Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Sombrillas de hormigón
- Bordes elevados de los toldos
- Filas de puestos
- El mostrador de «La Chaparrita»
La historia del lugar
El seis de octubre de mil novecientos cincuenta y seis, los comerciantes de Coyoacán abrieron por primera vez sus puestos en este edificio. Su anterior Mercado Luis Mondragón se encontraba donde ahora funciona un gimnasio municipal. A mediados de siglo, los vendedores ya no cabían: las tiendas de campaña ocuparon las calles vecinas, y para ellos eligieron un gran solar entre Calle Allende, Calle Xicoténcatl, Calle Abasolo y Calle Malintzin.
Dentro del programa de mercados públicos del presidente Adolfo Ruiz Cortines, los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares debían reunir bajo una cubierta permanente el comercio que se había extendido. Félix Candela diseñó una cubierta de delgadas sombrillas de hormigón. Tomaron la forma de los toldos de lona de los tianguis callejeros: sus bordes elevados formaban ventanas por las que entraban la luz y el aire, mientras que los rayos directos alcanzaban menos las mercancías. Los arquitectos dejaron abierta una parte del solar para las tiendas de campaña; no la cubrieron con un techo independiente hasta mil novecientos ochenta y ocho.
Uno de los lugares del nuevo mercado lo recibió Ernestina Hernández Velázquez. Se ganaba la vida vendiendo nopal —pencas de cactus comestibles—, frijoles, cebollas, aguacates y verduras. Más tarde, Ernestina empezó a poner rellenos preparados sobre tortillas de maíz fritas. Al principio se vendían pocas tostadas, tortillas de maíz fritas. El hijo de ocho años de Ernestina, Rafael Díaz Hernández, ayudaba en el puesto: lavaba los platos, preparaba salsas y tortillas, y después aprendió a regatear con los mayoristas y a elegir productos de los proveedores.
Los clientes empezaron a pasarse la dirección unos a otros. El puesto de verduras se convirtió en una tostadería familiar. Rafael, a quien en el mercado apodaron El Tosti, continuó el negocio después de la muerte de su madre. Su esposa preparaba los rellenos; él iba a comprar verduras, queso y marisco al Mercado de La Merced y al Mercado de La Viga, y la familia fue ocupando poco a poco cinco puestos. Después de un reportaje televisivo, hubo tantos visitantes que se acabaron sus propias tortillas. Rafael compró las existencias de los vendedores vecinos y sirvió cerca de diez mil tostadas en un día.
El puesto familiar sigue llamándose «La Chaparrita», «La Bajita»: así llamaban a Ernestina en el mercado. En el mostrador actual hay decenas de rellenos, incluida una ensalada de nopal. El cactus con el que empezó a comerciar ha vuelto al mismo puesto, ya sobre una tortilla crujiente.
Información práctica
Comprueben el horario actual del mercado antes de la visita
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No se queden en los pasillos estrechos mientras escuchan y pidan permiso antes de fotografiar a los vendedores. Elijan la comida allí mismo según sus propias preferencias y dejen tiempo para la cola.
