y el monograma pasaron cerca de veinticinco años bajo una capa blanca.
En los años ochenta del siglo veinte retiraron el papel. Durante dos años consolidaron con mortero el yeso desprendido, inyectándolo con jeringas en los huecos bajo la pintura. Los actuales grifos, el águila bicéfala y las letras del nombre de Mijaíl Románov permanecen donde Aleksandr II ordenó colocarlos: en el techo de una habitación boyarda ideada para el primer museo conmemorativo ruso.
Información práctica
25 de junio – 1 de julio de 2026 — todos los días de 10:00 a 19:00. Entrada por sesiones, número de entradas limitado; la taquilla y la entrada cierran una hora antes del final del horario.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La fachada revela la historia de la restauración, pero la disposición de la casa boyarda solo se aprecia en el interior. Ten en cuenta las escaleras, las habitaciones pequeñas y una entrada independiente al museo.
