Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Quiosco de hierro fundido «La Kik»
- Plano hexagonal del pabellón
- Tejado de zinc
- Vías del tranvía
La historia del lugar
Hoy pasa un tranvía por la corta plaza del Cours Saint-Louis. Recibió su nombre actual en mil ochocientos sesenta, cuando la calle Noailles, tras ser ensanchada, dividió en dos el antiguo Cours Belsunce. La parte norte recibió el nombre de Cours Belsunce y la sur, el de Cours Saint-Louis.
El santo Luis de aquí no es el rey francés Luis IX. Es Luis de Anjou, heredero del Reino de Nápoles, que decidió hacerse franciscano. Tras la muerte de su hermano mayor, cedió los derechos a la corona a su hermano menor, Roberto de Anjou, recibió las órdenes religiosas y se convirtió en obispo de Tolosa. En mil doscientos noventa y siete, Luis murió a los veintitrés años; fue enterrado en la iglesia franciscana de Marsella. Junto a su tumba empezaron a atribuírsele curaciones; más tarde Luis fue canonizado, y los marselleses lo llamaban san Luis de Marsella. Esta devoción local explica el nombre de la plaza.
Las floristas ya ocupaban este lugar antes del cambio de nombre. Antes comerciaban en el Cours Belsunce, el actual Cours Belsunce: extendían las flores sobre tablas colocadas en caballetes. Cuando los funcionarios municipales decidieron trasladar el mercado aquí, las mujeres lograron que la ciudad les pagara puestos permanentes. En octubre de mil ochocientos cuarenta y cinco, el consejo municipal aprobó pabellones hexagonales de hierro fundido, con tejados de zinc. Por esta mejora, los concejales elevaron de inmediato el precio del puesto de tres a cuatro francos y medio por metro cuadrado.
En mil ochocientos cuarenta y siete construyeron dieciocho pabellones, nueve a cada lado. Más tarde, uno de ellos quedó asociado a un nombre que aún se puede leer junto a La Canebière.
Joséphone Rou, la futura Joséphine Nicoli, vendía flores desde niña. Para su familia era el único sustento: su madre criaba sola a sus hijos y vivía del mismo comercio. Hacia mil novecientos, el directorio municipal ya señalaba a Joséphine como propietaria del decimotercer pabellón.
En mil novecientos dieciocho, la estrella marsellesa del music-hall Gaby Deslys contrató a Joséphine para vender flores durante su programa en el Grand Casino y le dio un nuevo nombre: La Kik. Así llamaban cariñosamente en Marsella a una clienta o a una niña. En boca de la célebre artista, el apelativo familiar se convirtió en un rótulo. Los artistas que llegaban a los escenarios de Marsella empezaron a pasar por La Kik antes de actuar y a comprarle una rosa para atraer la suerte.
Los encargos fueron mucho más allá de los teatros. Joséphine suministraba flores a la prefectura, preparaba ramos para visitas oficiales y, en mil novecientos treinta, recibió la Orden del Mérito Agrícola. Después, el decimotercer pabellón pasó a su hija Henriette, que lo mantuvo hasta mil novecientos setenta y ocho.
Con el tiempo retiraron los demás pabellones de hierro fundido. Junto al cruce con La Canebière quedó un quiosco con el nombre «La Kik», el último recuerdo de los dieciocho puestos de venta que las floristas consiguieron en otro tiempo de la ciudad.
Información práctica
La plaza abierta es accesible las veinticuatro horas; los quioscos de flores suelen abrir por la mañana hasta primeras horas de la tarde.
Comprobado: 19 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.En el cruce concurrido, elija un lugar en el que no obstaculice el paso de los peatones; no es necesario visitar ningún edificio por separado.
