Parada 4 de 5

Plaza Vieja

Aquí comprenderá una larga disputa entre el beneficio económico, los intereses privados y la higiene.

10 min
Plaza Vieja
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Mira primero a tu alrededor

En qué fijarse

  • La fuente en el centro de la plaza
  • Los balcones de las casas del perímetro
  • El pavimento abierto

La historia del lugar

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Plaza Vieja significa «plaza antigua», aunque los habitantes la llamaron primero Plaza Nueva. Después de que la construcción de la fortaleza ocupara el anterior espacio público junto a la Plaza de Armas, el ayuntamiento destinó en mil quinientos cincuenta y nueve un terreno rectangular al sur para el mercado y las celebraciones. A su alrededor, las familias acomodadas construyeron casas con locales comerciales en la planta baja y balcones desde los que contemplaban espectáculos, procesiones y corridas de toros. Cuando apareció otra plaza nueva junto a la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, la anterior Plaza Nueva recibió su nombre actual.

En mil ochocientos treinta y cinco, cuatro propietarios de casas del lado oriental de Plaza Vieja intentaron detener aquí una gran construcción. En el centro había entonces hileras de puestos de madera alrededor de una fuente. El capitán general Miguel Tacón, gobernador de Cuba y principal promotor de las transformaciones urbanas, quería sustituirlas por un mercado de piedra. Los propietarios declararon que sus muros privarían a sus casas de luz y aire. Ellos mismos ya no vivían en esas casas, pero defendían los inmuebles que les pertenecían.

Tacón tenía su propia apuesta. La limpieza de los mercados servía como indicador de la calidad de su administración, y el contrato fue concedido a inversores privados, entre ellos el ingeniero Manuel Pastor, cercano al gobernador. Ellos pagaban la construcción y después obtenían durante varios años el derecho exclusivo a cobrar tasas a los comerciantes, recuperando así el dinero invertido. Al terminar la concesión, el edificio debía pasar a la ciudad.

Los propietarios enviaron una queja a España. Tacón respondió con una carta al ministro en la que ya no examinaba los argumentos, sino a los propios demandantes: declaró inexperto a uno, deudor a otro y acusó al tercero de enemistad personal. La queja fue rechazada. Para mil ochocientos treinta y siete, las hileras de piedra estaban terminadas.

El mercado recibió el nombre de María Cristina, que gobernaba España en nombre de su hija menor de edad. Cuatro alas ocupaban casi todo el centro de la plaza. Cada puesto tenía un mostrador, un arcón y utensilios para despiezar carne; sobre las hileras se habilitaron habitaciones para los vendedores. Mujeres esclavizadas acudían a buscar provisiones diarias para las casas de sus amos. Revendedores negros compraban carne, verduras y fruta al por mayor y las distribuían por la ciudad y los arrabales al por menor; para algunos era un negocio rentable. Para mil ochocientos sesenta y dos, sesenta puestos generaban cuarenta y dos mil pesos en alquileres.

Los muros de piedra no eliminaron la humedad ni la suciedad. El médico cubano Nicolás José Gutiérrez defendía el cierre de los mercados cubiertos como focos de infección y, en mil novecientos ocho, el ayuntamiento ordenó demoler el Mercado de Cristina. Los propietarios ganaron esta disputa setenta años después de su queja, cuando ya no vivían ni sus adversarios ni los primeros comerciantes.

La fuente actual se instaló en mil novecientos noventa y siete siguiendo un modelo conocido por grabados del siglo diecinueve. No es aquella en la que los aguadores del mercado llenaban sus barriles: la antigua taza fue retirada ya en mil ochocientos cuarenta y siete. Las hileras de puestos de piedra también desaparecieron. Ahora, cafés e instituciones culturales ocupan las plantas bajas de las casas del perímetro, y donde antes se alzaban sesenta puestos y las habitaciones de los vendedores vuelve a extenderse un pavimento abierto.

Información práctica

Tiempo en la parada10 min
Siguiente puntoPlaza de San Francisco de Asís
Entradaen el lugar

Observe primero la plaza desde el borde y luego acérquese al contorno marcado en el suelo: así será más fácil comparar el vacío actual con la antigua edificación densa. Los cafés, galerías y otros locales de alrededor funcionan independientemente de la ruta y no son necesarios para la escucha.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Abandone la plaza por la calle Teniente Rey y camine hacia la bahía hasta la fachada de San Francisco.

Parada 4 de 5Después: Plaza de San Francisco de Asís

Ruta terminada

Paseo completado

«La Habana Vieja: plazas desde la fortaleza hasta el puerto» — 5 paradas, unos 2,1 km, 1 h 55 min.

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