Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La única puerta adornada
- Las galerías superiores con habitaciones
- Las dependencias inferiores de almacén
- El estanque de piedra
La historia del lugar
En el centro del patio hay una pila de piedra donde antaño daban de beber a los animales; a los lados se extienden las galerías superiores con estrechas habitaciones y, debajo, se encuentran los almacenes. En la primera mitad del siglo catorce, este patio recibía el nombre de Nueva alhóndiga, una posada comercial para mercaderes forasteros. Más tarde, los carboneros traían aquí la mercancía y los animales, y después llevaban el carbón a las balanzas de la ciudad; de esa tarea diaria quedó fijado el nombre actual, Corral del Carbón. Aunque ya no traen carbón, la pila de piedra, las galerías y las dependencias inferiores siguen mostrando la disposición del antiguo patio comercial.
Sobre la única puerta vivía el alhondiguero, encargado de la posada comercial. Procuraba que ninguna carga entrara o saliera sin quedar registrada. De cada carga, según la mercancía y su tamaño, el encargado cobraba la alcabala, un impuesto comercial para el tesoro de la corte nazarí. Las habitaciones sobre la entrada le permitían vigilar la puerta, y aquí no había otras puertas.
En la primera mitad del siglo catorce, este lugar se llamaba al-Funduq al-Jadida, la Nueva alhóndiga. Las sultanas nazaríes poseían el edificio y obtenían de él ingresos. De ahí la ornamentación de estuco, inusualmente rica para una posada comercial, sobre la entrada. Tras la puerta adornada comenzaba un establecimiento de vida cotidiana muy modesta.
Hasta aquí llegaban mercaderes de fuera de Granada, principalmente con grano. Entonces el Darro aún no discurría oculto bajo la calle: un puente cruzaba el río y, por él, las mercancías llegaban a los mercados de la ciudad y a la Alcaicería. El mercader vivía de vender el grano que había traído y arriesgaba de una vez la carga, los animales de carga y las ganancias de todo el viaje. La alhóndiga le proporcionaba un lugar protegido junto a los compradores, y al tesoro, la posibilidad de gravar esa mercancía.
El orden de llegada explica la disposición del patio. Los animales se dejaban abajo, donde también se apilaban los sacos. Al mercader se le asignaba una de las habitaciones de las galerías superiores: unos nueve metros cuadrados, sin cama. Le entregaban una lámpara, un cubo, una estera y una manta. Aquí no se servía comida; solo podían preparar lo que el huésped hubiera traído consigo.
Al atardecer, el encargado cerraba la puerta y no la abría hasta el amanecer. Los muros exteriores casi no tenían ventanas, para que no se pudiera acceder a la mercancía desde la calle. El mercader pasaba la noche arriba, su grano permanecía abajo y, en el centro del patio, daban de beber a los animales en un estanque de piedra. Por la mañana volvían a abrir la puerta: una parte del grano se vendía aquí y el resto se repartía por los mercados de la ciudad. El mercader obtenía un lugar para la compraventa y el alojamiento nocturno junto a su mercancía; el encargado alquilaba las habitaciones y registraba las cargas; el tesoro se quedaba con el impuesto.
Después del paso de Granada a los cristianos, dejaron de alojar aquí a mercaderes, pero las dependencias inferiores conservaron su función comercial. En el siglo diecisiete, los carboneros dejaban los animales en el patio, almacenaban el carbón abajo y lo traían aquí para llevarlo a las balanzas de la ciudad. Esta actividad cotidiana, repetida cada día, fijó para el edificio su nombre actual: Corral del Carbón, el Patio del Carbón.
Hace mucho que aquí no hay carbón. De él queda el nombre, y de la alhóndiga del grano permanecen la única puerta, las habitaciones sobre las galerías, los almacenes de abajo y el estanque de piedra en medio del patio.
Información práctica
Todos los días 09:00–20:00 (verano) / 10:00–18:00 (invierno); entrada gratuita.
Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Al entrar en el patio, aléjese de la puerta y no se detenga en el paso. Es mejor escuchar junto al borde de la galería, desde donde se ve toda la estructura del edificio.
