Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Antigua Aduana de Montreal
- Fachada de piedra orientada hacia el río
- Pavimento de la plaza
- Placa con el nombre de la plaza
La historia del lugar
La fachada de piedra de la Antigua Aduana de Montreal se alza en medio de la plaza pavimentada y está orientada hacia el río: por este edificio pasaba antaño el registro de las mercancías que llegaban al puerto. El actual nombre real llegó aquí desde el cabo vecino, al que Samuel de Champlain se lo dio. En el centro de la plaza no quedan ni los antiguos puestos, ni la báscula, ni el salón comercial.
El veinticuatro de septiembre de mil seiscientos setenta y seis, el juez de Montreal Joseph-Charles d'Ailleboust de Musseaux anunció un nuevo orden para el comercio. Los martes y los viernes, los campesinos podían vender aquí sus productos a los habitantes de la ciudad desde el amanecer hasta las once. Los dueños de posadas y los comerciantes revendedores no podían comprar hasta las ocho de la mañana en verano y hasta las nueve en invierno. El anuncio judicial decía expresamente para quién se había establecido la restricción: para las personas con bolsillos modestos. Mientras los comerciantes capaces de comprar toda la mercancía llegada esperaban su turno, los vecinos elegían los alimentos y pagaban directamente a los agricultores.
Los sulpicianos reservaron para este mercado un lugar en las antiguas tierras comunales junto a la orilla. Aquí ya se celebraba una feria veraniega de pieles: las caravanas comerciales de los pueblos indígenas traían pieles, y los comerciantes franceses les entregaban a cambio herramientas de metal, calderos, telas y otros bienes. El río traía hasta aquí el comercio lejano, y el horario judicial le añadió el cotidiano: aquel del que dependían la mesa de la ciudad y los ingresos de las explotaciones de los alrededores.
Un siglo después, los precios mundiales ya no cabían en el terreno. En mil setecientos ochenta y seis, los jueces ordenaron instalar treinta y ocho puestos en una doble hilera con forma de letra «U». Los habitantes de Montreal reunieron dinero mediante suscripción y pagaron la pavimentación de la plaza. Los vendedores recibieron puestos permanentes, los compradores un pasillo entre ellos, y el mercado se convirtió en el primer espacio público pavimentado de la ciudad.
Después, el comercio superó esta plaza. En mil ochocientos ocho trasladaron el mercado principal al lugar donde se encuentra Place Jacques-Cartier; aquí quedaron catorce puestos. Tras la apertura del canal de Lachine, pasaron por el puerto más cargamentos procedentes de Europa, y los comerciantes de Montreal exigieron una aduana independiente. El gobierno del Bajo Canadá se apoderó de los terrenos del Antiguo Mercado y vendió la báscula y el salón comercial. Para mil ochocientos treinta y ocho, el arquitecto John Ostell había levantado en su lugar una aduana de piedra y orientado su fachada principal hacia el río. Los vendedores desaparecieron definitivamente de aquí, y los funcionarios empezaron a registrar las mercancías con las que la ciudad obtenía ahora sus ingresos.
El nombre real apareció aún más tarde. En mil ochocientos noventa y dos, con motivo del doscientos cincuenta aniversario de Montreal, la ciudad, a propuesta de la Sociedad Arqueológica y Numismática de Montreal, llamó Place Royale a la antigua plaza de la Aduana. La Sociedad quería conservar el nombre europeo más antiguo de la historia de Montreal: en mil seiscientos once, Samuel de Champlain llamó Place Royale al cabo vecino, no a esta plaza.
La Antigua Aduana de Montreal sigue ocupando el centro del antiguo mercado. No quedan los puestos, la báscula ni el salón comercial, y el nombre de la placa se trasladó aquí desde el cabo vecino.
Información práctica
No busque aquí puestos conservados ni el cauce: las antiguas funciones de la plaza se leen mejor en el relieve, el edificio de la aduana y las marcas en el suelo.
