Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Edificio cuadrado de piedra
- Patio interior circular
- Columnata abierta
La historia del lugar
Entre los Palacios Nazaríes de la Alhambra se alza un pesado palacio cuadrado, dentro del cual una columnata abierta rodea un patio circular. Sus fachadas están diseñadas al estilo romano, y ese círculo inscrito en un cuadrado distingue el edificio de los palacios vecinos. Permaneció sin techo durante casi tres siglos, y las estancias interiores no se terminaron hasta el siglo veinte. Ahora, abajo funciona el Museo de la Alhambra, arriba se encuentra el Museo de Bellas Artes de Granada y en el patio se celebran conciertos.
El edificio cuadrado de piedra con patio circular lleva el nombre de Carlos V. En España reinó como el rey Carlos I y, en el Sacro Imperio Romano Germánico, fue elegido emperador como Carlos V. Este palacio es la única residencia que encargó construir para sí mismo.
En el verano de mil quinientos veintiséis, Carlos llegó a Granada con su joven esposa, la infanta portuguesa Isabel de Portugal. Su matrimonio se concertó para unir las dos coronas y por la rica dote que Carlos necesitaba para sus guerras y su coronación imperial. Los esposos vivieron más de medio año en la Alhambra. Para ellos adaptaron habitaciones de los Palacios Nazaríes y repartieron a los cortesanos por toda la fortaleza y la ciudad. Carlos decidió dejar aquí una residencia permanente donde pudieran alojarse la corte y celebrarse ceremonias imperiales.
Al alcaide de la Alhambra, Luis Hurtado de Mendoza, le encargaron organizar la construcción. Él recurrió a Pedro Machuca, artista y arquitecto que trabajaba en Italia. Machuca inscribió un patio circular en un edificio cuadrado y diseñó las fachadas al estilo romano. Carlos se veía como heredero de los emperadores antiguos, por lo que el palacio, entre las estancias de la derrocada dinastía nazarí, debía expresarse en un lenguaje comprensible para las cortes europeas.
El coste de este proyecto recayó en las personas que acudieron a Carlos para pedir protección. Los moriscos, musulmanes granadinos bautizados y sus descendientes, entregaron al emperador una queja por los gravámenes y abusos de funcionarios y miembros del clero. La investigación encargada por Carlos confirmó muchas de las quejas. Sin embargo, una asamblea eclesiástica acusó después a los propios solicitantes de seguir siendo musulmanes en secreto. Se preparaban para prohibir la lengua árabe, la indumentaria tradicional, los baños públicos y los ritos nupciales.
Por medio de Luis Hurtado de Mendoza, los representantes de los moriscos lograron aplazar estas prohibiciones durante varias décadas. A cambio, se comprometieron a aportar una gran suma y a pagar un gravamen anual especial. Desde mil quinientos treinta y tres, diez mil ducados de este gravamen se destinaban al palacio de Carlos. A los canteros y tallistas se les pagaba con el dinero de quienes compraban el derecho a seguir hablando, vistiéndose y contrayendo matrimonio según sus costumbres durante algún tiempo más.
Cuando terminó el aplazamiento, volvieron a imponer las prohibiciones anteriores. En mil quinientos sesenta y ocho comenzó la rebelión de los moriscos, dejó de llegar dinero y las obras del palacio se detuvieron durante quince años. Tras la derrota de la rebelión, los moriscos fueron reasentados por la fuerza fuera del Reino de Granada. La construcción se reanudó más tarde, pero en mil seiscientos treinta y siete se abandonó definitivamente: el edificio permaneció sin techo durante casi tres siglos y nadie llegó a habitarlo.
El techo y las estancias interiores se terminaron ya en el siglo veinte. Actualmente, la planta baja la ocupa el Museo de la Alhambra y la superior, el Museo de Bellas Artes de Granada; en el patio circular se celebran conciertos. Carlos e Isabel vivieron en las vecinas estancias nazaríes; nunca estuvieron dentro de este palacio.
Información práctica
Dentro del conjunto; consulte por separado las exposiciones y los museos.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Primero recorra con la vista el volumen exterior; después entre en el patio y sitúese más cerca del centro: el contraste entre la masa, el círculo y el cielo abierto se revela poco a poco.
