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Isabel y Colón: monumento a mil cuatrocientos noventa y dos

Plaza Isabel la Católica / Monumento a Isabel la Católica y Cristóbal Colón

Aquí la versión estatal del pasado chocará con la forma en que los habitantes de Granada vieron por primera vez el monumento preparado para la celebración.

15 min
Monumento de bronce a la reina Isabel la Católica y a Cristóbal Colón en Plaza Isabel la Católica, en Granada.
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En qué fijarse

  • La figura de bronce de Isabel la Católica en el trono
  • La figura de Cristóbal Colón con un documento desplegado
  • La inscripción en la parte posterior del pedestal
  • La escalinata y la fuente alrededor del monumento

La historia del lugar

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En septiembre de mil ochocientos noventa y dos, la reina Isabel la Católica y el navegante Cristóbal Colón llegaron a Granada en enormes cajas de madera. Las figuras de bronce fueron fundidas en Roma, y su autor, el joven escultor Mariano Benlliure, llegó para montar el monumento en Paseo del Salón, una amplia alameda donde el monumento permaneció los setenta años siguientes.

El Gobierno lo concibió para el cuarto centenario de dos acontecimientos a la vez: la toma de Granada y la primera expedición de Cristóbal Colón a través del Atlántico. El primer concurso no tuvo ganador y al segundo no se presentó ningún proyecto. Entonces, el presidente del Gobierno, Antonio Cánovas del Castillo, que necesitaba un monumento terminado para el aniversario, encargó la obra directamente a Benlliure. Al mismo tiempo, las doscientas cincuenta mil pesetas iniciales se redujeron a doscientas mil, incluida la fundición, el transporte y la instalación.

El escultor respondió reduciendo el propio monumento. En la primera versión, junto a Isabel la Católica y Cristóbal Colón estaba el último gobernante de Granada, Boabdil, y otras cuatro figuras sostenían un baldaquino sobre la reina. Benlliure las eliminó, renunció al mármol prescrito en favor del bronce, que le resultaba más habitual, y dejó en lo alto del pedestal a dos participantes de un mismo acuerdo. Así aparecieron la reina en un trono gótico y Cristóbal Colón un escalón más abajo, con un documento desplegado en las manos.

El grupo terminado permaneció mucho tiempo cubierto por una tela. Debía inaugurarlo María Cristina de Habsburgo-Lorena, reina regente durante la minoría de edad de Alfonso XIII. Los habitantes adornaron los balcones y levantaron arcos provisionales a lo largo del recorrido previsto para el cortejo, pero la fecha exacta de la visita se aplazaba una y otra vez. El primero de noviembre, Cánovas comunicó que la regente y el joven rey no acudirían a Granada; oficialmente se alegaron las lluvias y la enfermedad del niño.

Al día siguiente, un periódico local instó a no recibir tampoco a los ministros que iban a sustituir a la familia real. La multitud quemó los arcos preparados para la recepción, apedreó la casa del gobernador e incendió los puestos de cobro de los arbitrios municipales. El alcalde, Manuel Tejeiro, dimitió. Retiraron la tela de Isabel la Católica y Cristóbal Colón sin la reina, sin procesión solemne y sin la ceremonia prevista. Los habitantes de Granada vieron por primera vez, en medio de los disturbios, el monumento destinado a una celebración estatal.

El documento en las manos de Cristóbal Colón explica qué representan ambas figuras. La inscripción en la parte posterior del pedestal dice: Isabel la Católica acepta las propuestas de Cristóbal Colón en el Real de Santa Fe. Este campamento se encontraba a unos diez kilómetros al oeste de Granada; en el lugar de la actual plaza no se produjo tal encuentro.

Cristóbal Colón buscaba apoyo para navegar hacia el oeste, hasta las tierras asiáticas, y comerciar con especias. Las negociaciones se prolongaron durante años. Mientras esperaba la decisión, el tesoro le concedía ayudas puntuales para gastos y las ciudades, por mandato real, le proporcionaban alojamiento gratuito. En Santa Fe se decidía si seguiría siendo un solicitante en la corte o recibiría fondos, cargos y una parte de los futuros ingresos.

El diecisiete de abril de mil cuatrocientos noventa y dos, las condiciones no fueron aprobadas solo por Isabel la Católica. El documento quedó autorizado con la firma tanto de ella como de Fernando II de Aragón, el otro monarca de la pareja real; el secretario real Juan de Coloma redactó el acuerdo. Fernando II de Aragón no aparece en el grupo superior del monumento. El bronce transformó las negociaciones con dos soberanos en una audiencia personal con la reina.

Las condiciones eran generosas, pero dependían del éxito de la expedición. Si Cristóbal Colón encontraba tierras, se convertía en su almirante hereditario, virrey y gobernador, y recibía una décima parte del oro, la plata, las perlas y las especias obtenidos allí. Ese mismo año, sus barcos llegaron a islas habitadas del mar Caribe. Los derechos prometidos en Santa Fe resultaron tan amplios que, tras la muerte de Cristóbal Colón, su familia litigó por ellos con la corona durante casi tres décadas. Los herederos conservaron el título de almirante, pero no les dejaron los cargos de virrey y gobernador.

La plaza actual apareció solo a comienzos de la década de mil novecientos sesenta, cuando, por decisión del ayuntamiento, demolieron el antiguo edificio de correos que ocupaba parte de este solar. En mil novecientos sesenta y dos trasladaron aquí el monumento desde Paseo del Salón, retiraron la antigua verja y rodearon el pedestal con una escalinata, parterres y una fuente. Ahora Isabel la Católica y Cristóbal Colón se alzan en el cruce de Calle Reyes Católicos —los Reyes Católicos— y Gran Vía de Colón, la avenida de Colón.

Información práctica

Tiempo en la parada15 min
Siguiente puntoYehuda ibn Tibbon: un exiliado con un rollo
Entradadesde fuera

Plaza urbana abierta; para leer el monumento es mejor situarse desde el lado del paso de peatones seguro, no en la calzada.

Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

El monumento se contempla desde la plaza; rodee el pedestal sin detenerse en la calzada.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Diríjase a la bifurcación de Calle Pavaneras y deténgase junto al hombre con un pergamino sobre la cabeza.

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Ruta terminada

Paseo completado

«Realejo: la judería, plazas y jardines» — 8 paradas, unos 2,5 km, 2–3 horas.

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