Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Altar mayor
- Lámpara roja sobre el altar
- Scurolo bajo el altar mayor
- Bóveda alta
La historia del lugar
La Catedral de Milán sirve como catedral de Milán, la iglesia principal de la diócesis donde oficia el arzobispo. La construcción de la catedral comenzó en mil trescientos ochenta y seis, en el lugar de antiguas basílicas de la ciudad; una de ellas, Santa Tecla, fue desmantelada después. Sobre el altar mayor, bajo la alta bóveda, arde una lámpara roja: una vez al año elevan hasta ese punto un elevador pintado con forma de nube.
El seis de octubre de mil quinientos setenta y seis salió descalzo de la Catedral de Milán un hombre con una cuerda al cuello. Era Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, que buscaba poner fin a la peste y trataba de evitar que la ciudad se desintegrara. La cuerda servía como signo de penitencia. En las manos, Borromeo llevaba una cruz de madera con el Clavo, una reliquia que la tradición eclesiástica relaciona con la crucifixión de Cristo. La procesión se dirigió a la iglesia de Santa Maria presso San Celso.
Podían iniciarla precisamente aquí. La Catedral de Milán es la catedral, la iglesia principal de la diócesis de Milán y el lugar donde oficia el arzobispo. Empezó a construirse en mil trescientos ochenta y seis, en el lugar de antiguas basílicas de la ciudad. Cuando desmantelaron la antigua basílica de Santa Tecla, trasladaron de ella el Clavo a la nueva catedral. Desde mil cuatrocientos sesenta y uno, la reliquia se conserva en lo alto, sobre el altar mayor.
Para el otoño, la peste ya había desbordado el lazareto de Milán. Parte de la nobleza y de los funcionarios municipales abandonó Milán. Borromeo se quedó. Visitaba a los enfermos, reunía al clero para que los atendiera y gastaba su propia fortuna en ayuda. El arzobispo poseía el principado de Oria, una propiedad territorial en el sur de Italia; lo vendió y, cuando el dinero empezó a faltar, comenzó a pedir préstamos.
La procesión con el Clavo fue una de sus decisiones. Después de ella no se declaró terminada la peste. Nueve días más tarde, a propuesta de Borromeo, la ciudad impuso una cuarentena general. Se prohibió a los habitantes salir de sus casas, y el arzobispo ordenó colocar altares en los cruces de calles: los oficios se celebraban en la calle y los milaneses encerrados participaban desde las ventanas. Así, Borromeo primero reunió a la gente tras la cruz y después consiguió que se dispersara a sus casas.
Milán no fue declarada libre de la infección hasta el veinte de enero de mil quinientos setenta y ocho. Borromeo sobrevivió a la epidemia, murió en mil quinientos ochenta y cuatro y posteriormente fue canonizado. Su cuerpo fue colocado en una urna de cristal y plata en el Scurolo, la capilla subterránea bajo el altar mayor de la Catedral de Milán.
El Clavo sigue sobre el mismo altar; una lámpara roja señala el lugar donde se conserva. Una vez al año elevan hasta la reliquia la Nivola, un elevador pintado con forma de nube que alcanza la bóveda a cuarenta y cinco metros de altura. Sobre el altar se conserva el Clavo que Borromeo llevó a las calles asoladas por la peste, y bajo el altar yace el propio arzobispo.
Información práctica
Desde fuera se aprecia bien la verticalidad de la catedral; el interior y la azotea requieren entradas independientes, cuyas condiciones conviene comprobar con antelación.
