Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada clara sin ventanas
- Entradas a las salas de conciertos
- Tubos del órgano en la sala de conciertos
La historia del lugar
En otoño de mil novecientos ochenta y nueve, llamaron a William Wen a la sala de conciertos del Centro Cultural de Hong Kong, que todavía no había abierto. Estudiaba en la Academia de Artes Escénicas de Hong Kong y era uno de los pocos músicos locales que dominaban el órgano. Le encargaron comprobar el nuevo instrumento antes de la inauguración solemne. La sala estaba oscura; al principio Wen solo distinguió los teclados. Al acercarse, vio a qué estaban conectados: a un órgano de cuatro plantas de altura.
La empresa austriaca Rieger Orgelbau lo fabricó a mano. Detrás de cuatro filas de teclas se ocultaban noventa y tres registros y ocho mil tubos de madera y metal. La transmisión mecánica conectaba directamente los dedos del organista con las válvulas de los tubos. El instrumento estaba destinado a la gran sala de conciertos y permitía interpretar música de distintas tradiciones, incluido el jazz. Junto a ella, en el Centro Cultural de Hong Kong, habilitaron el Gran Teatro para ópera, ballet y musicales, y una sala pequeña con un escenario adaptable. Allí debían actuar conjuntos locales y artistas de gira, pero el instrumento de mayor tamaño requería personas capaces de dedicarse continuamente a él.
Tras la apertura hizo falta una profesión local que casi no existía en Hong Kong. Los tubos se dañan con facilidad: dentro hay poco espacio y, al girarse torpemente, se pueden rozar con la ropa. Sin tocar y afinar el órgano con regularidad, las teclas y las piezas se endurecen. Wen visitó a constructores europeos de órganos, aprendió el mantenimiento y se convirtió en técnico profesional de órganos. Aun así, su principal fuente de ingresos seguía siendo su trabajo como profesor de música.
Una vez al mes, la revisión de este órgano le llevaba hasta cinco horas. Primero, Wen se metía dentro y un ayudante pulsaba desde fuera las teclas necesarias. En dos mil diez instalaron un sistema eléctrico de enlace, y el técnico pudo enviar órdenes al teclado desde el teléfono mientras permanecía entre los tubos.
La organista y pedagoga Chiu Siu-ling decidió que el instrumento no podía conservarse solo con reparaciones. Desde mil novecientos noventa y nueve, el Centro Cultural de Hong Kong imparte cada año cursos para organistas locales. Para el trigésimo aniversario del edificio, aquí se había formado a más de trescientos músicos. El propio Wen, a quien en su día llevaron a comprobar los teclados en una sala sin terminar, dio con ellos un concierto gratuito en dos mil veintidós.
Hoy, detrás de la pared de la sala de conciertos, siguen estando los mismos cuatro teclados y ocho mil tubos frágiles que el estudiante William Wen comprobó por primera vez antes de la apertura del Centro Cultural de Hong Kong.
Información práctica
El edificio suele abrir todos los días de 09:00–23:00. Las taquillas y los puntos de venta de entradas funcionan con un horario independiente; antes del espectáculo, consulta la página del recinto.
Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Desde fuera se aprecia el papel del edificio en el nuevo distrito cultural; el órgano solo es accesible con una visita independiente a la sala o a un evento.
