Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Pavimento abierto
- Círculos de espectadores
- Edificio del antiguo banco
La historia del lugar
El nombre de Plaza de Yamaa el Fna no tiene una traducción indiscutible. La palabra «yamaa» puede significar reunión o mezquita del viernes, y «fna» se relaciona tanto con la muerte como con la destrucción y con el espacio abierto ante un edificio. La conocida traducción «reunión de los muertos» alude a ejecuciones públicas y a las cabezas expuestas de los condenados, pero los historiadores no pueden demostrar que el nombre surgiera precisamente de ese modo.
Hay otra versión. A finales del siglo dieciséis, el sultán saadí Áhmad al-Mansur —no Yaqub al-Mansur, de la historia de la Mezquita Kutubía— concibió la construcción aquí de una gran mezquita. Según una crónica tardía, el gobernante quería llamarla Yamaa el Hna, «mezquita de la paz». Tras las epidemias de peste y los fracasos de los últimos años de su reinado, se interrumpió la construcción. La mezquita inacabada habría recibido el nombre burlón de Plaza de Yamaa el Fna, «mezquita de la destrucción». Esta es una hipótesis histórica, no una etimología establecida. Ya no quedan en la plaza ni la propia mezquita ni cimientos distinguibles.
Quedó un espacio abierto entre las carreteras, las entradas a la medina y los zocos. El flujo de compradores y visitantes daba ingresos a quienes no necesitaban un local permanente. Un narrador, músico o acróbata comenzaba su actuación, los espectadores se cerraban a su alrededor formando un círculo, una halqa. El intérprete vivía del dinero recogido entre ese público. Si el círculo se disolvía, también desaparecían sus ingresos. Estas actuaciones están documentadas aquí al menos desde el siglo diecisiete.
A mediados de los años noventa del siglo veinte, el municipio aprobó proyectos para un aparcamiento subterráneo y un edificio de quince metros con fachada de vidrio junto a la plaza. La medina ya formaba parte de la Lista del Patrimonio Mundial, y la propia Plaza de Yamaa el Fna estaba protegida por la ley marroquí desde mil novecientos veintidós. Pero las normas existentes sabían proteger los muros y el trazado de la plaza; el trabajo del narrador, que dependía del espacio abierto y de un público en constante cambio, no se consideraba un objeto de protección independiente.
Juan Goytisolo, escritor español que vivía parte del año junto a la plaza y defendía la conservación de sus artes orales, se opuso a la construcción. Se ganaba la vida con novelas impresas, pero fueron precisamente los narradores de Marrakech quienes cambiaron su idea de la literatura. Dedicó a la Plaza de Yamaa el Fna el capítulo final de la novela «Makbara» y más tarde lo leyó en Madrid, llamando la atención sobre la amenaza que pesaba sobre la plaza. Goytisolo llamaba deliberadamente a la pérdida de un halaiquí —narrador o intérprete profesional— una pérdida más grave que la muerte de doscientos autores de bestsellers: un libro puede reeditarse, pero un relato que no se repite desaparece con la persona.
En una reunión del municipio, el escritor pidió que se revisaran los proyectos. Según sus recuerdos, la respuesta fue un silencio glacial. Entonces, en enero de mil novecientos noventa y seis, entregó al director general de la UNESCO una propuesta para declarar la Plaza de Yamaa el Fna «patrimonio oral de la humanidad».
La UNESCO no tenía tal categoría. Los empleados de la organización decidieron que no podían inventarla para una sola plaza marroquí: hacían falta normas generales con las que los Estados pudieran proteger relatos, música, ritos y oficios junto con el entorno donde las personas los transmiten. Goytisolo y los investigadores marroquíes prepararon los materiales y, en junio de mil novecientos noventa y siete, especialistas de distintos países se reunieron en Marrakech. A los propios intérpretes, cuyo trabajo se debatía, apenas se les implicó en la creación del nuevo sistema.
Los proyectos del edificio de vidrio y del aparcamiento subterráneo fueron cancelados. En mil novecientos uno, la Plaza de Yamaa el Fna pasó a formar parte de las primeras obras maestras del patrimonio oral e inmaterial proclamadas por la UNESCO. Dos años después, los países adoptaron la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial; más tarde, la plaza fue trasladada a su Lista Representativa.
En el extremo sur se alza el edificio de la primera oficina de Marrakech del Banco Estatal de Marruecos, construido en mil novecientos veintidós. En mil novecientos veintidós se intentó proteger por ley el trazado de la plaza; un siglo después, el antiguo banco se transformó en el primer museo marroquí dedicado a su patrimonio inmaterial. Dentro se muestra la historia de la halqa y de sus intérpretes. Fuera, el edificio de vidrio nunca llegó a construirse, y los círculos de espectadores siguen reuniéndose directamente sobre el pavimento abierto.
Información práctica
La plaza pública es accesible durante el día; tras las renovaciones de 2025–2026, algunas zonas, el pavimento y la disposición de los puestos pueden haber cambiado. Esta parada se aprecia mejor con luz diurna.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Observe desde el borde, sin detenerse en los cruces de los flujos de gente. No se guíe por fotografías antiguas: la ubicación de los puestos puede cambiar.
