Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El rótulo del teatro
- La fachada del teatro
- Las puertas de entrada
La historia del lugar
El rótulo del teatro en la fachada conduce a una antigua sala urbana pensada para una larga velada, no para una sola función. Las filas de asientos rodean aquí el escenario; junto a ellas funcionaron en otro tiempo un café y una sala independiente para música, reuniones y bailes, y el suelo de la platea podía elevarse hasta quedar a ras del escenario, dejando espacio para bailar. Los respaldos de las butacas tenían ganchos para sombreros, la sala estaba provista de ventilación y el telón se destinaba a anuncios. La sala lateral desapareció hace mucho, pero en la principal aún se venden entradas.
La palabra «Trindade» se repite tanto en el nombre de la plaza como en el rótulo del teatro. En portugués significa Trinidad. En mil doscientos dieciocho, el rey Afonso II cedió aquí un terreno a la Ordem da Santíssima Trindade para a Redenção dos Cativos. Los monjes trinitarios reunían dinero para rescatar a portugueses cautivos en las ciudades de Marruecos y Argelia. Su monasterio ocupaba una parte considerable del barrio actual y dio nombre a la plaza y a las calles vecinas. Tras el terremoto de mil setecientos cincuenta y cinco, el monasterio se reconstruyó durante décadas, y en mil ochocientos treinta y cuatro la orden fue disuelta y las parcelas se vendieron. De la refectoría del monasterio quedan las bóvedas y las columnas dentro de la cervecería vecina. El teatro heredó su nombre ya de la plaza.
Su creador, Francisco Palha, llegó aquí tras una experiencia satisfactoria en el principal teatro dramático de Lisboa, el Teatro Nacional D. Maria II. En mil ochocientos sesenta y dos, Palha fue nombrado comisario real, un administrador encargado de devolver el público a un teatro casi vacío. Reunió una compañía sólida, invirtió en las producciones y llenó la sala. Pero cada modificación debía acordarse con los funcionarios. Cuatro años después, Palha decidió construir su propio escenario, donde él mismo determinaría el repertorio y la disposición del edificio.
Palha era dramaturgo y empresario teatral: su idea se comprobaba no con un informe, sino con las entradas vendidas. El diez de octubre de mil ochocientos sesenta y seis reunió una sociedad anónima. El duque de Palmela fue su presidente, y conocidos adinerados aportaron ochenta contos, ochenta millones de réis. Al terminar las obras, los gastos habían aumentado hasta ciento veinte contos.
Palha encargó al arquitecto Miguel Evaristo todo un complejo de ocio. Además de una sala en forma de herradura con una gran plataforma mecanizada, instalaron aquí un café y un salón independiente de unos doscientos metros cuadrados, para conciertos, conferencias y bailes. La platea podía elevarse hasta el nivel del escenario para obtener otra pista de baile. El amplio balcón, novedoso en Portugal, acogía a muchos espectadores, aunque sus localidades costaban lo mismo que los palcos. Los respaldos de las butacas tenían ganchos para sombreros, una ventilación moderna aireaba la sala y el telón se destinaba a la publicidad. Palha contaba con que el público no vendría aquí solo a una obra y pasaría toda la velada en el edificio.
Mientras avanzaba la construcción, alquiló un teatro en Rua dos Condes, se llevó consigo a varios de los mejores actores del Teatro Nacional D. Maria II y empezó a presentar su propio repertorio. Así, el futuro Teatro da Trindade tuvo público incluso antes de su apertura. El salón fue lo primero que entró en funcionamiento: durante el carnaval de mil ochocientos sesenta y siete ya se celebraban allí bailes, aunque los constructores continuaban trabajando en el resto del edificio.
El treinta de noviembre de ese mismo año se levantó el telón de la sala principal. Primero representaron el drama A Mãe dos Pobres, de Ernesto Biester, y después la comedia española El Jerez de la Vizcondesa, que el propio Palha tradujo y adaptó. El drama tuvo una acogida fría, pero la comedia triunfó. Palha acertó aún más con el gusto del público el verano siguiente, cuando montó Barba Azul, de Jacques Offenbach. El espectáculo se representó durante meses y, durante décadas, las operetas francesas y las zarzuelas españolas, comedias musicales con escenas habladas, se convirtieron en el principal producto del Teatro da Trindade. Palha dirigió su teatro hasta su muerte en mil ochocientos noventa.
El complejo que creó no ha llegado íntegro hasta nuestros días. En mil novecientos veintiuno, el propietario vendió el edificio a la Companhia Telefónica Anglo-Portuguesa por trescientos cincuenta contos. Los trabajadores de la compañía telefónica instalaron aquí oficinas, los bienes teatrales se vendieron en subasta y el salón independiente fue demolido. Dos años después, el empresario José Loureiro, que trabajaba en Portugal y Brasil, compró el antiguo teatro y volvió a decorar la sala. En mil novecientos veinticuatro reabrió aquí las representaciones.
Bajo el rótulo actual funciona el mismo teatro por el que Palha dejó de pedir autorizaciones y reunió a los accionistas. Su sala fue reformada, pero allí aún se venden entradas. Y el lugar del primer salón de carnaval, donde Palha empezó a recibir al público todavía entre obras sin terminar, fue destruido por la compañía telefónica hace más de cien años.
Información práctica
La plaza está siempre abierta; consulta con antelación los horarios del teatro y la cervecería.
Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El relato de audio está pensado para observar el lugar desde el exterior. La función o la visita al interior deben planificarse por separado.
