Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Inscripción sobre la entrada
- Escudos sobre la entrada
- Fragmentos de frescos en la antigua sala
La historia del lugar
Junto al cruce con Via dei Pandolfini se alza una casa discreta con una inscripción y escudos sobre la entrada. Aquí se encontraba la sede de la que Via del Proconsolo recibió su nombre. Proconsolo es el nombre de un cargo, no el nombre de una persona: así se denominaba, desde mil trescientos diecisiete, al jefe de la corporación florentina de jueces y notarios. Presidía su tribunal y ocupaba el primer lugar entre los dirigentes de todos los gremios de la ciudad.
Para un notario, esta casa resolvía la cuestión de sus ingresos. Los notarios redactaban testamentos, contratos, inventarios de bienes y otros documentos de los que dependían las herencias, las deudas y la propiedad de las casas. El candidato superaba una prueba preliminar ante seis miembros de la comisión, y después otros dos exámenes públicos. La corporación lo admitía en la profesión, examinaba las acusaciones de falsificación y extorsión y juzgaba las disputas entre sus miembros.
El estatuto de mil trescientos cuarenta y cuatro exigía que el proconsolo y los cónsules mantuvieran un tribunal especial junto al palacio del podestà, el actual Bargello. Por eso se establecieron precisamente aquí. Ya unos años después aparece en los documentos la «casa de la corporación», con una sala de reuniones en la primera planta. En ella los candidatos respondían a los examinadores, los notarios litigaban entre sí y los cónsules dictaban resoluciones.
Uno de los miembros de la corporación fue Coluccio Salutati, un notario que se ganaba la vida redactando documentos y que después se convirtió en canciller de la República Florentina. Incluso al dirigir la cancillería de la ciudad, no abandonó la asociación profesional: en mil cuatrocientos dos ocupó él mismo el cargo de proconsolo y más tarde se sentó aquí como cónsul.
Tras la muerte de Salutati, en mil cuatrocientos seis, sus colegas decidieron conservar su imagen en la sala del tribunal. Ya habían enviado al funeral una delegación y un gran estandarte con el emblema de la corporación, pero no se limitaron a eso. En agosto, los cónsules encargaron al pintor Ambrogio di Baldese dos retratos: los de Salutati y el antiguo poeta Claudiano. Por el trabajo y la pintura azul le pagaron veinticuatro florines de oro, una lira y cuatro soldi. El notario Domenico Silvestri, amigo del canciller fallecido y uno de los cónsules, compuso las inscripciones para las figuras.
Así, Salutati quedó en la pared junto a Dante, Petrarca, Boccaccio y Zanobi da Strada, ya pintados aquí. Los jueces y notarios colocaron a los poetas en su sala de trabajo porque ellos mismos vivían de la palabra escrita: comprobaban las formulaciones ajenas, las certificaban y respondían de las consecuencias de cada anotación. Salutati entró en esta galería a la vez como hombre de letras y como su antiguo proconsolo.
La corporación fue suprimida en mil setecientos setenta y siete, la casa fue reformada y las pinturas quedaron ocultas bajo acabados posteriores. En mil ochocientos setenta y ocho, el nuevo propietario, el notario Costantino Puccianti, colocó sobre la entrada una inscripción conmemorativa y escudos; cuatro años después, en el interior se descubrieron huellas de los antiguos frescos. Del ciclo se conservan fragmentos en la antigua sala de reuniones. La inscripción de la fachada señala la Casa del Proconsolo, y la placa de la calle conserva el cargo que ya no existe desde hace más de dos siglos.
Información práctica
Accesible las veinticuatro horas; las tiendas y talleres suelen abrir desde las 10 de la mañana hasta la tarde.
Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Cuente sobre todo con la observación exterior: no debe suponerse que los palacios sean de acceso libre. Deténgase sin bloquear la acera estrecha ni las entradas.
