Parada 8 de 8

Ruinas de San Pablo

Ruínas de São Paulo / 大三巴牌坊

El final reunirá el comercio marítimo, el trabajo misionero, los incendios de la ciudad y lo que los habitantes decidieron reconstruir.

25 min
La fachada de las Ruinas de San Pablo sobre una amplia escalinata.
Jakub Hałun · CC BY-SA 4.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • Fachada de granito
  • Amplia escalinata
  • Tres portales
  • Cimientos al descubierto

La historia del lugar

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La amplia escalinata sube hasta la fachada de granito, tras cuyos tres portales quedan los cimientos al descubierto del edificio y el espacio vacío de la antigua nave. La pared de piedra fue construida durante décadas: junto a artesanos locales trabajaron personas procedentes de Japón, por lo que entre las columnas europeas aparecieron inscripciones chinas, crisantemos, un león y un barco de tres mástiles. Tras el cierre del colegio, sus edificios fueron ocupados por soldados, y del templo se conservaron la fachada y la escalinata; la piedra fundacional junto al ángulo inferior izquierdo sigue nombrando como promotor a la ciudad de Macao.

La pared de piedra al final de la escalinata es la fachada de una iglesia que ya no tiene ni tejado ni naves. El templo estaba dedicado a la Madre de Dios: sobre la entrada central sigue grabada la fórmula latina «Madre de Dios». El vecino Colegio de San Pablo, que formaba predicadores católicos para China y Japón, llevaba el nombre del apóstol misionero Pablo. Por el colegio, todo el conjunto empezó a llamarse San Pablo, y después también las ruinas.

El veintisiete de noviembre de mil seiscientos uno se incendió la iglesia anterior. El rector del colegio, Manuel Dias, informó al superior de la Compañía de Jesús de que alguien le había prendido fuego desde fuera. Los habitantes acudieron corriendo a apagar el incendio. Las mujeres llevaban recipientes con agua desde las casas y las criadas se los pasaban a los hombres. La gente logró sacar el sagrario y dos altares valiosos, pero la iglesia quedó calcinada y el fuego dañó también el colegio.

La Compañía de Jesús necesitaba una iglesia nueva, y los comerciantes de la ciudad esperaban un barco procedente de Japón. De un viaje así dependían sus ingresos: llevaban seda china a Japón y recibían a cambio plata y mercancías. En una asamblea general, los macaenses prometieron entregar para la construcción medio por ciento de los ingresos del comercio japonés si regresaba el barco desaparecido. Llegó con una carga rentable, y el dinero prometido fue entregado al colegio.

El mismo retraso de los viajes dejó en Macao a una persona capaz de diseñar la nueva iglesia. Carlo Spinola, jesuita y matemático, trataba de ser enviado como misionero a Japón, pero el barco anual no zarpó por falta de seda. Mientras Spinola esperaba, le encargaron el proyecto del templo. Los planos auténticos no se han conservado, por lo que la autoría no puede considerarse plenamente demostrada, aunque una biografía temprana de Spinola y documentos posteriores vinculan con seguridad el proyecto a él.

En julio de mil seiscientos dos, Spinola partió por fin hacia Japón. No llegó a ver terminada la fachada. Tras la prohibición de las misiones cristianas, permaneció allí en secreto, fue arrestado, pasó casi cuatro años encarcelado y murió ejecutado en Nagasaki en mil seiscientos veintidós.

La nueva iglesia fue inaugurada ya en la víspera de Navidad de mil seiscientos tres, aunque la fachada de granito siguió construyéndose durante varias décadas. Junto con artesanos locales, la decoraron personas procedentes de Japón; según la tradición eclesiástica, entre ellas había cristianos expulsados de su país. Por eso, sobre las columnas europeas aparecieron inscripciones chinas de carácter moral, un león, crisantemos y un barco mercante de tres mástiles: precisamente el medio de comunicación del que dependían tanto los misioneros como quienes pagaron la construcción.

En mil setecientos sesenta y dos cerraron el Colegio de San Pablo, y más tarde sus edificios fueron ocupados por soldados. El veintiséis de enero de mil ochocientos treinta y cinco comenzó un incendio en la antigua cocina del colegio. El fuego destruyó las columnas de madera, el techo y todo el espacio de la iglesia. La fachada de granito y la escalinata permanecieron en pie.

Tras los tres portales quedan ahora cimientos al descubierto, y en el ángulo inferior izquierdo de la fachada se conserva una piedra fundacional. Su inscripción informa de que la ciudad de Macao dedicó voluntariamente esta iglesia a la Gran Madre Virgen en mil seiscientos dos. La entrada principal conduce al espacio vacío de la antigua nave, pero el promotor sigue nombrado en la piedra: la ciudad de Macao.

Información práctica

Tiempo en la parada25 min
Siguiente puntoFin de la ruta
Entradaen el lugar

La fachada y la escalinata están accesibles las veinticuatro horas. El Museo de Arte Sacro y la cripta suelen estar abiertos 09:00–18:00, última entrada 17:30, los martes cierran después de las 14:00; la zona de ruinas suele estar abierta 09:00–18:00, última entrada 17:30.

Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

La subida está expuesta al sol y requiere calzado cómodo. La fachada se contempla desde el exterior, y considere la cripta y los espacios del museo como una parte independiente de la visita, con sus propias condiciones de acceso.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

El paseo terminará junto a la fachada, en la que la ciudad sigue figurando como promotora de la iglesia.

Parada 8 de 8Fin de la ruta

Ruta terminada

Paseo completado

«De Barra a San Pablo: el viejo Macao» — 8 paradas, unos 2,4 km, 3–4 horas.

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