Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Patio rectangular
- Alberca
- Arcos tallados
- Fragmentos de pintura nazarí
La historia del lugar
La entrada gira deliberadamente hacia un lado: desde la calle no se podía mirar al interior de las habitaciones de una rica casa nazarí, levantada en el siglo catorce. Las estancias principales se agrupan alrededor de un patio rectangular con alberca, y los arcos tallados y los restos de pintura conservan la memoria de sus primeros propietarios anónimos. Más tarde, la antigua construcción se incorporó al recinto del monasterio y se conservó en su esquina noroeste, entre nuevas galerías hechas con casas desmontadas. Tras la compra por la ciudad a mediados del siglo veinte, se instaló aquí el centro de interpretación de la historia del Albaicín.
En mil quinientos uno, la reina Isabel I de Castilla cambió los planes de su secretario Hernando de Zafra. Él pensaba fundar un monasterio dominico femenino en la Alcazaba Cadima, la antigua zona fortificada del Albaicín. La reina destinó aquel solar a su propio convento de Santa Isabel la Real y, a cambio, entregó a Zafra unas propiedades más abajo en la ladera, junto al Darro. Entre ellas estaba esta casa.
Hernando procedía de una familia sin título nobiliario y hizo fortuna al servicio de la Corona. Durante la guerra de Granada se ocupó del abastecimiento del ejército y de las negociaciones de capitulación y, tras la caída de la ciudad, participó en su administración. Por ese trabajo recibió tierras, casas y el título de señor de Castril. Por eso el traslado del futuro monasterio lo llevó precisamente aquí: Casa de Zafra formaba parte del pago de la Corona a su funcionario.
El edificio mismo surgió ya en el siglo catorce. Se desconocen los nombres de sus propietarios nazaríes, pero sus dimensiones y decoración indican una familia acomodada. La vivienda estaba orientada hacia el interior: la entrada acodada no permitía ver las habitaciones desde la calle, y las estancias principales se distribuían alrededor de un patio rectangular con alberca. El apellido Zafra corresponde ya a su propietario cristiano.
Hernando no llegó a construir el convento que había proyectado. En su testamento de mil quinientos siete le asignó rentas y encargó la fundación a su esposa, Leonor de Torres. Tras su muerte, Leonor continuó la obra; después, el heredero de la familia, Fernando Sánchez de Zafra, entregó oficialmente estas casas a las dominicas. Para mil quinientos cuarenta, el Monasterio de Santa Catalina de Siena (Zafra) estaba terminado. En la inscripción de su iglesia, Hernando y Leonor figuran como fundadores, y el propio convento recibió el nombre habitual de Monasterio de Santa Catalina de Siena (Zafra).
Los constructores desmontaron parte de las antiguas casas musulmanas y utilizaron sus columnas y capiteles en las nuevas galerías. Casa de Zafra permaneció en la esquina noroeste del recinto del monasterio como una construcción antigua separada. En mil novecientos cuarenta y seis, el ayuntamiento, bajo la alcaldía de Antonio Gallego Burín, compró al monasterio la casa deteriorada y la separó del resto del conjunto.
Ahora alberga el centro de interpretación de la historia del Albaicín. El patio, la alberca, los arcos tallados y los fragmentos de pintura nazarí pertenecen a la familia anónima que vivió aquí antes de la conquista; el nombre de la entrada lo dejaron quienes recibieron la casa a cambio de otro solar y la convirtieron en parte del legado monástico.
Información práctica
15 de octubre — 14 de marzo: martes—sábado 10:00—14:00 y 16:00—19:00, domingo 10:00—14:00, lunes cerrado. 15 de marzo — 14 de octubre: martes—sábado 9:30—13:30 y 17:00—20:00, domingo 9:30—13:30, lunes cerrado. 25 de diciembre, 1 y 6 de enero cerrado; 24 y 31 de diciembre cerrado por la tarde.
Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La visita completa solo es posible cuando el interior está abierto; el acceso se comprueba por separado. Junto a la entrada, guarde silencio: alrededor hay viviendas habituales.
