Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El tercer escalón rojo
- Los balcones que casi se tocan
- El estrecho paso entre las casas
La historia del lugar
El paso entre las casas residenciales se estrecha hasta unos sesenta y ocho centímetros. Sobre él, dos balcones se acercan entre sí a menos que la longitud de un brazo extendido, y desde los pisos superiores se puede hablar con el vecino o tocarlo sin salir a la calle. Esta inusual estrechez se conserva aquí todavía: las casas se alzan a ambos lados de una estrecha rendija, y los balcones casi se unen sobre la cabeza.
Aquí las parejas se besan en el tercer escalón desde abajo, pintado de rojo. Según la creencia local, ese beso promete quince años felices, y negarse a darlo, siete años de mala suerte. Este rito nació de una leyenda, no de una historia confirmada. El relato tiene varias versiones; incluso cambian los nombres de los protagonistas. En una de las más extendidas, se llaman Ana y Carlos.
Ana era hija de un español acomodado que se había enriquecido gracias a las minas de Guanajuato. Carlos trabajaba como minero; apenas ganaba lo suficiente para sí mismo. El padre de Ana no quería ver junto a su hija a un hombre al que consideraba un simple jornalero. Al enterarse de sus encuentros, encerró a Ana y le exigió que renunciara a Carlos.
Fue precisamente la estrechez del callejón lo que les permitió continuar. Carlos alquiló una habitación en la casa de enfrente: entre los balcones superiores quedaba menos que la longitud de un brazo extendido. La calle se estrecha aquí hasta unos sesenta y ocho centímetros, de modo que las personas de dos casas distintas podían hablar y tocarse sin salir al exterior.
Un día, el padre los sorprendió junto a los balcones. Arrastró a Ana al interior de la habitación, echó a Carlos y tapió la ventana. Más tarde cedió ante las lágrimas de su hija y retiró la prohibición, con la condición de que no volviera a ver al minero. Ana aceptó, pero pronto volvió a llamar a Carlos. El padre sospechó el engaño, fingió haberse ido a dormir y se quedó esperando.
Al oír las voces, entró en la habitación con un puñal y apuñaló a su hija. Carlos no podía cruzar el espacio entre las casas. Alcanzó a sostener la mano que Ana había dejado caer y la besó antes de que muriera. Según esta versión de la leyenda, más tarde se quitó la vida.
El nombre del callejón se asocia precisamente con aquel último beso: no con el beso de unos amantes felices, sino con la mano de Ana moribunda, extendida a través de la rendija entre los balcones. Ahora la misma historia termina más abajo: las parejas se besan en el tercer escalón rojo, y los dos balcones siguen casi tocándose sobre ellas.
Información práctica
Callejón abierto; el acceso a los balcones y a los puntos fotográficos de las casas depende de los propietarios locales y de las colas.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No se queden en medio del paso, no invadan los umbrales y renuncien a la fotografía si para hacerla tienen que molestar a los vecinos o a los transeúntes.
