Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada del Ateneo
- Entrada principal
- Galería de retratos
- Retrato de Emilia Pardo Bazán
La historia del lugar
La fachada y la entrada principal del Ateneo ocultan un antiguo club madrileño dedicado a hablar de libros, ciencia y arte. Se fundó en mil ochocientos treinta y cinco para debates públicos, y desde mil ochocientos ochenta y cuatro la sociedad ocupa esta casa. Los miembros reunían una biblioteca, organizaban conferencias y se repartían en secciones, donde elegían ellos mismos los temas y a sus dirigentes. En el interior cuelga una galería de retratos, conservada de muchas generaciones de aquellas reuniones.
En esta casa podían pagar a una mujer por dar conferencias y, al mismo tiempo, no reconocerla como miembro de la sociedad. En mil ochocientos noventa y siete, Emilia Pardo Bazán, escritora profesional y crítica literaria, impartió aquí un curso de literatura contemporánea. Se inscribieron ochocientas veinticinco personas en las once clases. A los docentes les pagaban más de una peseta por minuto; para Pardo Bazán era un trabajo de verdad. Aunque procedía de una familia acomodada, la escritora aspiraba a la independencia profesional y para entonces afirmaba que sus honorarios literarios cubrían sus gastos personales.
Le cedieron una cátedra, pero no una tarjeta de miembro. A las mujeres se les permitía asistir a las sesiones científicas y literarias solo por invitación de la junta, y se les reservaba la galería superior. Podían escuchar el debate, pero no proponer un tema, votar ni ser elegidas para la dirección de las secciones.
Así estaba organizada la sociedad cultural privada que ocupaba esta casa desde mil ochocientos ochenta y cuatro. La palabra «ateneo» procede del nombre del templo de Atenea, la antigua diosa griega de la sabiduría. El Ateneo de Madrid se fundó en mil ochocientos treinta y cinco para el debate abierto sobre ciencia y literatura; más tarde se añadió el arte. Los miembros reunían una biblioteca, organizaban conferencias y se dividían en secciones, donde elegían ellos mismos los temas y a sus dirigentes. Por eso la cuestión de admitir a mujeres se decidía precisamente aquí: mediante los votos de quienes ya pertenecían a la sociedad.
A comienzos de mil novecientos cinco, cincuenta y tres miembros exigieron determinar si las mujeres podían ingresar en el Ateneo en igualdad de condiciones. La junta, encabezada por el presidente Segismundo Moret, aceptó. El nueve de febrero, la asamblea general aprobó a Emilia Pardo Bazán como la primera miembro de pleno derecho; le asignaron el número siete mil novecientos veinticinco. Ella dijo que se había convertido en la primera mujer que cruzaba oficialmente el umbral del Ateneo. Un mes después admitieron como miembros a las escritoras Blanca de los Ríos y Carmen de Burgos.
Pardo Bazán aspiraba al siguiente derecho: dirigir ella misma la sección de literatura. Pidió a Blanca de los Ríos que reuniera votos para ella y reconocía en una carta que el cargo le quitaría tiempo de su trabajo literario remunerado. Pero consideraba que la elección era un paso necesario en beneficio de otras mujeres. El quince de junio de mil novecientos seis, los miembros del Ateneo la eligieron presidenta de la sección de literatura. Ahora la escritora, a quien antes admitían aquí como conferenciante invitada, presidía las sesiones y orientaba los debates. Más tarde la eligieron para ese cargo otras tres veces.
Hasta dos mil veintiuno, el retrato de Pardo Bazán siguió siendo el único rostro femenino entre los ciento ochenta y ocho retratos de la galería del Ateneo. Ahora han aparecido otras mujeres a su lado, y una de las salas de la biblioteca lleva el nombre de Pardo Bazán.
Información práctica
Espacio urbano abierto; elija un punto de observación que no obstaculice el paso de los peatones.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La historia puede escucharse desde fuera; la biblioteca, las salas, las visitas y los eventos tienen condiciones de acceso independientes.
