Parada 5 de 7

Rossio

Praça Dom Pedro IV

Aquí la disputa por la constitución saldrá del parlamento hacia los ciudadanos armados.

18 min
La plaza del Rossio en Lisboa
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Mira primero a tu alrededor

En qué fijarse

  • Columna alta
  • Figura de bronce con un documento enrollado
  • Pavimento ondulado
  • Fachada del teatro

La historia del lugar

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El pavimento ondulado se extiende por una amplia explanada libre entre las casas reconstruidas después del terremoto. Durante la reconstrucción del centro no la ocuparon con manzanas: la antigua palabra «rossio» significaba un terreno común y abierto que utilizaban los ciudadanos. Aquí se enteraban de las noticias, hacían compras y se reunían para fiestas y ejecuciones públicas; cuando la ciudad necesitaba una gran multitud, ya estaba aquí.

El Pedro IV de bronce, en lo alto de la columna, lleva en la mano derecha un documento enrollado. Es la Carta Constitucional Portuguesa de mil ochocientos veintiséis, que concedió a Portugal. Doce años después, la disputa por aquel documento acabó aquí a tiros.

Pedro IV de Portugal y Pedro I de Brasil son la misma persona. Proclamó la independencia de Brasil y se convirtió en su primer emperador; tras la muerte de su padre, heredó además la corona portuguesa. Entonces no fue a Lisboa: desde Río de Janeiro promulgó la Carta Constitucional Portuguesa de mil ochocientos veintiséis, que limitaba al monarca mediante un parlamento, y entregó el trono portugués a su hija María, de siete años. Cuando el tío de María se apoderó del trono, Pedro renunció a la corona brasileña, regresó a Europa y encabezó la guerra por los derechos de su hija. Maria II de Portugal se convirtió en reina, y su padre murió poco después de la victoria.

En mil ochocientos treinta y seis, el gobierno llamó al Rossio plaza de Dom Pedro. El nombre antiguo se conservó de todos modos. La palabra portuguesa «rossio» significaba un lugar común y abierto que utilizaban los ciudadanos. Tras el terremoto, las casas de alrededor se reconstruyeron, pero dejaron libre el espacio abierto. La gente venía aquí a comprar y a enterarse de las noticias; aquí se celebraban fiestas, ejecuciones y reuniones políticas. Quien necesitaba una multitud urbana sabía dónde encontrarla.

Para entonces, los liberales ya discutían entre ellos. Los partidarios de la constitución de mil ochocientos veintidós exigían elecciones directas y una sola cámara parlamentaria. La Carta Constitucional Portuguesa de mil ochocientos veintiséis preveía elecciones indirectas y una cámara alta, cuyos escaños se obtenían por herencia o por nombramiento real. En septiembre de mil ochocientos treinta y seis, la Guarda Nacional de Lisboa obligó a Maria II de Portugal a restablecer temporalmente la antigua constitución. La Guarda Nacional era una milicia ciudadana no remunerada; el batallón de artesanos del Arsenal da Marinha actuaba con especial decisión. Estas personas ganaban su sustento en los talleres y formaban en filas con su propia reivindicación política.

Su comandante, el oficial naval e inspector del Arsenal da Marinha Ricardo José Rodrigues França, buscaba conservar las conquistas de septiembre. El nueve de marzo de mil ochocientos treinta y ocho, su batallón ocupó el Arsenal da Marinha. França llegó a un acuerdo con un representante del gobierno: los guardias desalojarían el edificio y no serían perseguidos. Marcharon hasta el Rossio y se dispersaron. Esa misma noche, el jefe del gobierno y general Sá da Bandeira destituyó a França y disolvió los batallones rebeldes.

Cuatro días después, los guardias volvieron a tomar las armas. Exigían la restitución de França y temían que la reina restaurara la Carta Constitucional Portuguesa de mil ochocientos veintiséis de su padre. Los soldados del gobierno los expulsaron de sus posiciones, pero Sá da Bandeira aún esperaba terminar el asunto sin otro combate. Entró personalmente entre los hombres armados, los convenció de bajar al Rossio y caminó con ellos.

Las fuentes discrepan sobre si los guardias prometieron entregar los fusiles o insistieron en su derecho a llevárselos a casa. En la propia plaza, sus comandantes entraron con Sá da Bandeira en una de las casas para acordar la forma del desarme. Afuera se oyó un disparo. Los contemporáneos nunca determinaron quién disparó primero. Una compañía de la Guarda Municipal, llegada desde la Rua da Palma, hizo una descarga sobre la plaza. Las balas alcanzaron tanto a los guardias como a las personas que se encontraban en el Rossio por asuntos propios o por curiosidad. Los guardias respondieron con sus fusiles y dispararon dos veces con los cañones que habían llevado. Al caer la noche, los supervivientes arrojaron las armas y se dispersaron por las calles vecinas.

El número de muertos siguió siendo discutido; normalmente se habla de unas cien personas. El ala armada de los liberales radicales fue derrotada y los batallones se disolvieron, aunque sus comandantes no fueron juzgados. El cuatro de abril, Maria II de Portugal juró la nueva constitución: reunía disposiciones del antiguo texto con parte de las normas de la Carta Constitucional Portuguesa de mil ochocientos veintiséis de su padre.

El Teatro Nacional D. Maria II, en el extremo norte de la plaza, recibió el nombre de Maria II de Portugal y abrió en mil ochocientos cuarenta y seis. La columna dedicada a su padre se erigió en mil ochocientos setenta. Los fusiles del batallón del Arsenal da Marinha hace mucho que no están en el Rossio; en la mano del Pedro de bronce permanece la Carta Constitucional Portuguesa de mil ochocientos veintiséis, cuya restauración temían aquellas personas.

Información práctica

Tiempo en la parada18 min
Siguiente puntoElevador de Santa Justa
Entradadesde fuera

Plaza urbana abierta. Más concurrida a mediodía y al atardecer.

Comprobado: 16 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Es más cómodo escuchar desde un lateral, fuera de los principales flujos diagonales; la iglesia y el café no son necesarios para completar el recorrido y pueden quedar como referencias exteriores.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Salga de la plaza por el lado sur y diríjase hacia la torre de hierro que se alza sobre la Baixa.

Parada 5 de 7Después: Elevador de Santa Justa

Ruta terminada

Paseo completado

«Baixa y Carmo: reconstrucción de la ciudad y del poder» — 7 paradas, aprox. 1,3 km, 3 h.

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