Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fuente de los Gigantones
- Puestos comerciales
- Terrazas
- Salidas de calles comerciales
La historia del lugar
Hoy la Plaza Bib-Rambla está ocupada por terrazas, puestos comerciales y la Fuente de los Gigantones. Aquí siguen desembocando calles comerciales: el grano que, en la parada anterior, pasaba la noche en el patio cerrado de la alhóndiga se distribuía después por los mercados de esta zona. Esa misma apertura se necesitó una vez para una mercancía muy distinta: libros que había que destruir a la vista de todos.
Tras la rendición de Granada en mil cuatrocientos noventa y dos, se prometió a los habitantes musulmanes conservar su fe, sus mezquitas, sus bienes y sus propios jueces. Siete años después llegó a la ciudad Francisco Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo y confesor de la reina Isabel. Pretendía conseguir rápidamente conversiones masivas y, gracias a su cercanía a la reina, pudo desplazar a los partidarios de una conversión gradual mediante la predicación.
Entre mil cuatrocientos noventa y nueve y mil quinientos —las fuentes transmiten de manera distinta el día exacto—, Cisneros ordenó a los alfaquíes, especialistas musulmanes en religión y derecho, que entregaran los Coranes y otros libros religiosos. Su devoto biógrafo contó cuatro o cinco mil volúmenes, grandes y pequeños. Los amontonaron aquí, en la Plaza Bib-Rambla.
Los consejeros propusieron al menos aprovechar el valioso pergamino, el papel y las encuadernaciones. Cisneros se negó: quería privar a la comunidad islámica de los propios textos con los que enseñaban, juzgaban y rezaban. Hizo una excepción con treinta o cuarenta manuscritos de medicina. Los enviaron a la biblioteca del colegio que había fundado en Alcalá de Henares. El resultado fue una separación exacta: los libros que sostenían la antigua fe fueron quemados; los conocimientos útiles para los nuevos dueños de la ciudad fueron llevados fuera.
La hoguera formaba parte de una campaña que incluía presión, encarcelamientos y conversiones masivas. Provocó una rebelión en el Albaicín. Los rebeldes mantuvieron la casa de Cisneros sitiada durante tres días, de modo que el confesor real llegó a correr un peligro físico muy real. Tras las negociaciones, se levantó el asedio. Cisneros logró que los habitantes del barrio fueran declarados culpables de rebelión y que se les exigiera el bautismo. La resistencia se extendió a Las Alpujarras, y las antiguas garantías de libertad religiosa pronto perdieron vigencia.
Para una hoguera así eligieron la Plaza Bib-Rambla porque aquí la decisión se convertía en un espectáculo público. La plaza se encontraba justo tras una de las principales puertas de la ciudad, a la entrada del centro comercial, con el Zacatín, la Alcaicería, la Mezquita Mayor de Granada y la Madraza de Granada. Por la puerta pasaban personas y mercancías desde la Vega de Granada; en el espacio abierto se podía reunir a una multitud.
El nombre actual procede de aquella puerta. Bab al-Ramla significa «puerta del banco de arena»: cerca de allí, el Darro dejaba depósitos de arena. En mil ochocientos ochenta y cuatro, el Ayuntamiento de Granada ordenó derribar la puerta para remodelar el centro. Las piezas de piedra que sobrevivieron fueron reunidas de nuevo más tarde en el bosque de la Alhambra. En la propia plaza no quedan ni la puerta ni rastro de aquella hoguera. La Fuente de los Gigantones no se instaló hasta mil novecientos cuarenta y dos. Aquí ha quedado el nombre de la entrada desaparecida: Plaza Bib-Rambla.
Información práctica
Abierta las veinticuatro horas, acceso libre.
Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Escuche desde el borde de la plaza, sin detenerse en el principal flujo de personas. Las puertas no están aquí: el relato se relaciona con su antiguo emplazamiento y con el nombre conservado.
