Parada 5 de 8

Old Melbourne Gaol

Aquí, la última solicitud de un preso unirá un procedimiento penitenciario con unos hechos ocurridos ciento treinta y dos años después.

15 min
Old Melbourne Gaol
Hideki Saito · CC BY 2.0; cropped/resized for app
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En qué fijarse

  • Edificio de piedra
  • Celdas
  • Horca
  • Máscara mortuoria

La historia del lugar

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Old Melbourne Gaol albergaba celdas, un hospital, patios para pasear y una horca permanente. Por ella pasaron ciento treinta y tres presos ejecutados, y el patio de la prisión les sirvió durante mucho tiempo de cementerio sin nombre. Ahora, del complejo solo queda el edificio de piedra: dentro se conservan las celdas y la horca, y en la exposición se encuentra la máscara mortuoria de uno de los presos.

En el edificio de piedra conservado de Old Melbourne Gaol, el diez de noviembre de mil ochocientos ochenta Ned Kelly dictó en la celda de condenados a muerte su última solicitud al gobernador del Estado de Victoria. Tras el tiroteo de Glenrowan estaba tan herido que no podía escribir y, en lugar de firmar, puso una cruz. Kelly pidió que liberaran a su madre antes de la ejecución y que entregaran su cuerpo a sus amigos para que lo enterraran en tierra consagrada.

Kelly era el cabecilla de una banda de salteadores a caballo que vivían del robo de caballos y de atracos a bancos. Durante casi dos años permanecieron ocultos después de la muerte de tres policías en Stringybark Creek. Kelly fue juzgado por el asesinato de uno de ellos, el agente Thomas Lonigan, declarado culpable y condenado a la pena de muerte por ahorcamiento, obligatoria entonces.

Lo trajeron aquí, a Old Melbourne Gaol, la prisión principal de Melbourne, para ejecutar la sentencia. La palabra «gaol» de su nombre inglés significa «prisión». En este complejo había celdas, un hospital, patios para pasear y una horca permanente. Kelly iba a ser la persona número ciento uno de las ciento treinta y tres ejecutadas aquí. Su madre, Ellen Kelly, cumplía al mismo tiempo una condena de tres años en la sección femenina de esta misma prisión.

El Consejo Ejecutivo, junto con el gobernador, examinó tres veces si debía conmutarse la sentencia de muerte. El diez de noviembre los funcionarios leyeron la última carta de Kelly y volvieron a rechazar la conmutación. No liberaron a su madre y decidieron no entregar el cuerpo a la familia: las normas de la prisión no lo permitían.

A la mañana siguiente, hacia las diez, llevaron a Kelly a la horca. La frase que se le atribuye, «Así es la vida», procede de una única noticia tardía y se considera una leyenda. La mayoría de los periodistas y funcionarios presentes anotaron otras palabras: «Bueno, supongo» o «Supongo que se ha llegado a esto». Después, el verdugo abrió la trampilla.

Media hora más tarde, los carceleros bajaron el cuerpo y lo llevaron a la morgue. Allí le afeitaron el pelo y la barba, le cubrieron el rostro y la cabeza de yeso y tomaron una máscara mortuoria. Para la prisión era un procedimiento habitual: entonces se intentaba determinar las características innatas de los delincuentes por la forma del cráneo, y los moldes se exhibían al público. Ya al día siguiente se mostraba en un local de Bourke Street una efigie de cera de la cabeza de Kelly.

El cuerpo fue enterrado sin lápida en el patio de la prisión. Cuando en mil novecientos veintinueve abrieron el patio para realizar obras de construcción, los restos de los ejecutados fueron trasladados a una fosa común de Pentridge Prison. Los registros se llevaban mal, se llevaron parte de los huesos y el cráneo que durante muchos años se creyó que era el de Kelly resultó ser después de otra persona.

Solo en dos mil once los investigadores cotejaron el material hereditario de los huesos hallados con una muestra del bisnieto de la hermana de Kelly. En una pierna y un brazo se conservaban heridas de bala sufridas en Glenrowan. Confirmaron la identidad del preso que, un día antes de morir, firmó la solicitud con una cruz. En enero de dos mil trece, sus familiares enterraron sus restos en tierra consagrada en Greta Cemetery, junto a su familia.

El cementerio de la prisión ya no está aquí. En el edificio de piedra conservado de mil ochocientos cincuenta y ocho permanecen las celdas y la horca, y en la planta baja se exhibe la máscara mortuoria de Kelly. Su última solicitud se cumplió ciento treinta y dos años después de que los funcionarios la leyeran en esta prisión.

Información práctica

Tiempo en la parada15 min
Siguiente puntoEight Hour Monument y Trades Hall
Entradadesde fuera

Normalmente todos los días 10:00–17:00; compruebe las visitas guiadas y las excepciones antes de entrar.

Horario por días
Lu10:00–17:00
Ma10:00–17:00
Mi10:00–17:00
Ju10:00–17:00
Vi10:00–17:00
10:00–17:00
Do10:00–17:00
Comprobado: 25 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Puede escuchar la historia junto a las paredes exteriores. Las celdas y los materiales del museo requieren una visita aparte; no cuente con entrar sin comprobar el acceso.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Suba por Russell Street hacia los tres ochos dorados sobre el cruce.

Parada 5 de 8Después: Eight Hour Monument y Trades Hall

Ruta terminada

Paseo completado

«Centro norte de Melbourne: mercado, trabajo y espacios públicos» — 8 paradas, 3 km, 2–3 horas.

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