Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La cara inferior pintada de las tejas
- Cabezas de querubines
- Signos del nombre de Jesús
- El estrecho pasaje de Siete Diablitos
La historia del lugar
Los cusqueños explicaban el nombre de Siete Diablitos mediante una tradición oral. En el callejón estrecho y antes mal iluminado se encontraban parejas que debían ocultar su relación. Los vecinos decían que, en la oscuridad, pequeños diablos tentaban a los enamorados. Nadie vio aquí a siete diablillos concretos: el número se relaciona con los siete pecados capitales, pero los documentos no han conservado el origen exacto de esta parte del nombre.
Cerca se alzaba la casa de Blas de Bobadilla. Era un propietario acomodado y un devoto feligrés: con su propio dinero instalaba suntuosos altares callejeros, ante los cuales se detenía la procesión parroquial de Corpus Christi. Su fe le costaba cara y estaba destinada a mostrarse en público.
Según la tradición, a Bobadilla le indignaba la fama del callejón vecino. Decidió responder a los enamorados con imágenes sobre su propia puerta y encargó la pintura de las tejas de la cornisa. El maestro cubrió de cal la cara cóncava de las tejas y después pintó con pigmento rojo cabezas de querubines y signos del nombre de Jesús. Entre los dibujos había también el perfil de un joven y dos aves negras, a las que la tradición local llama cóndores, aunque los investigadores lo dudan. Fueron precisamente siete querubines los que transformaron la cornisa en Siete Angelitos: siete angelitos.
No se sabe si el encargo de Bobadilla puso fin a los encuentros secretos. En cambio, para su propia calle la consecuencia fue perfectamente mensurable. Antes se llamaba Canchitapa y servía de tranquilo paso residencial. En la época republicana, los habitantes de la ciudad empezaron a llamarla por las tejas pintadas, y el antiguo nombre cedió su lugar a Siete Angelitos.
La casa fue restaurada más tarde. Antes de la reparación, las tejas pintadas estaban dispuestas en una fila abierta; después las recolocaron superpuestas, con los dibujos hacia abajo. Sobresalen de la cornisa casi hasta la mitad de su longitud, por lo que las imágenes todavía se distinguen desde la calle, aunque los pequeños rostros de los bordes ya están muy dañados.
De Siete Diablitos queda el relato de unos enamorados sin nombre. De la respuesta de Blas de Bobadilla se conserva una dirección material: la cara inferior de las tejas sobre la antigua casona, la segunda desde el comienzo de la calle.
Información práctica
Callejones residenciales abiertos; pase con respeto y preferiblemente con luz de día.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Son callejones residenciales: hable en voz baja, no mire por las ventanas ni entre al patio para hacer fotos.
