Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada de ladrillo
- Placa de mármol con el perfil de Cervantes
- Entrada de la iglesia
La historia del lugar
La palabra «descalzas» significa «sin calzado»: así se denomina a la rama femenina de la Orden de la Santísima Trinidad, que vivía con una regla estricta y en clausura. La primera comunidad se instaló aquí en mil seiscientos doce; tras la fachada de ladrillo siguen estando las celdas y el claustro, cerrados al público. La pequeña iglesia original no se ha conservado: la desmontaron, levantaron la actual y trasladaron los antiguos enterramientos a una fosa común bajo la cripta. La placa de mármol con el perfil en la fachada apareció mucho después, cuando las tumbas individuales dentro del convento ya habían desaparecido.
Esta fachada de ladrillo pertenece al Convento de las Trinitarias Descalzas. En septiembre de mil quinientos setenta y cinco, Miguel de Cervantes, soldado de veintiocho años, regresaba de Italia a España. Unos corsarios capturaron su barco y llevaron a los cautivos a Argel. Encontraron entre las pertenencias de Cervantes cartas de recomendación de nobles mandos militares y decidieron que podían exigir por él un gran rescate. Hasán Bajá, gobernador de Argel y dueño del cautivo, fijó el precio en quinientos escudos de oro.
Cervantes pasó cinco años cautivo e intentó escapar varias veces. Su familia reunió trescientos ducados —todo lo que pudo conseguir— y entregó el dinero a los trinitarios. La Orden de la Santísima Trinidad reunía donativos y rescataba a cautivos cristianos. En mil quinientos ochenta, el fraile Juan Gil llegó a Argel precisamente como rescatador. No tenía dinero suficiente para Cervantes, y Hasán Bajá ya se preparaba para partir hacia Constantinopla y llevarse consigo al cautivo. Juan Gil reunió la suma que faltaba entre los comerciantes locales y, el diecinueve de septiembre, pagó los quinientos escudos exigidos. Cervantes regresó a España.
El nombre del convento está vinculado a la misma orden. «Descalzas» significa literalmente «sin calzado» y designa su rama femenina reformada, con una regla más estricta y clausura. En mil seiscientos doce se instaló aquí la primera comunidad de estas monjas. Tras la fachada de ladrillo siguen estando sus celdas y su claustro; la mayor parte del convento está cerrada al público.
En abril de mil seiscientos dieciséis, Cervantes murió en el barrio vecino. El registro parroquial informa de que dispuso ser enterrado entre las monjas trinitarias. Su testamento se ha perdido, por lo que no puede confirmarse el motivo con sus propias palabras. Tradicionalmente se explica la elección como muestra de gratitud hacia la orden que en otro tiempo le devolvió la libertad. Para el entierro eligieron la pequeña iglesia original de este convento. Diez años después, Catalina de Salazar, viuda del escritor, quiso yacer junto a su marido y también fue enterrada aquí.
La tumba individual de Cervantes desapareció a causa de decisiones tomadas dentro del propio convento. En mil seiscientos treinta, la nueva patrona del convento, María de Villena, marquesa de la Laguna, aseguró a su familia el derecho a ser enterrada en la parte principal de la iglesia. Según las condiciones del nuevo patronazgo, las monjas sacaron los enterramientos anteriores, pero los dejaron dentro de los muros del convento. Más tarde desmontaron la antigua iglesia y levantaron la actual junto a ella. Los investigadores consideran que, para mil setecientos treinta, las monjas habían depositado los huesos trasladados en una fosa común bajo la nueva cripta. Ya no había nombres en los restos individuales.
En dos mil quince, arqueólogos y antropólogos forenses dirigidos por Francisco Etxeberria excavaron la esquina sureste de la cripta. A una profundidad de ciento treinta y cinco centímetros, bajo las losas, se encontraba el osario más antiguo: restos mezclados de al menos diez adultos y cinco niños, junto a tela de una vestidura sacerdotal y una moneda del siglo diecisiete. Los documentos nombraban a diecisiete personas trasladadas desde la primera iglesia, entre ellas Cervantes y Catalina. La composición del grupo hallado coincidía con esa relación de manera suficientemente cercana; sin embargo, resultó imposible identificar entre los fragmentos los huesos del propio escritor. Tampoco se conservaron rastros de sus heridas conocidas. La conclusión de los científicos fue cauta: los restos de Cervantes probablemente se encuentran entre los huesos hallados.
En junio de ese mismo año, todo este conjunto mezclado se colocó en tres urnas y se emparedó en un monumento dentro de la iglesia. La placa de mármol con el perfil de Cervantes de la fachada de la calle apareció ya en mil ochocientos setenta. Afirma que el escritor yace por su propia voluntad en el convento de la orden a la que debía su rescate. Tras este muro, efectivamente, permaneció: junto a su esposa y a otras personas cuyos huesos ya no pueden separarse de los suyos.
Información práctica
Espacio urbano abierto; elija un punto de observación que no obstaculice el paso de los peatones.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Guarde silencio y no se detenga ante la entrada durante los oficios religiosos; compruebe por separado la posibilidad de entrar.
