Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Antiguas casas-torre
- Fachadas de posguerra
- Arco bajo del Palazzo del Corno
- Piedras con números
La historia del lugar
A finales de julio de mil novecientos cuarenta y cuatro, el mando alemán exigió que los habitantes de Borgo San Jacopo y de las calles vecinas abandonaran sus casas antes del mediodía del día siguiente. A la gente le dieron menos de un día. Muchos trasladaron sus pertenencias al patio del Palacio Pitti. Aquí, una casa solía ser también una fuente de ingresos: el inventario de toda la zona junto al puente contó, entre las pérdidas futuras, trescientas ochenta y seis viviendas, trescientas sesenta y siete tiendas y setenta y un talleres artesanales.
Ugo Procacci, funcionario del servicio florentino de protección del arte, se coló en el Corredor de Vasari y vio cómo los soldados forzaban las puertas de las casas de Borgo San Jacopo. Comprendió que estaban colocando cargas explosivas no solo bajo los puentes. En la noche del tres al cuatro de agosto, los zapadores volaron los edificios situados en ambos extremos de Ponte Vecchio. El puente mismo quedó en pie, pero los montones de ladrillos y piedra debían bloquear el acceso a él de las tropas aliadas que avanzaban desde el sur.
Por la mañana, las unidades británicas entraron en Oltrarno. Las unidades alemanas ya se habían retirado a la otra orilla. La barrera militar retrasó poco a los atacantes; para los habitantes, su resultado fueron casas y talleres destruidos. En toda la zona junto al puente desaparecieron ciento veintitrés edificios. En Borgo San Jacopo sufrió especialmente el primer tramo desde el puente.
Antes de la explosión, este era un antiguo arrabal dentro de una Florencia que hacía tiempo se había extendido. Aquí, la palabra «borgo» designaba en otro tiempo un asentamiento situado fuera de la muralla altomedieval. Surgió junto a la Iglesia de San Jacopo sopr'Arno, Santiago sobre el Arno. Jacopo es la forma florentina del nombre del apóstol Santiago el Mayor, patrón de los peregrinos. La iglesia dio nombre al asentamiento y después a la calle.
Tres semanas después de las explosiones, una comisión municipal comenzó a retirar los escombros. Formaba parte de ella el arquitecto Giovanni Michelucci: debía decidir qué podía salvarse y cómo debía ser el barrio destruido. Las fachadas derrumbadas dejaron al descubierto habitaciones que antes no se veían desde el muelle: estrechas, oscuras, casi sin luz. Michelucci decidió que una reproducción exacta de las antiguas casas devolvería, junto con su hermosa envoltura, también esas viviendas.
Diseñó para Borgo San Jacopo casas-torre independientes, con huecos entre ellas. A través de esos huecos debían verse el río y las colinas; escaleras, galerías y terrazas unirían la calle con el Arno. Michelucci trabajó en esta idea con jóvenes arquitectos florentinos, aunque él mismo no participó en el concurso convocado por el ayuntamiento. Sus alumnos trasladaron parte de las ideas a sus proyectos.
Al concurso llegaron veintidós propuestas. La comisión no escogió un único ganador: seleccionó cinco proyectos y encargó a dieciocho arquitectos que los unieran. La primera versión conjunta mantenía aquí viviendas, talleres artesanales y comercio, limitaba la altura de los edificios nuevos, prohibía imitar estilos antiguos y dejaba terrazas y pasos públicos a lo largo del Arno.
Después comenzó la construcción. Había que subsanar rápidamente la falta de viviendas y tener en cuenta las exigencias de los propietarios de las parcelas destruidas. Se aumentaron los volúmenes de los edificios y se redujeron los pasos públicos. El plan definitivo de edificación entre Borgo San Jacopo y el río no se aprobó hasta mil novecientos cincuenta y nueve. Las galerías de Michelucci quedaron en el papel, no apareció una terraza continua para pasear sobre el Arno, y la antigua mezcla de viviendas baratas y talleres cedió el lugar a oficinas, bancos y apartamentos caros.
Los arquitectos ocultaron las fachadas más modernas del lado del río. En la calle repitieron las antiguas alturas, los arcos, el revestimiento de piedra y el ritmo irregular de la edificación medieval. Las viejas torres se dejaron entre las casas nuevas, por lo que la mampostería superviviente y los muros de posguerra se alzan pegados unos a otros.
Junto al número once, el Palazzo del Corno, se ven piedras individuales con números en un arco bajo. Nello Bemporad, arquitecto del servicio estatal de protección de monumentos, ordenó conservarlas durante la retirada de los escombros para devolverlas a su lugar. El propio palacio fue reconstruido después de la explosión con formas modernas; los bloques numerados muestran qué parte del antiguo Borgo San Jacopo se volvió a armar realmente con los escombros.
Información práctica
La calle está abierta las veinticuatro horas; las torres se contemplan desde el exterior.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La calle es estrecha y residencial; para detenerse, elija un ensanche sin bloquear entradas ni el paso.
