Parada 3 de 8

El Bañuelo

El Bañuelo

La limpieza del hammam permitirá ver qué tuvieron que separar los restauradores de la fábrica medieval.

20 min
Sala abovedada de El Bañuelo con aberturas en forma de estrella en el techo.
Antonio M. Romero Dorado · CC BY 3.0; cropped/resized for app
12345678

0 de 8 completado

Audioguía · voz grabadaEscuchar la historia del lugar

Mira primero a tu alrededor

En qué fijarse

  • Columnas de la sala templada
  • Manchas oscuras en las bóvedas
  • Suelo de ladrillo

La historia del lugar

Tamaño del texto

El Bañuelo conserva el plano de un hammam andalusí público: la gente pasaba sucesivamente de la sala fresca a la templada y a la caliente. Las columnas de la sala templada sostienen bóvedas con antiguas huellas de hollín, y bajo el pavimento de ladrillo circulaba antes el calor de la caldera situada en la parte de servicio. El agua llegaba aquí por una derivación de la acequia, y un desagüe llevaba la usada al Darro; la proximidad del río y de la carretera facilitaba también el transporte de leña. Más tarde hubo una gran pila de lavandería entre las columnas; ahora la sala vuelve a verse a toda su altura.

En mil novecientos doce, Gonzalo Enríquez de Luna pidió permiso para limpiar un edificio perteneciente a su familia en la Carrera del Darro. Servía en la caballería, poseía tierras y coleccionaba antigüedades. Aquí había también inmuebles de uso corriente: junto a la entrada vivía gente y, detrás de las habitaciones, funcionaba una lavandería pública. El suelo de la sala templada se elevó más de un metro, y la mitad inferior de las columnas quedó oculta bajo el relleno. Cuando los trabajadores retiraron los escombros, ante el propietario apareció un baño medieval, integrado en la vida de rentas y servicios de la ciudad.

La palabra actual «Bañuelo» es un diminutivo tardío, surgido al comparar este baño urbano con las amplias salas de baño de la Alhambra. En un documento de mil cuatrocientos noventa y cuatro recibe el nombre de ḥammām al-Ŷawza: Baño del Nogal. El documento no explica por qué precisamente del nogal.

Era un hammam andalusí público. Los visitantes dejaban la ropa, pasaban por las salas fría, templada y caliente, y tomaban agua de recipientes separados. En la parte de servicio septentrional, los trabajadores quemaban leña bajo una caldera; el aire caliente pasaba bajo el suelo y salía por canales en las paredes. El agua fresca llegaba por arriba mediante una derivación de la acequia de Axares. El Darro cumplía otra función: bajo la pared occidental discurría un desagüe que llevaba al río el agua usada. Esto explica la elección de un lugar junto al agua y a la vía urbana: por un lado se podía llevar el combustible y, por otro, evacuar las aguas residuales.

Tras la conquista de Granada, el baño no cerró de inmediato. En mil quinientos nueve lo administraba Sebastián de Palacios, un carpintero mudéjar aragonés. Necesitaba una sala en buen estado para los visitantes y contrató a los albañiles Juan de Rojas y Francisco de Valencia. Ellos volvieron a pavimentar con ladrillo el suelo de la sala templada, con un grosor de tres dedos. Del apellido del administrador surgió otro nombre: Baño de Palacios. Más tarde, el hammam dejó de funcionar y aquella misma sala templada se adaptó como lavandería: instalaron una gran pila entre las columnas y elevaron el suelo a su alrededor.

Después de la limpieza, Gonzalo Enríquez de Luna logró que especialistas examinaran el hallazgo. Él mismo pidió que reconocieran su propiedad como monumento nacional, aunque después de ello ya no podía reformar libremente la parcela. La decisión se preparó durante cinco años y medio y se tomó en mil novecientos dieciocho. Pero el Estado no compró el edificio, las paredes siguieron humedeciéndose y el propietario tuvo que reabrir la lavandería.

En mil novecientos veintiuno, Gonzalo intentó conservar para sí una parte de la casa. La Academia de Bellas Artes se negó: había que comprar toda la parcela. La tasaron en algo más de dieciséis mil quinientas pesetas. Durante otros seis años no se encontró dinero, hasta que el arquitecto de la Alhambra Leopoldo Torres Balbás ordenó pagar con los ingresos de las entradas del conjunto palaciego.

Torres Balbás retiró el relleno y los tabiques, sacó la pila de la lavandería, consolidó la fábrica y dejó las antiguas manchas oscuras en las bóvedas. Bajo el suelo siguió el desagüe medieval hasta el propio Darro. En la sala templada se ve ahora la altura completa de las columnas; la gran pila de lavandería ya no está entre ellas.

Información práctica

Tiempo en la parada20 min
Siguiente puntoCasa de Zafra
Entradacon entrada

Horario de los monumentos andaluces: 15 de septiembre — 30 de abril 10:00—17:00; 1 de mayo — 14 de septiembre 9:00—14:30 y 17:00—20:30. Los domingos la entrada es gratuita; cerrado el 25 de diciembre y el 1 de enero. Compruebe la entrada antes de la visita.

Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Los detalles principales están en el interior y hay que comprobar el acceso por separado. Desde la calle, el edificio apenas se muestra; si está cerrado, no intente deducir la distribución por las puertas vecinas.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Deje el río abajo y suba hacia la casa nazarí por el callejón junto al monasterio.

Parada 3 de 8Después: Casa de Zafra

Ruta terminada

Paseo completado

«Albaicín sobre el Darro: casas, patios y miradores» — 8 paradas, unos 2 km, 2—2,5 horas.

Sin App Store ni Google Play

Instala Guide On Map como aplicación

Aparecerá un icono en la pantalla de inicio y el sitio se abrirá sin la interfaz del navegador.

Android · Chrome
  1. Si aparece «Instalar ahora», tócala y confirma.
  2. Si no aparece: menú ⋮ → «Instalar aplicación».
iPhone · Safari
  1. Pulsa el botón «Compartir» en la parte inferior de Safari.
  2. Elige «Añadir a pantalla de inicio» y luego «Añadir».
Icono en la pantallaModo de pantalla completaRutas sin conexiónProgreso del paseo