Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada de la Casa de los Chuprikov
- Estufa rusa
- Descenso al semisótano
La historia del lugar
Tras la fachada de esta casa, la pastilá de Kolomna se prepara en los talleres, mientras que las habitaciones superiores están ocupadas por un museo teatralizado. Durante la limpieza descubrieron un piso de semisótano que al principio desconocían; este espacio permitió separar la producción y el museo en distintos niveles. Los planos de archivo indicaron cómo devolver su antiguo aspecto a las habitaciones y a la estufa, y para los talleres se fabricó equipo nuevo según antiguos planos. Los participantes en la visita preparan ellos mismos pastilá de Kolomna y terminan el encuentro tomando té.
En el año mil ochocientos cincuenta y dos, el comerciante Karp Fómich Chupikov abrió un establecimiento de pastilá en la calle Polianskaya. Su hijo, Piotr Kárpovich Chupikov, heredó el negocio familiar e instaló aquí tres talleres: de pastilá, de confitería y de mermelada. Tras la revolución, la producción cesó. El equipo desapareció, el edificio quedó sin uso y se fue deteriorando hasta alcanzar un estado ruinoso.
En el año dos mil nueve, los empleados del recién creado Museo de la Pastilá de Kolomna encontraron en los archivos información sobre la fábrica de los Chuprikov y sus planos. La trabajadora del museo Natalia Nikítina y la empresaria Elena Dmitrieva preparaban entonces pastilá de Kolomna en un taller alquilado. Necesitaban su propia producción y decidieron trasladarla aquí, al lugar donde se elaboraba el mismo producto antes de la revolución. La ciudad aceptó alquilarles el edificio.
Tras los muros les esperaba un cascarón sin forjados. Durante la limpieza descubrieron un pasaje al semisótano: Nikítina y Dmitrieva creían que la casa tenía una sola planta y todavía no habían previsto dinero para restaurar otro nivel. Sin embargo, precisamente abajo podían instalarse los talleres y dejar las habitaciones superiores para el museo. Renunciar al semisótano habría significado renunciar a toda la concepción de la Museo-Fábrica.
El semisótano estaba medio metro por debajo de la carretera. El agua de lluvia entraba, y Dmitrieva tuvo que cambiar el asfalto alrededor de la casa, colocar bordillos e instalar el drenaje y el alcantarillado. Las creadoras recibieron una subvención y un préstamo sin intereses, y cubrieron el resto de los gastos con sus propios ahorros. A lo largo de dos años invirtieron más de diecinueve millones de rublos en las obras. Las fachadas, las habitaciones de la Casa de los Chuprikov y la estufa rusa para secar la pastilá de Kolomna se restauraron según materiales de archivo. Los mecanismos de producción se fabricaron de nuevo a partir de antiguos planos: dentro ya no quedaba una fábrica equipada.
El tres de septiembre de dos mil once, Nikítina y Dmitrieva abrieron aquí la producción junto con un museo teatralizado. Esta combinación ayudaba a pagar el costoso trabajo manual. La pastilá de Kolomna resultaba sensiblemente más cara que los dulces industriales y se compraba sobre todo como recuerdo de Kolomna. La visita explicaba por qué pagaba el comprador: las manzanas se lavan, se les quitan los corazones, el puré se cuece y se bate, la masa se extiende y se seca en la estufa.
Ahora los actores representan al propietario Chupikov, al jardinero y al ama de llaves; los visitantes participan en la elaboración de la pastilá de Kolomna y terminan el programa tomando té. Y el descenso a los sótanos conduce a aquel mismo piso no previsto, gracias al cual fue posible alojar la producción y el museo bajo un mismo techo.
Información práctica
Todos los días de 10:00 a 20:00; la visita completa a la producción y a los espacios del museo se realiza mediante un programa reservado con antelación.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Los espacios de trabajo y la demostración del proceso solo están disponibles dentro del formato museístico, que debe organizarse por separado.
