Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Jardín
- Dos cuerpos principales
- Retrato de Pedro de Osma
- Pinturas y plata
La historia del lugar
En Barranco, suburbio marítimo de Lima, una familia que obtuvo su fortuna en el negocio azucarero de Trujillo encargó una residencia de campo. Fue construida en mil novecientos seis. Detrás del jardín se han conservado dos edificios: en uno se vivía; en el otro, la familia se reunía a la mesa. Mucho después, pinturas, esculturas, plata y muebles entraron en esas mismas habitaciones, y la vida cotidiana de la familia continuó entre ellos.
De seis a ocho de la tarde, el dueño de esta casa guiaba personalmente a los visitantes por los salones. Pedro de Osma Gildemeister reunía arte virreinal del Perú y quería devolver a ese arte el valor que para entonces había perdido. Aún no existía una taquilla de museo: la gente acudía por invitación, y el coleccionista les explicaba el origen y los méritos de cada pieza.
El dinero para las compras procedía de la fortuna familiar, obtenida en el negocio azucarero de Trujillo. Durante casi tres décadas, Pedro adquirió pintura, escultura de madera, plata, muebles y piezas talladas de piedra de Huamanga: sobre todo obras de Cusco y Ayacucho, de los siglos dieciséis al dieciocho. En los debates peruanos sobre la cultura nacional, el arte de la época colonial quedó durante mucho tiempo entre la herencia española y el interés por el pasado precolombino. Pedro escogía precisamente estas piezas mixtas, andinas en su ejecución. Según estimaciones del personal del museo, algunas podrían haber perecido sin un comprador así.
La colección creció dentro de la casa familiar. Su padre, el abogado y político Pedro de Osma y Pardo, encargó esta residencia de campo en mil novecientos seis. Barranco era entonces un suburbio marítimo de Lima. En mil novecientos cuarenta, Pedro hijo y su hermana Angélica se instalaron aquí de forma permanente. Las pinturas ocuparon las paredes de los salones de estar; las esculturas y la plata, las habitaciones donde continuaba la vida cotidiana de la familia. Así nació precisamente aquí la exhibición privada: el coleccionista vivía entre las piezas que mostraba.
Unos meses antes de morir, en mil novecientos sesenta y siete, Pedro creó una fundación y le encargó conservar los bienes, convertir la colección en un museo y abrirlo a los peruanos. Un solo testamento no bastó. Tras la muerte de su hermano, Angélica mantuvo unidas la casa y la colección, pero el terremoto de mil novecientos setenta y cuatro dañó la mansión y las visitas se interrumpieron.
Después, los familiares se ocuparon de cumplir las disposiciones de Pedro. Su primo Felipe de Osma y Porras encabezó la fundación y asumió la conservación de la colección. Luego, el hijo de Felipe, Fernando de Osma Elías, invitó al historiador del arte colonial Francisco Stastny: debía determinar exactamente qué había reunido Pedro, organizar las piezas y prepararlas para la exhibición pública. Durante varios años, el equipo clasificó y restauró pinturas, esculturas, muebles, tejidos y plata.
En julio de mil novecientos ochenta y ocho volvieron a admitir visitantes en la casa, al principio solo con cita previa. El acceso permanente se abrió en mil novecientos noventa y seis. Detrás del jardín siguen en pie los dos cuerpos principales de la antigua residencia: el pabellón residencial y el comedor familiar. En la sala undécima cuelga un retrato de Pedro de Osma Gildemeister y, alrededor, se exhiben las piezas entre las que él guiaba personalmente en otro tiempo a los grupos nocturnos. El museo recibió su nombre por aquella colección, las visitas guiadas y la decisión de no dejar la colección como herencia privada.
Información práctica
Mar–Dom 10:00–18:00; cerrado los lunes; entrada: peruanos S/30, extranjeros S/35; descuentos para estudiantes y jubilados
Comprobado: 19 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Planifique el recorrido completo de la colección como una visita de museo independiente y compruebe con antelación las condiciones de entrada. Si no realiza esa visita, limítese a lo que legalmente pueda verse desde la calle: el recinto de la residencia no es de libre paso.
