Parada 1 de 6

Mercado de Hietalahti

Hietalahden kauppahalli

Muestra cómo el comercio de objetos de segunda mano devolvió a una plaza urbana su función pública.

20 min
El edificio de ladrillo rojo del Mercado cubierto de Hietalahti en un día soleado
I99pema · CC BY-SA 4.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • Mercado cubierto de ladrillo rojo
  • Plaza de mercado abierta
  • Filas de mesas de venta

La historia del lugar

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El mercado de ladrillo rojo junto a la amplia plaza abierta se creó para los productos perecederos: el antiguo recinto de tierra para el comercio no protegía la carne, la mantequilla ni la leche del polvo y del calor. Cuando la nave abrió en mil novecientos tres, la ciudad reunió los alimentos bajo techo y dejó fuera el pescado y los artículos para el hogar: vajilla, cepillos y escobas. Así surgieron dos mercados distintos uno junto al otro: en la nave se compraban alimentos y en la plaza se elegían objetos para la casa. Esta frontera entre las paredes de ladrillo y las filas de mesas perduró casi todo el siglo veinte.

En el verano de mil novecientos ochenta, Tapio Sademies propuso sustituir los coches aparcados en esta plaza por filas de mesas de venta. Sademies trabajaba en la administración municipal de inmuebles y se encargaba de los mercados cubiertos y del comercio callejero. Su tarea consistía en devolver a los compradores a la plaza, que se estaba vaciando, y a la nave de ladrillo rojo situada junto a ella.

La causa de la decadencia estaba en la organización del comercio urbano. En mil novecientos tres, Helsinki abrió aquí un mercado cubierto para retirar los alimentos de la polvorienta plaza sin pavimentar, donde la carne, la mantequilla y la leche se echaban a perder rápidamente. Tras abrirse la nave, la ciudad prohibió vender fuera casi todos los alimentos; hicieron una excepción para el pescado. En la plaza dejaron vajilla, escobas, cepillos y otros artículos para el hogar, y trasladaron los alimentos bajo techo. Esta división aseguró clientes a los comerciantes hasta los años setenta del siglo veinte.

Después aumentó el número de oficinas en los alrededores, los vecinos empezaron a comprar alimentos en tiendas corrientes y los arrendatarios abandonaban la nave. Poco a poco, los coches ocuparon la plaza. En una fotografía de mil novecientos setenta, el aparcamiento la cubre casi por completo. Para cuando Sademies se puso manos a la obra, la ciudad tenía dos problemas en una misma dirección: puestos que se vaciaban dentro y un aparcamiento de coches fuera.

Sademies trasladó aquí un modelo que había visto en Londres. Debían vender los propios vecinos: sus objetos usados, sin tienda permanente ni existencias profesionales. Ya en julio de mil novecientos ochenta abrió la primera temporada. Al principio, la gente acudía a contemplar aquella nueva extravagancia urbana: en Finlandia se conocían entonces las ventas benéficas y los bazares escolares, pero los vendedores particulares que alquilaban una mesa para vender el contenido de su propio piso eran poco frecuentes.

Sademies insistía en una frontera entre el mercadillo de segunda mano y el comercio habitual. Sobre la mesa solo se permitía colocar objetos que hubiera usado el vendedor o su familia. Se prohibían los productos nuevos y se limitaba el número de días de venta por persona. Así, la plaza no podía convertirse inadvertidamente en una fila de puestos permanentes: el lugar pasaba de un armario doméstico a otro.

Los compradores dejaron pronto de considerar extraña la iniciativa. Hietalahti se consolidó como mercadillo de segunda mano de verano, y la venta de objetos propios desde una mesa alquilada se volvió habitual también en otras ciudades finlandesas. Los vendedores obtuvieron la posibilidad de fijar ellos mismos el precio y llevarse inmediatamente a casa la recaudación; la ciudad volvía a entregar la plaza a las personas, y no a los coches.

A la nave vecina aquello le bastó solo durante poco tiempo. A comienzos de los años dos mil, los gestores municipales intentaron reunir bajo su techo a comerciantes de productos orgánicos. Hubo pocos compradores y, en mil novecientos tres, la nave fue entregada a vendedores de antigüedades y objetos de arte. Diez años después volvió la comida, cuando los comerciantes del Mercado Viejo, junto al Puerto Sur, necesitaron un local temporal durante las obras de reforma. Tras el traslado, el número de compradores de algunos aumentó casi al doble y ya no querían regresar. Más tarde, en la nave se concentraron cafés y restaurantes.

Ahora la antigua norma de la plaza se lee literalmente. Tras las paredes de ladrillo vuelven a venderse alimentos, y fuera los vecinos despliegan objetos de sus propias casas. Entre estas dos clases de comercio permanece el espacio que Tapio Sademies liberó de los coches aparcados en mil novecientos ochenta.

Información práctica

Tiempo en la parada20 min
Siguiente puntoparque Diana
Entradaacceso libre

Lun–Mar 8:00–18:00, Mié–Jue 8:00–21:00, Vie–Sáb 8:00–23:00, Dom 10:00–18:00; en verano funciona un mercadillo de segunda mano frente al edificio.

Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Asómese al interior si la nave está abierta; la presencia de vendedores al aire libre depende del día y de la temporada.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Deje la nave del mercado a su espalda y siga por Bulevardi hasta la cazadora de bronce.

Parada 1 de 6Después: parque Diana

Ruta terminada

Paseo completado

«Diseño y jugendstil en el sur de Helsinki» — 6 paradas, aproximadamente 4,2 km, 2–3 horas.

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