Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Dos torres
- Arcos apuntados
- Almenas de la fachada
- Contorno de la iglesia anterior en el pavimento
La historia del lugar
En julio de mil ochocientos veintiuno, los administradores parroquiales sacaron de la Basílica de Notre-Dame de Montreal una silla. La basílica actual aún no existía: la iglesia anterior estaba más cerca de la plaza, y su emplazamiento está marcado hoy en el pavimento frente a la fachada. La silla que sacaron servía de cátedra episcopal. Mientras permanecía en la iglesia, esta se consideraba catedral, desde la que el obispo dirigía su diócesis.
La cátedra pertenecía a Jean-Jacques Lartigue, sacerdote de Montreal a quien el obispo de Quebec había nombrado ayudante suyo en el inmenso distrito de Montreal. Lartigue quería establecer aquí un centro episcopal permanente. Él mismo pertenecía a los sulpicianos, una comunidad de sacerdotes católicos que administraba la parroquia de la Basílica de Notre-Dame de Montreal y dirigía casi toda la vida eclesiástica de la ciudad.
Para Lartigue, el nombramiento supuso una ruptura con las personas entre las que había vivido y servido. El superior sulpiciano Jacques-Henri-Auguste Roux temía que un obispo local empezara a disponer de los sacerdotes al margen de los dirigentes del seminario. Lartigue esperaba que lo protegieran la instrucción papal de aceptar el cargo y su anterior pertenencia a la comunidad. En febrero lo expulsaron del seminario. Se instaló junto al hospital monástico Hôtel-Dieu de Montreal. En verano, mientras Lartigue no estaba en la Basílica de Notre-Dame de Montreal, los administradores parroquiales retiraron su cátedra.
Lartigue no renunció al cargo. Reunió donativos y comenzó a construir su propia iglesia de Saint-Jacques, terminada en mil ochocientos veinticinco. Allí se instaló su cátedra y, en mil ochocientos treinta y seis, Lartigue se convirtió en el primer obispo de la nueva diócesis de Montreal.
Los sulpicianos respondieron construyendo la iglesia que hoy se alza frente a la plaza. Tenían una razón para ampliarla incluso sin la disputa: la antigua Basílica de Notre-Dame de Montreal acogía a unas tres mil personas, frente a quince mil feligreses, y durante las misas dominicales la gente se quedaba fuera. Pero la rivalidad con Lartigue les hizo pensar a mayor escala. El comité de construcción exigió una iglesia con capacidad para ocho mil personas, capaz de eclipsar la nueva catedral del obispo.
Para ello invitaron a James O'Donnell, arquitecto protestante irlandés de Nueva York. En lugar del clasicismo habitual en las iglesias locales, propuso un estilo neogótico con torres, arcos apuntados y almenas. En mil ochocientos veintinueve se inauguró aquí el mayor edificio de culto de América del Norte. Los sulpicianos conservaron la principal parroquia de la ciudad, pero la cátedra episcopal ya no regresó aquí.
Notre-Dame significa «Nuestra Señora»: así llaman los católicos a la Virgen María, madre de Jesucristo, a quien está dedicada la parroquia. Hoy se siguen celebrando misas aquí; también tienen lugar grandes ceremonias ciudadanas y funerales públicos. El papa Juan Pablo II concedió a la iglesia el título de basílica menor en mil novecientos ochenta y dos. Es un estatus honorífico, no una indicación de que sea residencia episcopal.
La cátedra de Montreal se encuentra ahora en la Catedral de María Reina del Mundo, en otra parte de la ciudad. Frente a la fachada de la Basílica de Notre-Dame de Montreal, el pavimento sigue conservando el emplazamiento de la iglesia anterior, aquella misma de la que los administradores parroquiales sacaron la silla episcopal.
Información práctica
La historia del edificio puede entenderse desde fuera; planifique por separado la visita a la nave, la cripta y la capilla del Sagrado Corazón, consultando las condiciones de acceso.
