Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El largo muro inca
- Once nichos trapezoidales
- La terraza de piedra
La historia del lugar
Sobre la plaza se extiende un largo muro inca con once nichos trapezoidales. Es la parte superviviente de Colcampata, la «terraza de los almacenes», si se sigue la traducción habitual del nombre quechua. La tradición relaciona el palacio de este lugar con Manco Cápac, el legendario fundador de Cusco; se conoce con más certeza otra cosa: en el siglo dieciséis aún se alzaba aquí una enorme sala cubierta, capaz de sustituir a la plaza durante la lluvia.
Tras la muerte de Paullu Túpac Inca, su hijo Carlos Inca heredó el palacio. Buscaba dos cosas a la vez para su familia: el reconocimiento de los españoles y la primacía entre la nobleza inca que permanecía en Cusco. Carlos leía y escribía con soltura en español, se casó con la española María de Esquivel, pero mantenía su propia corte en Colcampata. En la gran sala se reunían nobles incas empobrecidos, se celebraban antiguas fiestas y se alojaban visitantes españoles y mestizos. Carlos vivía de las tierras, jardines y molinos heredados, así como de los ingresos de las comunidades adscritas a la familia. Perder Colcampata significaba perder al mismo tiempo la casa, los recursos y el círculo de personas que reconocían su primacía.
El peligro se hizo evidente en el bautizo de su único hijo, Melchor Carlos, en mil quinientos setenta y uno. Los parientes llamaron al bebé «cápac». Para ellos, este título podía indicar la pertenencia a la más alta nobleza inca. El virrey Francisco de Toledo, que aspiraba a destruir la corte inca independiente de Vilcabamba y a impedir un nuevo centro dinástico en Cusco, interpretó la palabra como «rey». El bautizo se convirtió en una prueba: Carlos fue acusado de haber permitido que proclamaran soberano a su hijo. A ello añadieron una supuesta correspondencia con Vilcabamba y su participación en una conspiración anterior. Los documentos conservados transmiten las acusaciones, pero no las demuestran.
Toledo ordenó juzgar a Carlos por traición, quitarle sus bienes y desterrarlo a Lima. Colcampata interesaba al virrey incluso antes de que terminara el proceso. Desde esta terraza se dominaba toda la ciudad; en una carta al rey de España, Toledo explicaba que desde aquí se podía mantener bajo el punto de mira de un cañón cada casa de Cusco. Ya en mayo de mil quinientos setenta y dos, los constructores habían transformado el palacio en una fortaleza con almenas, guarnición y artillería. Formalmente, los funcionarios solo tomaron posesión de los bienes de Carlos en diciembre.
Entre esas fechas, la fortaleza tuvo tiempo de convertirse en prisión. En septiembre trajeron aquí a los incas capturados en Vilcabamba, entre ellos Túpac Amaru y sus jefes militares. Quienes antes habían sido recibidos por el jefe de la nobleza inca de Cusco dejaron su lugar a los prisioneros; la gran sala donde se celebraban fiestas y se mantenía la corte se utilizó para custodiar a quienes Toledo se proponía juzgar.
Carlos apeló la sentencia. El tribunal real de Lima entró en conflicto con el virrey a causa de él, y después el caso se resolvió a favor de los condenados. Carlos regresó a Cusco y, antes de su muerte, recuperó sus posesiones. En su testamento de mil quinientos ochenta y dos llamó a Colcampata las casas que habían sido fortaleza. Ya no quedan aquí las almenas españolas, la guarnición ni los cañones. Sobre la plaza permanece la terraza inca con once nichos: el muro del palacio que Toledo escogió una vez para bombardear la ciudad.
Información práctica
Espacio urbano abierto; vaya de día, cuide la respiración durante la subida y no ocupe los pasos estrechos.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Observe el conjunto desde el lado accesible y no intente entrar en los nichos ni trepar por la mampostería. Aléjese lo suficiente para ver el ritmo completo del muro.
